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Vi una versión clásica de Les Miserables, de 1935, con Fredric March como Valjean y una monumental actuación de Charles Laughton como Javert. Más allá de la belleza teatral del film, en blanco y negro, quiero comentar la grandeza narrativa y temática de Victor Hugo. Esta historia siempre me ha sacudido, es imposible que la relea o vea en buenas versiones cinematográficas sin recordar cuando la leí en la adolescencia.

Una de las obras que cambió mi vida. Una trama que desafía la concepción tan puritana del bien como un valor absoluto y el mal como su antivalor. Hugo enfrenta dos gigantes morales, uno el héroe, cierto, pero su antagonista por más villano que parezca, en realidad tiene tanta razón como Valjean. Si acaso más. El funcionario, el policía, el “gendarme necesario” convive con una ética consistente. El Estado y la Ley como absolutos son convicciones que uno no duda en Javert ni un segundo. Esto le da una estatura que podemos repudiar, pero no refutar. Estas simetrías morales hacen la diferencia entre historias corrientes y obras maestras de la literatura.

La redención versus el deber. El orden contra los excesos que nos permitimos. La ley del hombre ante dictámenes creídos más trascendentes y divinos. Algo que admiro de L.M. es que eleva estas posiciones éticas a dimensiones cósmicas, que cubren de tal forma el relato que las hacen mitológicas. El marco histórico es tremendamente interesante también, porque describe un punto de quiebre que cambiaría a Occidente para siempre.

Pero a mí lo que me apasiona es cómo Victor Hugo lo concentra todo en ese enfrentamiento entre dos voluntades, entre dos verdades. En esa “cacería” incluso hay una poderosa síntesis histórica, una confluencia religioso-política, una fusión moral y ética. ¡Y ese final! contundente, sin aristas, sorprendente pero revelador de un engranaje social y psíquico mucho más complejo de lo observado superficialmente, un cierre que se sospecha divino pero que realmente se sustenta en la humanidad, con su grandeza pero también con su trémula fragilidad.

Aplausos de pie, como dicen.

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