Ir mar

Ir mar

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1. El mar que no es azul sino verde, verde azulado, exaltado por la luz solar, el cuerpo oscila arriba abajo. Un niño siente esto como disfrute del escape, del estar allí a pesar de la estrictísima prohibición. Qué agua, qué día. 1949. Uno puede literalmente ponerse por encima de las casas y las palmeras y las montañas de otro azul. La ola nos levanta pues. Ah pero también estar en el subsuelo, debajo del agua… Imías, la playa picada ese día. Corrió mojado a entregarse en casa.

2. Durante el embate lateral de Irma en Miami 68 años después, Camilo ya no es el mismo, no por la edad, sino por sus blackouts y ausencias que pueden ser intensos. Alina su hija está en ascuas tras varios escapes y, sí, exhausta de atender al bebé de dos años y al esposo distraído, duerme (descansa mejor dicho) más de la cuenta. Al despertar salta de la cama pensando en su padre. Se asoma por la escalera, la puerta deja ver un segmento de afuera. Al salir tiene a Camilo frente a ella empapado, con el rostro cómplice consigo mismo de todo pilluelo. Ejerce de hija: lo lleva rápido a la sala, lo seca y envuelve en una bata. Regaños intermitentes. Trata de escucharlo pero aquél calla, cayendo en una especie de éxtasis. En esos pocos segundos afuera, se dice Alina, ha retrocedido en la terapia.

3. La hija calcula que estuvo 10 minutos afuera, oscilando en ese mismo punto. Coral Pointe en Miller Drive es una comunidad peculiar, como un laberinto cretense de cotidianidad cubana, los pasillos de una casa trasladados al afuera.

Al salir, Camilo enfiló por el callejón frente a la puerta de su casa y un árbol estaba por desplomarse y en efecto se desplomó luego que pasó por debajo. La brisa que genera ese choque de hojas con el piso mojado lo bañó de espaldas y estuvo bajo el agua. Decenas de hojas lo saludaron con palmadas de diversas intensidades. Cayó hacia adelante pero el viento que venía y su caminar lo hicieron avanzar inclinado, es la hipotenusa de un ángulo que confrontaba al huracán.

Vinieron en su dirección gatos, ranas, patos, un plumífero voló y su ala despeinó lo que queda de cabello blanco. Los gatos presionaron sus patas contra las cercas blancas, queriendo trepar. Tres frutos de la palma silvestre volaron hacia él, Camilo se dobló para recoger un coco flotante, los proyectiles lo rozaron a velocidad de vértigo.

Un ramal completo se desgajó de un árbol, los brazos elásticos cayeron de tal forma que el cuerpo de Camilo se escurrió, solo rozó, como quien esquiva un alga bajo el agua. Las caminerías de cemento bordeadas por figuras de césped estaban desbordadas, de modo que Camilo fue empujado por Irma pero frenado por sus pies bajo el río en el suelo, como un esquiador. A ratos iba esquiando.

Rió a cántaros y la lluvia cayó en carcajadas. Ahora miles de hojas formaban un río volador que alcanzaba el segundo piso de las viviendas, todas cúbicas y de dos pisos. Las ventanas cubiertas por shutters eran impactadas por ramas y pequeños tallos, además del trepidar de las hojas que en miríadas eran una fuerza.

Siguió hacia delante. Un aligátor encontró en la incipiente inundación un puente entre su laguna y Coral Pointe. Camilo le pasó por encima con suficiente peso para asustarlo y molestarlo. Decidió perseguir y atacar al peatón despistado, los 30 centímetros de agua los navegó oscilando su cola prehistórica. El senior citizen no lo vio, siguió en su surfeo submarino. A dos metros de hincarle los dientes cayó un planchón de madera mal puesto. Camilo confrontaba la lluvia con ojos cerrados pero abiertos hacia adentro. El lagarto chocó contra la tabla y se devolvió a su charca algo humillado.

Y entonces la vuelta de esquina perfecta: la piscina enclavada entre casas y calles internas, enrrejada pero abierta, quizá sacudida su puerta por Irma. Entró y se lanzó. Arriba dos pinos caídos doblaron la cerviz para saludarlo. Buceó un poco pero los brazos ciclónicos lo llevaron hacia atrás, luego sacó la cabeza e igual el soplo lo hizo retroceder.

Vino otra ola. Debajo del agua la forma de mantener la locación es inclinarse en contra de la corriente. Gravedad compensada por fuerza del flujo submarino. Bajo el agua no hay castigos, ni culpas, solo existe el juego de administrar el oxígeno y subir cuando se acaba. Eso no pudo hacerlo por más de unos segundos.

4. Vuelve el hoy aunque no se ha ido el ayer. Sujeta el borde de la alberca, pero siente que se suelta. Madre, mima, mima brava, recuerda que está furiosa y ya sabes cómo se llama. Por eso si Camilo se suelta se ahoga porque ahora ha despertado en el sueño del sueño. Debe salir a la misma tormenta, salir de la nada y del agua. De la lluvia bajo el agua.

En paz (no ha estado los 10 minutos que estimará Alina, sino siete veces más), se suelta y con dificultad gana un borde, busca la escalerilla que tiembla, trabajosamente sube y camina sin rumbo hasta gravitar frente a su puerta. Lo demás es su hija que lo encuentra o él a ella.

Irma truena en Coral Pointe, y él le explica que lamenta mucho decepcionarla y retarla, que él la quiere y le obedece, pero que ha gozado un mundo por ese oscilar de la mañana, por esa travesura de bajamar… en el primer surfeo del laberinto o el último caminar submarino por aquella playa de Imías.

 


Gracias a Kelly Grandal. Imagen inicial : Lúdico.
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Vividas espirituosas

Vividas espirituosas

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1. Enclavada en los manglares de la zona de Cutler en el sureste de Florida, en el centro descubierto de la Bahía de Biscayne, la mansión del Deering Estate era parte del complejo vacacional de la familia capitaneada por Charles Deering, un industrial de maquinaria agrícola que la construyó en 1922, cuando esa zona recién se convertía en un paraíso invernal para los ricos del norte. Deering era de Chicago.

La llamada Stone House (Casa de Piedra) hace honor a su nombre con concreto, roca caliza y acabados de bronce, a la usanza de un par de castillos que Charles había conocido en España. Los dos pisos del palacio son, actualmente, salas de exposición de muebles y arte antiguos, mientras que los jardines que dan a la bahía abrazan un pequeño atracadero de yates, un bayou al norte y el mar mezclado con agua dulce en línea recta a Las Bahamas.

A su lado hay una casa de campo muy hermosa y grande, la Richmond Cottage, de menor tamaño pero señorial a su manera. Es más antigua que el palacio y fue incorporada a éste por medio de una especie de pasillo exterior. Allí funcionaba la cocina, un gran comedor, así como habitaciones complementarias.

Dados sus salones neogóticos y su aislamiento, muchos seguidores de lo paranormal consideran que la Stone House y su hermana la Richmond Cottage son escenarios de presencias paranormales. No son extraños los tours de acólitos de los fantasmas y las presencias sobrenaturales.

La mansión tiene un sótano, donde se guardaban provisiones y, en un área de archivo se erguía una biblioteca de suelo a techo con abundantes enciclopedias y libros sueltos que resultó ser la fachada de una bóveda de seguridad.

En 1985 la propiedad Deering fue comprada por el Condado de Miami-Dade y se convirtió en un sitio turístico emblemático del sureste. Desde entonces se han reconstruido y museografiado sus salones, combinando el valor histórico con la reconstrucción más razonable de algunos espacios.

2. Ahora bien, la historia que les contaré tuvo su origen en 1945 cuando un huracán atlántico (aún no se le ponían nombres sistemáticamente) visitó el flanco sureste floridiano y golpeó fuerte a Cutler Bay y sus alrededores. Con una costa tan abierta, no fue raro que inundara el sótano de la mansión y destruyera mucha información archivada. En este evento se perdió la combinación de la bóveda detrás de la biblioteca.

Sin esa combinación, la puerta de banco de tres toneladas no podía abrirse por la fuerza. Se contrataron los mejores cerrajeros y abridores de cajas fuertes, pero ninguno logró descifrar la combinación o “hackear” la cerradura. El contenido de la bóveda permaneció desconocido por 40 años más, hasta que en 1985 –luego de ser comprado el Deering Estate por el Condado de Miami-Dade y transformado en parque público- se contrató a un experto abridor de cajas fuertes para dilucidar el secreto que Mr. Deering se había llevado a la tumba: qué contenía la bóveda detrás de la biblioteca.

Luego de gran esfuerzo el abridor de cajas logró descifrar el primer número tras un día de pruebas y a los dos siguientes logró la combinación completa, liberando la pesada puerta y revelando ante los ojos atónitos de un grupo de funcionarios del Condado un celar con 4 mil quinientas botellas de vino. Una vinoteca secreta porque fue concebida y armada en tiempos de la Prohibición en EEUU, el veto por ley del consumo y tenencia de alcohol.

Como Charles Deering la había comenzado a dotar desde 1922 hasta su muerte en 1927, tenía vinos muy exquisitos y costosos. Pues bien, ocurrió que en ese evento de 1985 estuvieron como testigos incidentales dos burócratas que visitaban las instalaciones para otros fines y que por serendipia contemplaron el descubrimiento de tan sorpresivo y fabuloso recinto.

Para no hablar más de la cuenta, les cambiaré los nombres a estos burócratas por Kurt y Samuel. El segundo sugirió al otro hacerse ambos los desentendidos, porque tenía una idea sin igual.

─ Dime qué quieres, cuál es tu ansiedad –inquirió Kurt.

─ Amigo, en un descuido logré copiar la combinación ja ja.

─ ¿Cómo, cuándo?

─ Viste que Rocky [McGiboney, el abridor de la caja] se raspó un dedo y al auxiliarse con una gasa dejó unos minutos el papel con la combinación –ríe- la copié.

─ Pero ¡¿cómo?! Eres un pillo ja ja y qué propones.

Samuel explicó que el trabajo de chequeo de inventario y “assessment” del celar se realizaría tres días después porque se atravesaba un fin de semana y un día de fiesta. Como tenían permiso para entrar cuando quisieran, podían inventar una inspección en la tarde del día siguiente, quedarse hasta la noche, ir al sótano y sacar las botellas más selectas, las más costosas, las más deliciosas… no se había corroborado aún el inventario.

Kurt, que era más temeroso, vio la factibilidad de trabajar solos en la noche, abrir la pesada puerta con la combinación en mano, entrar con linternas y revisar con calma el catálogo septuagenario y no ser demasiado ambiciosos con la cantidad, llevarse una 40 o 50 cada vez por tres días. Calcularon que entre 150 y 200 botellas no despertarían sospechas y les podrían producir una pequeña fortuna, además de muy agradables degustaciones.

Pusieron manos a la obra. Llegaron a los 3pm del día siguiente con la excusa de cotejar ciertos activos contra actas de entrega. A las 8pm, cuando cayó la noche bajaron al sótano y comenzaron la tarea. Para su sorpresa la pesada puerta podía abrirse entre ellos dos, algunos metros suficientes para que pasara uno a la vez.

Adentro iluminaron el espacio y comenzaron a recorrer los estantes contra una lista que a veces no coincidía con las etiquetas. Pero en general sí. Sacaron 28 botellas de una sola vez y repitieron la operación, de modo que el primer día se llevaron casi 60. Éxito.

El segundo día replicaron la operación, se complicaron un poco porque Kurt se golpeó un codo contra el borde de la puerta y le costó mucho más llevar las bolsas. 48 botellas. Samuel, que era más audaz, sin embargo mostró algo de precaución y preguntó a Kurt si se sentía con bríos de volver mañana. Ya sumaban unos $120 mil en vinos robados.

No se sabe si por pura ambición o por temor a que Samuel fuera solo y llevara una carga secreta, lo instó a volver una tercera vez y compensar el bajo resultado del segundo día.

Regresaron (un día antes del inventario oficial) y colocaron en bolsas 72 botellas. Antes de sacar las dos últimas, Samuel propuso un brindis, abriendo una y chocaron las copas por tan fluido plan.

Voló un corcho (que guardaron en la bolsa para no dejar evidencias) y se sirvieron en dos vasos de plástico un delicioso Pinot Noir, muy aromático –cosa que preocupó a Kurt- pero que Samuel descartó como poco posible de permanecer en el aire hasta varias horas más tarde. Brindaron y bebieron un par de vasos cada uno.

3. Al disponerse a salir ocurrió todo. Vieron la pesada bóveda cerrarse con ellos adentro. Aterrorizados la empujaron, nada, trataron de forzarla, nada. Afortunadamente no les faltaba el aire, pero la desesperación llegó rápido. Era 1985, no había celulares.

Se dieron ánimo mutuamente y dedujeron que llegaría, en unas cuantas horas, personal del Condado y que como peor escenario, confesarían su crimen. Se sentaron en el seco suelo e intentaron, sin suerte, conciliar el sueño. Hablaron mucho, hasta que se cansaron y volvieron a intentar descansar cuando escucharon un ruido seco detrás de uno de los estantes.

Ambos se miraron aterrorizados, una de las linternas comenzaba a perder vigor. Dos nuevos  golpes en la pared de un estante, alguien quería llamar su atención desde el otro lado.

─ ¿Quié… quién es?

─ Hola, soy Sigfredo, estoy con Nadia.

─ ¿Quiénes son?

─ Yo soy el catador personal de la familia, quien ayudó a Mr Charles a lograr esa colección que ustedes han visitado.

─ Perdónenos, estamos dispuestos a devolver las botellas.

─ No se preocupen por eso, ya es tarde –apuntó Sigfredo.

─ ¿Tarde? Por favor ayúdennos a salir.

─ No, no podemos –dijo una voz femenina.

─ ¿Usted es Nadia? –inquirió Samuel.

─ Sí, pertenezco al servicio doméstico de la mansión.

─ Lo importante, amigos, es que no se duerman. Mantengan a toda costa la vigilia hasta que los rescaten. Si lo logran nunca más sabrán de nosotros.

─ Si los rescatan –agregó no muy optimistamente Nadia.

Silencio. Samuel y Kurtz los llamaron susurrando, luego gritando. Parecían idos. Entraron en desesperación y esa tensión, que los hizo casi irse de las manos por imprecaciones mutuas, los agotó enormemente. Se sentaron en extremos opuestos del celar, bebieron más y luchando contra el cansancio, se quedaron dormidos.

4. Se abrió la pesada puerta de la bóveda. Samuel y Kurtz se despertaron. Ambos, somnolientos, se miraron como para constatar que no estaban locos y compartieron la experiencia sin hablarse. En vez de funcionarios de Miami-Dade entró un hombre espigado y con atuendo extravagante, detrás de él un grupo heterogéneo de entusiastas de lo paranormal.

─ Éste es el celar de Deering. Como ven es un centro poderoso de captura de espíritus y no solo vinícolas (Risas).

Samuel y Kurtz hicieron las señas de rigor, dieron los gritos de rigor, pero parecieron comprender rápidamente. No eran vistos ni sentidos. En su desesperación, al menos acordaron salir detrás del último visitante. Escucharon con paciencia la perorata de Moogie-X, el guía parasicológico que explicaba con un extraño sensor cómo recibía señales de al menos “dos presencias”.

─ Pero son débiles, probablemente recientes y no tienen fuerza para impactar lo físico.

Kurtz tocó a Samuel en el hombro, para que viera, detrás del público asomado y contra la pared del fondo, un hombre en frac negro de rostro blanquecino, lívido, pómulos pronunciados y ojos encajados en su propia sombra. Era Sigfredo. Al lado Nadia, una mujer que no parpadeaba, con largas pestañas y rostro como metido en sí mismo, labios negros y pómulos azulados.

De forma inesperada e insólita Samuel sintió un borbotón de alegría. Al menos tenían un par de amigos para guiarlos en el “nuevo” mundo (para no decir “el otro”). Se sintió tan efusivo que, en tan comprometidas circunstancias, lo único que se le ocurrió fue un chiste:

─ Ja ja  ¡ah Kurt! Con razón las llaman bebidas espirituosas.

A Kurtz no le dio risa. Samuel sonrió para sus adentros. Y salieron ambos a encontrarse con la pareja que los esperaba.

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Cuadro inicial: Óleo exhibido en la Deering Estate. Foto: FNN.

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Paredes y puertas

Paredes y puertas

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No sabemos, por supuesto, quién levantó la primera pared, ni cuándo. Tenemos claro que son inherentes a las ciudades, pero ignoramos cuál fue la primera “polis”.

Si nos guiamos por la Biblia resulta que el mismísimo Caín, durante o quizá después de su vagabundeo por el mundo, fundó la primera ciudad, llamada Enoch. La fecha: a mediados del primer milenio luego del nacimiento de Adán (padre de Caín).

Con no más de 4.000 años, pues, Enoch palidece frente a los 11 mil años que le atribuyen los arqueólogos al asentamiento más antiguo todavía habitado: Jericó, en Palestina, famoso por las murallas que una vez la rodeaban e hicieron inexpugnable. Cuenta el libro homónimo que Josué las derribó con trompetas (y, claro, un buen empujón divino) poco más de un milenio antes de Cristo.

En Jerusalén hay un famoso muro: el de las Lamentaciones. Esta pared es lo que queda del Segundo Templo de Salomón, destruido por los romanos en 70 dC. Según el Talmud al caer el recinto sagrado se cerraron las puertas del cielo, menos ésta, llamada la “Puerta de las Lágrimas”. De modo que una pared, al menos metafóricamente, puede ser una entrada también.

Las paredes como bordes

Al hablar de muros, por supuesto, salta a la ¿vista? la Gran Muralla China. Con al menos 2.200 años de antigüedad, no hay sin embargo consenso sobre su longitud y las estimaciones van desde 2.400 hasta 7.300 kilómetros no continuos, lo cual equivale –sorprendentemente– a entre 20 y 60% del diámetro ecuatorial de la Tierra. Cuenta la leyenda que su primer constructor, el emperador Shih Huang Ti, quiso recomenzar la historia: ordenó que se quemaran todos los libros y documentos existentes. Curioso: nuevos registros y una pared para comenzar la historia, en medio de muchas cenizas.

La muralla china desde la atmósfera (no el espacio exterior). Foto de la NASA.

No es cierta la leyenda urbana de que la Gran Muralla es la única estructura hecha por el ser humano que puede verse desde la Luna. Cierto que se distingue a alturas atmosféricas, pero trabajosamente y con ayuda de instrumentos. 

Aunque puerta a Europa o Asia, según vaya uno, Constantinopla (actual Estambul, Turquía) también conoció una pared fabulosa.

En realidad, fueron tres muros concéntricos que finalizó Teodocio II en 447 dC, luego de treinta años de construcción. Isaac Asimov lo reporta en su Libro de los datos: la más externa estaba antecedida por un foso de casi ocho metros de profundidad, la interna tenía una altura de 21 metros. Ejercitos completos se deshicieron en esos interesticios, hasta que en 1470 los cañones lograron perforarlo y cayó una hegemonía mural que marcó fronteras aún vigentes.

También son notables los muros en terrazas de Machu Picchu, considerados perfectos aunque no tengan argamasa, adheridos por una fuerza gravitatoria muy equilibrada. Un manejo sobrehumano de dos magnitudes: peso y volumen.

Izquierda: Ruinas de Jericó, en Palestina. Derecha: Muro de Macchu Pichu.

Paredes para entrar

Hay una extraña alusión en El lobo Estepario de Herman Hesse. El protagonista Harry Haller transita una calle y observa un muro y una puerta. Al lado el letrero “Teatro de los locos”. La ignora. Otro día se topa con la misma entrada y rótulo, pero en otro callejón. No le otorga mayor importancia. Al tiempo, recuerda el letrero y le da curiosidad. Vuelve a la misma locación pero ya no está la puerta, sólo la pared, lisa, sin señales de tal entrada. Igual ocurre en las otros escenarios de ocurrencia.

Años después, Harry halla sin esperarlo el famoso teatro y esta vez no pierde la oportunidad de entrar en un mundo de genios y locos. En realidad la genialidad de Hesse y la del propio Harry. Recuerdo un gran corredor también rodeado de puertas, detrás de las cuales se escondían mundos extravagantes, maravillosos e incluso peligrosos. Una puerta tenía el letrero:

En decenas de novelas y películas hay murallas en las que empujando uno o varios ladrillos se abre la pared o parte de ella. En las de momias egipcias, en casi todas las de detectives clásicos, en la hacienda de El Zorro y, por supuesto, en la Baticueva. A veces es una piedra que funje de botón u otro objeto: espadas en una panoplia, la cabeza de una estatua o la cuerda que sujeta una bandera. El efecto más teatral se logra cuando la pared se desliza hacia un lado, generalmente con una biblioteca a cuesta.

En un famoso cuento de las Noches de Arabia, Alí Babá entra a una galería secreta por una puerta de piedra que solo abre al invocar un nombre (“¡Äbrete Sésamo!” dice la cultura popular). Un ejemplo clásico de login y password medievales. Ya develada la contraseña ¿cuál es el login? Pues la voz del Alí Babay concluimos que era un sistema biométrico (chiste geek).

Un ejemplo más cotidiano de “pared para entrar” es el Muro de Facebook. La red social llama a la página particular que cada quien tiene el “Muro” (Wall en inglés). Allí mostramos los post y recibimos estímulos de amigos y suscritores. Una pared para dejar mensajes, como grafitis.

Y para no entrar (o salir)

Claro, las paredes y muros se usan principalmente para separar, para aislar. Un caso famoso e infame fue el Muro de Berlín. Hecho para evitar que los ciudadanos del lado comunista de la ciudad se fugaran al lado “federal”, fue paradójicamente el punto focal de miles de escapes, algunos espectaculares. El principal autor de La pared, Roger Waters, tocó estos temas en Berlín, casi diez años después, cuando derribaron el Muro en el preludio de la reunificación alemana. Es famosa la frase de Ronald Regan, en la mismísima Puerta de Brandenburgo: “¡Mr Gorbachov, tumbe ese muro!”

Y, demolido el de Berlín, se han seguido construyendo. Se ha criticado mucho una muralla que Israel quiere colocar en una de sus fronteras con los territorios palestinos. Ni qué decir de la pretendida pared que evitaría entradas ilegales en ciertos puntos de la frontera EUA-México. Cierto precandidato presidencial estadounidense ha levantado, no el  muro, pero sí el tema de nuevo en la opinión pública.

Entre Cuba y la península de Guantánamo hay un muro al que se refiere el Coronel Jessep (Jack Nicholson) en la película A few good men. Le reprocha a un joven abogado que lo quiere imputar: “Ustedes me necesitan en aquella maldita pared”. Una vez más, la pared como contención, como dique.

En la novela Lapas del escritor venezolano Doménico Chiappe, a una Caracas futurista y colapsada la cruza un gran muro que separa a la clase social depauperada del resto.

Prolijo en estados alterados, La pared (1979) es un exitoso álbum del grupo Pink Floyd, que canta a la alienación humana y la creación -para protegernos- de mundos internos, a veces benignos, a veces infernales. Luego de años de filtraciones, el protagonista logra encerrarse del todo en su propia marisma.

De La Pared, la canción: “Another Brick in the Wall”, con letra en inglés:

Frases sobre paredes

 • Si no arreglas una grieta, construirás una pared. Proverbio Swahili

• Aún el paraíso podría convertirse en prisión si uno tuviera el tiempo para notar las paredes.  Morgan Rhodes

• La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia. Anatole France

• Una plaza muy grande y no un muro. Ésa es la separación entre el cielo y el infierno. Del autor

Laberintos

Un ir hacia adelante y nunca llegar a donde creemos o queremos. Perder el norte y los demás puntos cardinales. No hay violencia, no hay amenaza, solamente se avanza hacia ninguna parte. Eso es un laberinto.

La estructura de un laberinto incluye paredes, un largo camino que toma arbitrarias direcciones con el objetivo específico de confundirnos.

Cuenta la leyenda que Teseo entró al laberinto de Creta para matar al monstruo Minotauro. Su enamorada Ariadna le dio un ovillo para que dejara un camino de hilo que lo trajera de vuelta. De otra manera no hubiera encontrado salida.

Dédalo había construido ese laberinto años antes y fue condenado a perderse en él. Junto a su hijo Ícaro escapó volando con las célebres alas unidas con cera.

En El Nombre de la Rosa de Umberto Eco, el secreto de los asesinatos está en la biblioteca del siglo XIV, un laberinto compuesto por miles de estantes y libros incluso no visitados en años. Son paredes tapizadas de códices y textos previos a la invención de la imprenta. Las paredes no se pueden atravesar ,de modo que hay que seguir hacia adelante o hacia atrás. Guillermo de Basquerville, el detective medieval de la novela, recuerda que es muy difícil -casi imposible- salir de un laberinto sin ayuda externa. Para él, no hay laberintos sin matemáticas.

Hay un cuento de JL Borges, sobre un poderoso rey que invita a otro, menos fastuoso, a su palacio y, para jugarle una broma, lo suelta en un laberinto oscuro y pétreo del cual sale mucho tiempo después, sometido a la humillación de toda la corte.

Pasan los años y este rey nómada conquista al primero. Lo lleva prisionero a las tierras del sur. A caballo, atado de manos, lo conduce al centro del desierto y lo suelta. “Ahora”, le dice, “estás en mi laberinto”.

Uno sin paredes, el más terrible porque su matemática es el conjunto vacío…

Más sobre laberintos

Agujeros verticales con hojas oscilantes: vaya forma rebuscada de decir “puertas”.

Me gusta. La puerta permite o impide el acceso al “próximo” ambiente. Tiene el poder de transformar la pared: de un muro sólido a parte del camino. Las puertas metafóricas son, acaso, más usadas que su correlato “físico”. Una canción mexicana dice: “Adelante quien esté tocando las puertas del alma”. Cuando uno quiere invitar a participar o a zanjar diferencias señala que “las puertas están abiertas”.

Puertas según búsqueda en Google Images (1)

Los Beatles son sugestivos con las puertas en sus canciones: “Los tontos se extrañan de porqué no entran por mi puerta” (Fixing a hole) o “El largo y tortuoso camino que conduce a tu puerta nunca desaparecerá” (The long and winding road).

Y la cultura popular está llena de alusiones a puertas: “El último, que cierre la puerta”. “Una puerta se cierra y otras se abren”. “Darte con la puerta en la cara”. Y ni qué decir de esa caricatura de Quino en la que un malhumorado jefe cuelga en el vestíbulo de su oficina: “Cierre la puerta antes de entrar”.

Puertas según búsqueda en Google Images (2)

Frases con puertas

Sueltas, pero muy pertinentes para “abrir” el entendimiento:

• El sueño es la pequeña puerta escondida en el más profundo y más íntimo santuario del alma. Carl Jung

• El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. Albert Einstein

Se me abre una puerta, entro y me hallo con cien puertas cerradas. Antonio Porchia

• Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás afuera a la verdad. Rabindranah Tagore

• Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir. Françoise Sagan

• Creen que no pasará nada porque cerraron la puerta. Maurice Maeterlinck

• La puerta mejor cerrada es aquélla que puede dejarse abierta. Proverbio Chino

• La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más. Sören Kierkegaard

Y de mis Rendijas:

• Siempre hay que dejar una puerta entrecerrada.

• El descuido de la gente suele abrir una puerta de escape para no pasar vergüenza.

• Las puertas de la percepción son apenas una antesala.

¿Se revertirá alguna vez la tendencia? ¿La de levantar más muros que puentes? ¿O de que haya puertas pero no las abramos o la de ponerle nosotros mismos las puertas, sin abrirlas?

Este cuento de Franz Kafka llamado “Ante la ley” lo representa magistralmente:

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

(…) Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta puerta era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Hacer un comentarios sobre ese cuento sería arruinar su efecto. Prefiero obsequiarles este proverbio japonés: “Hay una puerta por la que pueden entrar la buena o la mala fortuna, pero tú tienes la llave”.

Jim Morrison confesó haber llamado The Doors (Las Puertas) al famoso grupo, inspirado en el libro de Aldoux Huxley, Las puertas de la percepción, basado en sus experiencias con la droga mescalina, un derivado del peyote, usado por indígenas mexicanos en viajes psicotrópicos. Y por Huxley y por Morrison.

Al final el protagonista de La pared logra derribarla y -creemos- liberarse de sí mismo y del afuera. El héroe en El lobo estepario se queda del otro lado de la pared, en un mundo que ya este lado no comprende.

Cuatro películas que terminan con puertas

La puerta es un símil del comienzo o del fin, aunque la imaginación del director de la película pueda jugar con las combinaciones. Me he fijado en cuatro films cuyas escenas finales incluyen una puerta, abierta o cerrada.

Debe haber muchas más, pero estos títulos me gustan en particular. Primero la catedral del cine, El Padrino, de 1972. Su final es de antología. La esposa del nuevo Don Corleone cree por breves minutos que su esposo no es el monstruo que dicen, autor intelectual de decenas de asesinatos. Él le asegura que son mentiras, que luchará por legitimar la familia. La esposa pasa a un salón a preparar dos tragos. Ve a lo lejos como llegan dos capitanes de la mafia y besan el anillo del nuevo capo di tuti capi. Desde adentro un guardaespalda cierra la puerta, suave pero contundentemente.

La última escena de esa película es un rostro anonadado porque sus peores temores han resultado ciertos. La puerta que cruza esa cara es poesía visual que no se olvida más nunca en la vida.

Goodfellas (1990) de Martin Scorsese, otra excelente película de mafiosos, finaliza con el protagonista, bajo el Programa de Protección a Testigos, quien entra a su casa lamentando su suerte actual, lejos de la acción. Tras recordar brevemente a su gran amigo Tommy DeVito (Joe Pesci) como todo un pistolero, cierra la puerta de una casa suburbana. Sin pretensiones, esa escena termina con broche de oro una narración cinematográfica portentosa.

Hay una película de animación del estudio Pixar, Monster Inc, que me gusta mucho por sus personajes y su factura. La historia trata la amistad de una niña y un monstruo de gran corazón, Sully. La única forma de comunicar a ambos mundos era con puertas especiales, diríamos multidimensionales. Una vez devuelta la niña a su cuarto, desde donde por accidente había cruzado la frontera, Sully pensó que no vería más a su amiguita. Y resulta que la encuentra una vez más, cuando abre la puerta reconstruida tiempo después, y es saludado por la aguda voz de la niña que lo llamaba “gatito”.

El Retorno del Rey de la serie de El Señor de los Anillos de Peter Jackson concluye una larga odisea con Sam regresando a su comarca, entrando a su casa y cerrando la pequeña puerta. Él mismo le había dicho a su compañero de viaje, antes de emprender el viaje:

Es peligroso, Frodo, cruzar tu puerta. Pones el pie en el camino y, si no vigilas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar.

Las casas de los hobbits son hermosas y están enclavadas en las colinas, como escondidas detrás de murallas naturales.

Esa puerta cerrada parece decir: “He vuelto a mi hogar”. En este caso, luego de salvar al mundo.

Epílogo

Hemos visto que la pared es la infraestructura básica. Horizontal sobre el suelo es un piso y arriba un techo. Pero no hay separación entre el afuera y el adentro que sirva sin caminos entre el afuera y el adentro. Ese camino preeminente es el agujero de la puerta. La ventana misma es una puerta dado que se puede entrar por ella aunque su fin sea otro. Y la puerta, la hoja de madera, metal, etcétera, es el interruptor de separación, paso, expansión y completitud de los espacios. Hasta la computación se basa en pequeñas puertas que frenan o dejan seguir flujos de electrones.

Las paredes y las puertas son parte esencial de la infraestructura del mundo.  Y también de la cultura: las usamos para ilustrar, representar, proveer escenario, contextualizar, dramatizar… tantas cosas además de unir y separar físicamente. Se convierten en metalenguaje.

Vida y muerte se resumen en dos visiones portálicas opuestas: una puerta que se cierra hacia la oscuridad o una que se abre hacia algún tipo de luz. Cada quien vislumbra su fin, pero ambas metáforas resumen poderosamente la cesación o la persistencia.

Imaginé lo siguiente: alguien se acerca al final de la pared de un palacio con miles de pasillos y escaleras. Al final del único corredor que queda, llega a la última puerta que verá en su vida y está cerrada. El reloj indica que faltan tres minutos, dos, uno… cero. No se abre. Y ese alguien sigue ahí frente a la puerta cerrada, con plena lucidez. ¿Qué ocurrió, sigue allí o ya está muerto?

Con temor y timidez da media vuelta y contempla.

Ya no hay paredes.

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ILUSTRACIONES: Inicial: Lúdico. Fotos y videos: Dominio público de la WWW.

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Nada

Nada

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A veces mi nada es bastante sustancial.
Rendijas

Da para mucho esta palabra.

Paradójicamente (y vaya que habrá paradojas en este ensayo) al invocarla hay que llenarla.

Henri Bergson consideraba el concepto como “invisible motor de la especulación filosófica”. La nada es tan invisible que revela todas las cosas, es tan inmaterial que les da peso y volumen y a veces forma.

No hay, pues, tópico más vasto. Es un punto sin diferencia entre lo uno y lo mucho. También entre el todo y la nada.

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Dos líneas de resultados sobre “Nada” en Google Images.

Se suele señalar a Parménides (vivió en Grecia hacia el siglo V aE), como el primer pensador con una consideración concreta acerca de la nada.

Al parecer la despachó con este razonamiento: Sólo se puede hablar del ser. La nada es no-ser, por tanto no es real, ni siquiera como concepto. Brillante, la nada es incomprensible, inaccesible, desde el antropocentrismo resulta irreal, no existe. Next!

Ah, pero el infinito y la nada son cuestiones que aprehendemos, o creemos aprehender y eso parece bastar para que el conocimiento humano (limitado) se enfrente a lo estrictamente indecible.

Y lo insólito es que sigue siendo poco para la ambición intelectual del ser humano. “El hombre es la medida de las cosas”, al decir de Protágoras pero también es “la medida de la ambición” de modo que los conceptos empaquetados y archivables llegan a no satisfacernos. Vamos por el gran descubrimiento que, a decir verdad, a veces se aleja tanto que no ocurre.

Surge el deseo de conocer “la cosa en sí”. ¿Es la nada algo cuya “cosa en sí” podamos definir o conocer? ¿O un mero concepto? ¿Qué puede más: las limitaciones o las ambiciones humanas?

Blas Pascal pregunta y se responde: “¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entre la nada y el todo.”

nada-sliderZ2Un boceto de la relatividad. Noten que dice: “Nada con respecto al infinito”. Se anulan, se igualan. Lo “mucho” quizá es lo “poco” visto desde otra perspectiva. Lo poco con la distancia se deshace y desaparece. Queda la palabra (mucho) pero el espacio que llenaba ahora es cero. La “nada” sería lo que no se piensa. Una tesis vitalista, muy pragmática.

Como me gustan las tesis que no tienen utilidad práctica, pues sigue la búsqueda…

Para Martin Heiddegger (un filósofo alemán que escribe mucho y al que se le entiende poco) la pregunta fundamental de la metafísica es: “¿Por qué el ser y no más bien la nada?” La nada es más probable, más definitiva, más extensa. ¿Por qué se molestó su quietud con galaxias, luz, sonidos, usted y yo?

Jean Paul Sartre, existencialista del siglo XX, escribió un libro muy largo (que sólo un adolescente muy obsesivo o loco se lee) llamado El ser y la nada (1943).

Una profunda depresión por la II Guerra Mundial hizo que una generación de filósofos se volcara hacia el absurdo, la incertidumbre y lo indecidible como fundamento de la realidad.

Según recuerdo, para Sartre la nada es una especie de “materia oscura” filosófica, algo que no se registra pero que ejerce un peso gravitatorio definitivo sobre nuestro universo. Justo lo que ocurre con la energía oscura en el cosmos conocido: los astrofísicos estiman que un tercio o más de la masa del universo conocido implica energía que no se puede captar. Los efectos que produce en el espacio-tiempo permiten conocerla “por ausencia”, como si viésemos la impresión 3D de algo que no está.

Según mi lectura, la nada de Sartre es más semántica y psicológica que metafísica. La nada, en su obra, es la ausencia. La no presencia de cualquier cosa. Para ser ultrageeks: Es una “nada transfinita”, a diferencia de la energía oscura del universo físico conocido, que es numerable. (Ver Pedazos de infinito).

Las cosas ocurren y luego se hacen conocimiento. Por eso la existencia precede su esencia, el que ocurra primero y luego se articule mentalmente. No hay signos ni consignas previas. La libertad producto de esta fenomenología es inevitable. No tiene que ver con la nada pero lo menciono para que vean lo que genera este concepto en mentes inquietas y fértiles.

 

Mientras escribía estas líneas vi la película Black Swan (2010) en TV. En la última escena alguien muere y la cámara hace zoom in a los ojos abiertos de quien fenece. Un estallido al blanco, un fadeout a mucha luz. Al contrario, en Mulholland Drive (2001) del controversial David Lynch, la muerte es un fade out a negro. Coherente con el autor, por cierto. Recuerdo que en All that Jazz (1979), esa felliniana película de Bob Fosse, la muerte corona la penúltima escena en un corte seco. Tres escalas: la muerte a blanco, a negro y en colores.

nada-unamunoQuizá el “no ser” tenga que ver con gradación: de una presencia total a una ausencia total.

Niveles de nada, naderías intermedias. El negro es el ser. El blanco es la nada y los grises son el abanico de desvanecimiento del ser hasta ya no estar o estar ausente.

Ahora bien, por qué no al revés. Del blanco al negro. ¿No es nada algo como sin luz? En blanco habría saturación de luz, es decir, de partículas: fotones. A M.C. Escher le hubiera encantado: blanco y negro son igualmente ineptos para representar la nada o igualmente aptos. Si el blanco y o el negro son esencias, las escalas de gris son la existencia: nuestro domicilio real. ¿Recuerdan a Sartre?

Aquí acudo a la obra de Anita Pantin, artista venezolana que gusta jugar y conjugar fractales vistos desde adentro. Le pregunté si tenía algo aunque fuese remotamente relacionado a la nada. Me envió este video. Un “loop” lo llama ella, una corta continuidad.

Seinfeld

Quizá la mejor serie de TV de todos los tiempos (si me preguntan), la historia de unos amigos centrados en sí mismos, neuróticos y extravagantemente cómicos es, dicha por sus creadores y repetida en algunos capítulos, “un show acerca de nada”. A George Costanza se le ocurre esa idea hablando con Jerry en la cafetería. “¿Quién dijo que hay que tener una historia o argumento? (…) Este es un show acerca de nada. Todo el mundo anda haciendo algo, ¡nosotros haremos nada!”

Aquí les dejo el principio filosófico de esta joya de la comedia y lo pongo meramente como un divertimento (en inglés):

Uno puede decir “la nada de algo” y no estar loco.

El escritor argentino Alejandro Lanús expresa: “Si pienso en la nada, ya no existe la nada.” Desde que se invoca, evoca o formula… nace como el monstruo de Mary Shelley. Una entidad fuera de nosotros, con su propia agenda.

nada-chisteAhora, lo que siento de este pequeño experimento ensayístico es que en una época nominalista en la que la representación es tan o más importante que lo representado, la nada es un concepto funcional. Sirve para borrar lo que no interesa.

Aún más, en la llamada “sociedad de información”, la nada quizá no connota, pero sí denota, tiene un peso semántico poderoso. Un ejemplo: en el sistema binario (0 y 1) del 2 hacia arriba es nada. El famoso conjunto vacío que todo ex bachiller recuerda.

Dicho de alguna forma: la “nada de nada” no sirve. Solo funciona la “nada de algo”. El concepto que la define aunque el número de elementos del conjunto sea igual a  cero. Conceptos como la “nada” son 100% del dominio público del planeta Tierra, feeware, shareware, pero muy poca gente lo analiza o lo desarrolla.

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Otras dos líneas de resultados sobre “Nada” en Google Images.

¿Es la muerte la nada? 

Los agnósticos, los ateos e incluso algunos místicos equiparan la muerte con un estado en el que no hay identidad, ni conciencia, ni energía. Según existencialistas y nominalistas, no hay esencias previas y la nada, pues, es un poderoso concepto y ya.

La nada por teléfono 

Una lectora (¡gracias Diana!) me manda este extraordinario clip, tan bueno que es imposible que no lo use.

No vale por cierto que preguntemos si esto fue real, una broma o una simulación. ¿Para qué enrollarnos la vida? ¿Va a mejorar todo si lo llega a saber? ¿En qué grado seremos felices si lo averiguamos? Pues… ¡en nada!

A nadar (poema)

Necesito un poco de paz. El mar y mi soledad sobre su fondo, eso ayuda. La oscilación del agua al nadar doblemente, crear espuma y sucumbir a la nada. Eso también.

Luego soltarme, no hay otra, dejarme llevar como la barcaza sin amarras. Chapotear de espaldas, arriba la Negra Noche y que a su vez la cinta sideral salga y se oculte cual marquesina estelar. Eso, me parece, tiene que servir de algo.

El horizonte de noche está ahí mismo.

Es un precipicio detrás de la playa que ya es invisible entre la bruma de las seis.

De madrugada tampoco es que se vea el rompiente espumoso, pero mucho menos el mar contiguo. Una oscuridad ahí-mismo, sin lejanía.

Ver eso, desde una montaña, suele ayudar… mucho.

Cierto dandismo es bienvenido, una copa de algo, estar recostado, mirar las estrellas (porque en la ciudad las olvido) simplemente recordar que puedo, eso produce cosas.

¿Qué cosas?

Cualquiera. Ninguna.

En el retiro más bien necesito inicios, luces verdes y estrictamente de cualquier color.

Echo a andar una cosa, dejo que siga y me detengo, mi mano toma un borde de la piscina, mis piernas por supuesto se van en la inercia… hasta un punto.

Las ondas de agua siguen como las cosas que echo a andar, yo me anclo pero ellas continúan hasta que se deshacen de distancia.

Haz un barco y suéltalo al mar sin tripulación para que se pierda en la lejanía que viene con redondez del mundo y todo, desde aquí por supuesto, desde esta repisa en la montaña que, me parece, facilita cosas.

¿Qué cosas?

Ninguna en especial pero todas o cualquiera.

A nadar…

Textes pour rien

Samuel Beckett.

Hablando de influencias literarias, Samuel Beckett fue importante en mi vida para pulverizar el lenguaje. Para ir desde las cosas a la nada misma, a la disolución. Su escritura fragmentada, profusa en comas, su desesperante inopia y repetición me atraparon: un voluntario encogimiento, un desensamblaje del discurso. Quizá una preparación para la muerte.

En Textos para nada (Textes pour rien, 1983) dice que “Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada.” Hay que escribir mucho para no necesitar escribir. Hay que llegar de la palabra al silencio.

Si todo, o mejor dicho, nada es solo un entuerto lingüístico, entonces Beckett cierra con broche de oro: “La expresión de que no hay nada que expresar, nada con qué expresar, nada desde lo cual expresar, ningún poder para expresar, ningún deseo de expresar… junto a la obligación de expresar.”

Obligados estamos a la libertad (según Sartre) y a la expresión (según Beckett).

Naderías

El hombre, cuando es solamente lo que parece ser el hombre, casi no es nada.

Antonio Porchia

Para que nada nos separe, que no nos una nada.

Pablo Neruda

La nada existe antes que el amor, pero el amor la crea.

Juan Gelman

No vivimos en la nada, pero de alguna manera la nada vive en nosotros.

Guillermo Cabrera Infante

¿Es el Todo la nueva Nada?

 

Daniel Medvedov.

Mi maestro y amigo Daniel Medvedov la enfrenta así, en su libro Arquetipología:

Una de las variantes del principio de Verdad es la idea de TODO. Se opone el TODO a la NADA, por un malentendido de principios, como también la VIDA se opone a la MUERTE. De hecho, La NADA es un contraprincipio, en antiarquetipo del TODO, principio al se le opone para denigrarlo y opacarlo. (…)

En ESO encontramos la figura metafórica de la unión de los dos símbolos, el ALGO y el VACÍO. La COSA es el prototipo del TODO, el único modo palpable de entender la noción trascendente de la totalidad. (…) Debemos acostumbrarnos al uso de estos operadores, para salir de las impropias asociaciones que hacemos cada día cuando oponemos el Todo a la Nada.

Hay teogonías completas cuyo origen es al menos un vacío. La judeocristiana, por ejemplo, la que más ha moldeado este lado occidental del mundo, parte de un espacio inocupado que muchos teólogos equivalen a la nada. “Dios creó el universo de la nada”. ¡¿Cómo es la cosa?!

Sartre rebate la idea de un creador, basado en el mismo principio de “creación desde la nada”. Si la nada es la ausencia de ser, Dios ya existía junto a ese no ser. Y no poder ser nada también es problemático para Dios, según el filósofo, y trata de demoler la teología cristiana. Ese Sartre…

Para Buda hay un plano del ser que llama el “Ámbito de la Nada”, pero lejos de ser una ausencia, es una especie de singularidad espiritual, una potencialidad que puede transformarse en algo. Yo diría que un vacío potencialmente capaz de convertirse en energía y en vida. ¿Cómo? Si “colapsa”o si “nace”, para el budismo. Buda la describe como: “Un estado no nacido, no originado, no hecho y no condicionado”.

Derivo que quizá la nada es peligrosa si se toma demasiado en serio. Hay que enfrentarla con un carácter más que “lúcido”, “lúdico”, juguetón. No es burla, ni ligereza, es la protección que el buen humor nos da frente a lo que suele enloquecer por inescrutable.

¿Lo ven ahora? Lo importante no es llegar a una conclusión porque no la hay… O si la hay es suya. Sólo nadas parciales, semánticas, contrapuestas a realidades presentes, creadoras y destructoras. Una elección que no podemos evitar. Quizá lo provechoso es el juego mental de examinar posturas, de ponerle colores, de adivinar quién lo dijo mejor… y explorar convicciones o al menos la curiosidad intelectual. Porque quien no conoce la nada, lo ignora todo.

Y esto se los dice alguien que es Noda, es decir, casi Nada.

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ILUSTRACIONES INICIAL, YOGA Y DIAGRAMA MEDVEDOV:  Lúdico.
Otro inquilino de Plaza Odot————————–——————–
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T. A. Cuerdas (Aforismos)

T. A. Cuerdas (Aforismos)

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De la serie Cuerdas

Cuando comento lo que escribo, soy otro.

Es la repetición lo que permite que ocurra la sorpresa.

Hay periodismo donde no pude dejar literatura.

Uno siempre consigue buen material cuando está buscando otra cosa.

Quien no entiende el sarcasmo, lo merece.

De todas las cosas ya hay mucho.

La vida es eterno retorno de una sola vez.

Todo lo que escribo es una excusa para escribir.

En mi vida Dios ha sido todo, menos Dios.

Hay dos o más vidas en cada sueño.

Uno tiene prehistoria.

Toda verdad es instantánea.

Ser como uno quiere es una forma de perfección.

Hay que pelear contra el caos como si no supiéramos que es imbatible.

Hay una autoridad invisible en las cosas ciertas.

La risa es una irradiación hacia adentro.

¿Por qué creer que un “No estoy de acuerdo” es una declaración de guerra?

Somos más locos contenidos que personas razonables que enloquecen.

My son of the bitch is a killer too.

El que crea, cree.

En el reposo el protagonista pasa.

Desenmascarar la ilusión de la realidad es otra ilusión.

Escribo en primera persona muchas cosas que no tienen que ver conmigo.

Es mejor ser imprescindible que “hacerse” el imprescindible.

Toda la basura del mundo también forma parte de la naturaleza.

Para muchos ganar vale más por la adrenalina que por lo ganado.

¿Por qué Dios tiene tantas sucursales?

Mucho monólogo lleva a soliloquio.

El deseo de aprobación disfrazado de desinterés siempre se descubre.

Para un niño no hay tiempo y tiene todo el tiempo del mundo.

Un comentario “espontáneo” es a veces un reclamo escondido.

Hay precisiones innecesarias.

El silencio tiene relieves.

La distancia nivela las alturas.

Me alejo del teclado, se acercan las ideas.

 


Otros:

Bienvenidas las citas de estos aforismos. Agradezco se hagan con mención a Fernando Nunez-Noda o @nuneznoda.
ILUSTRACIÓN: Lúdico.

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