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“El caos siempre derrota al orden porque está mejor organizado.”
-Terry Pratchett

Del griego vienen las palabras Caos (y Cosmos). Dice la Teogonía de Hesiodo que Caos fue el primer Dios, el más elemental. De allí lo demás.

Y lo demás es el “Cosmos”, el orden o el universo resultante.

La Biblia misma comienza con un vacío, con un no-lugar del cual “emerge” la luz y el universo físicos. Quizá algún tipo de “energía oscura”…

Cuenta el Corán que “los cielos y la tierra formaban una unidad, para luego separarla”.

Algunas ramas del hinduismo predican que el universo se crea y se destruye en un vaivén repetitivo. Brahma respira y en cada aspiración arrastra las estrellas, los cometas y la luna, como un tapiz halado de súbito. Luego exhala y sale en borbotones la materia del siguiente universo. Una escuela del budismo se desliga del carácter demiúrgico de la mayoría de los “génesis”, afirmando que la tierra y las estrellas se recrean, desaparecen y vuelven a ocurrir en millones de distintas configuraciones.

Otras mitologías, nuevas y antiguas, también pregonan esta oscilación entre lo uno y lo múltiple. Entre Caos y Cosmos. Abanicos que se abren y cierran. El intervalo entre el sonido de dos tambores. El giro del cielo hasta un punto preciso. Lo predicho por un libro sagrado…

La teoría cosmológica que prevalece, el Modelo Estándar, guarda notables coincidencias con la cosmovisión indostana y de otros pueblos, en la “Gran Explosión” o “Big-bang”.

No tuvo un “padre” único, fue más bien el resultado conjunto de descubrimientos muy audaces de principios del siglo 20: la nueva física del espacio y una geometría que se alejaba varias dimensiones de Euclides.

Se tiene hasta ahora, al ábate George Lamaitre (en la foto con Einstein), en 1927, como su formulador científico temprano. Los primeros datos astronómicos fueron aportados por el norteamericano Edwin Hubble. La expresión contemporánea echaba mano de dos “nuevos ojos” para mirar el universo físico: la mecánica cuántica y la relatividad general de Einstein, surgidas en los albores del siglo pasado.

Según la teoría del Big Bang, el universo físico viene de una concentración inconcebible de energía que explotó en todas direcciones. Pero al principio era un solo “algo”.

Ese “algo” ha sido llamado también “átomo inicial”,“esfera primigenia”. Stephen Hawking (1949), el famoso astrofísico paralizado en su silla de ruedas, propone el concepto de “singularidad” para este estado indiferenciado de la energía. Es una misma “cosa” de la que puede surgir diversidad si se reduce la gravedad y la cercanía.

En este video se resume el Big Bang y la historia ulterior (cerca de 13,5 mil millones de años) en poco más de un minuto:

Es un universo con certezas muy relativas, ni siquiera se conoce qué llena buena parte de lo que se nos pierde en la oscuridad del espacio. Pero se sabe bastante. Un universo finito pero sin límites, que se expande pero no necesariamente haciéndose más grande. Energía que fluye en todas direcciones, sometida a interacciones que a veces la atrapan, casi siempre no.

Adiós al universo cíclico, perfecto, esférico de los antigüos.

Hay, pues, varias precisiones sobre el caos que me gustaría aclarar para efectos de este ensayo:

  • El caos no tiene connotación negativa o positiva. Es un estado o condición del universo conocido.
  • Dado que el conocimiento es reflejo de la realidad que vivimos, luego el conocimiento contiene un grado considerable de caos.
  • El caos más que un momento del universo es la tendencia a que eso ocurra, el hecho puro y cierto de que a gran escala moldea los fenómenos.

Pero quien crea que la ciencia moderna ha logrado domar el caos, se equivoca rotundamente. Más bien vemos cómo el dios de la entropía se apodera, poco a poco, de los diversos cuerpos de la ciencia.

Entropía, incertidumbre, indecidibilidad

En 1850 el físico alemán Rudolph Clausius concluyó que el calor tiende a disgregarse, a desmembrarse en unidades cada vez más pequeñas y separadas. Al final, no las afecta ninguna fuerza de atracción. Como hay más frío que calor en el universo, al final la poca energía tratará de llenar esos espacios gélidos, hasta llegar a ser sólo partículas inconexas.

Clausius llamó “Entropía” a esta Segunda Ley de la Termodinámica y, actualmente, se afirma que -a escala cósmica- toda la energía del universo se dispersa lentamente -demorada por la gravedad- pero, en última instancia, dirigida a que sus estrellas y otros cuerpos se deshagan en moléculas y éstas en átomos y éstos en sub-partículas que se desintegran espontáneamente. Conclusión: el universo parece dirigirse a un irreversible caos; la entropía del universo aumenta cada segundo.

Nota mental: No se preocupe, esto se mide en eones (1 eón= mil millones de años).

Si esta energía se recompone, se reúne o se reintegra por efecto de otras interacciones, es algo que los físicos discuten como escenarios alternativos. En la física nada está escrito.

“La entropía sacude su furioso puño a quien fue tan ingenioso como para organizar el mundo” -Brandon Sanderson

Otro triunfo del dios elemental es el principio de incertidumbre, formulado por Werner Heisenberg en 1927. Se afirma que no podemos conocer ciertos valores físicos, digamos, en estado puro, porque al medir los alteramos. A esta inseguridad, la física actual ha agregado muchas. El consenso de la ciencia es que hay regiones de la materia y de la energía (porciones diminutas sub-atómicas) donde simplemente, no se puede predecir qué ocurrirá.

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Kurt Gödel

Incluso la inmaculada matemática fue sacudida por el lógico checo Kurt Gödel (1906-1978), quien demostró que en sus dominios es imposible decidir sin dudas si algo es cierto o falso. No hay campo numérico capaz de ser completo y consistente a la vez.

Si el sistema (digamos la aritmética) puede probar todos los casos dentro de sí (todas las sumas y multiplicaciones), siempre habrá casos fuera de ella sobre los que no podrá decidirse, por ejemplo, 2 menos 3 que da un resultado negativo (por tanto, es incompleta). Pero si cubriera todos los casos posibles, entonces habría casos dentro de ella sobre los que no se puede decidir un resultado (la división entre cero, por citar uno).

Y luego un cuarto ejemplo: la Teoría del Caos, que estudia la realidad como fenómenos físicos y sociales guiados por un principio determinístico más o menos describible en términos científicos. Si no hubiera caos la causalidad de los eventos podría predecirse.

Lanzamos una pelota de beisbol y anticipamos dónde creemos que caerá. Claro, sin una brisa súbita que lo desvíe, lo frene o por el contrario lo empuje. No hay computadora o, mejor dicho, software actual que pueda prever esto en detalle y en áreas pequeñas. ¿Y si se atraviesa un pobre pájaro, o se deshacen las costuras en el viaje?

En un número mayor a la mitad de los eventos la pelota caerá en o cerca del área estimada. Pero en un número significativo habrá decenas de ocurrencias inesperadas, por ejemplo, que los músculos del brazo no respondan óptimamente o que la soltemos antes o después del momento más apropiado.

En todo caso, los eventos ocurren dentro de un rango, digamos, un perímetro que tiene como centro el punto donde caerá la pelota la mayoría de las veces. Alrededor de 80% de las veces que se lance la pelota caerá en un área menor de 20% de todo el perímetro. Pero en esencia no se puede predecir que un lanzamiento estará en tal o cual rango de probabilidad.

El caos ocurre cuando el presente determina el futuro, pero un presente probabilístico solo determina un cuadro probabilístico.  Caos es imposibilidad de predecir, no una fuerza alocada que todo lo perturba. Einstein dijo correctamente que con suficiente información podríamos predecir todo al mínimo detalle. Cierto. Solo que no habría computadoras en todo el universo conocido para poder registrar los millardos de eventos que influyen en el lanzamiento de una sola pelota.

Ahora imaginen los siguiente: El asistente de un Supervillano espera la orden para dinamitar la represa en la montaña e inundar la ciudad. Debe recibir el mensaje por una paloma mensajera. Si no lo recibe, no procede. El Supervillamo suelta el ave que se aleja volando todavía bajo. El malo  cierra la ventana de su castillo y se ríe estrujando las manos de uñas largas. La paloma cruza un campo baldío y un pelotazo la saca de circulación. Se salva la ciudad porque cuando el Supervillano decide enviar un segundo mensaje, llega el Superhéroe y lo captura.

“¡Pequeños detalles imperceptibles deciden todo!” -W.G. Sebald

Ese es el “efecto mariposa”: su aleteo puede producir un huracán. Quizá sea exactamente la cantidad de aire que sature una corriente que se una a otra (y otra y otra) capaces de empujar a unas errantes que hacen girar más rápido un frente de baja presión que mueve masas frías hacia… chocan con nubes cúmulus que… alteran la trayectoria de una depresión tropical y… tal y tal… un huracán que no hubiera ocurrido sin las codiciones iniciales.

Otro concepto fascinante: los fractales. La naturaleza hace crecer una hoja o moldear la costa de una playa de acuerdo con patrones sistematizables en general, pero impredecibles en detalle. Y así son los fractales: patrones repetitivos únicos, posibles de anticipar pero siempre con un margen de error. El desarrollo de tejidos, la dispersión de una gota de tinta en aceite, la descomposición de una fruta y otras construcciones (y de-construcciones) de la naturaleza, tejen sus marañas centrífugas, si las vemos en detalle.

Adelante una pequeña galería de ejemplos fractálicos: patrones estimables más no predecibles. La naturaleza es una artista inigualable construyendo orden con la esencia misma del caos.

En el papiro Rhind de las Matemáticas del Antiguo Egipto, en la época del Nuevo Imperio, se presenta ya un problema, el nº 79, cuya estructura es fractal. El problema plantea que un señor tiene un campo con siete casas, en cada casa hay siete gatos, cada gato controla a siete ratones, cada ratón roba siete espigas, cada espiga tiene siete semillas: ¿cuántas cosas tiene en su haber el señor? Una solución es calcular las primeras cinco potencias de 7, pero la solución más cómoda es utilizando el método fractal.

La estetica del caos de Jorge Alvarado Planas

La medicina moderna, aunque lejos todavía, he llegado a ver la enfermedad y la muerte como cierta imposibilidad progresiva de mantener el orden celular, la ínfima mecánica que guía nuestros átomos y otras partículas. Como especie hemos tratado de demorar y hasta derrotar la entropía pero nuestros resultados han sido hasta ahora ¿cómo decirlo? “fractálicos”…

Frases del caos

→ “Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad” – Enrique Tierno Galván

“Mi sabiduría es tan despreciada como el caos. ¿Qué es mi nada, frente al estupor que les espera a ustedes?” -Arthur Rimbaud

“El caos es la ley de la naturaleza. El orden es el sueño del hombre” -Henry Adams

“El artista tiene el privilegio de crear mundos del caos que ebulle en su espíritu, pero a precio de mantener, precisamente, ese caos” -FNN

“No me creas injusto / Me cuesta encontrar las palabras
Los únicos cheques que he dejado de firmar /
En el banco de caos de mi mente”  -The Police (Doo Doo Da Da)

 Caos y creación artística

“Yo acepto el caos. No estoy seguro si él me acepta a mí” -Bob Dylan

Que el Caos es un Dios creador se ve reflejado en la frase de  Anaïs Nin: “En el caos hay fertilidad.” El artista mira el caos, lo indiferenciado como materia prima, como terreno fértil del cual recreará el universo, del cual hará de demiurgo, de artífice… Nada más frutrante para un artista que lo demasiado ordenado, que lo resuelto. Por eso el arte moderno se dedicó a la destrucción creativa, a la deformación, a la deconstrucción… para retomar el caos y de allí… crear.

Mary Shelley escribió Frankenstein en 1821, la historia de un hombre que quiso crear una mejor vida del caos de la muerte y terminó con un monstruo. Ella dijo: “La invención, debemos admitir humildemente, no consiste en crear del vacío sino del caos”.

No obstante, la autora Audrey Niffenegger advierte que el “Caos es más libertad; de hecho, libertad total. Pero sin significado”. De modo que la tarea del artista, entre otras, es dotar al caos de significado, reencausarlo para que ofrezca algún tipo de certidumbre, o de vislumbre. Aunque no recuerdo la cita exacta, sé que JL Borges decía que el arte no era necesariamente una revelación, sino su promesa. Ahí tiene un rol activo el espectador, coartífice del descubrimiento.

Les ofrezco un loop de la artista venezolana Anita Pantin que a mí me evoca los callados y eónicos momentos previos a la creación:

Por eso la tarea del artista es tan difícil, diría yo, heróica. “Cada mañana salto de mi cama y camino por un campo minado. El campo minado soy yo. Después de la explosión, me paso el día juntando las piezas”, decía Ray Bradbury, el autor de esa historia en la cual el conocimiento era sometido al holocausto del fuego.

Propongo ahora reintroducir un concepto nada nuevo que intenta superar la dualidad Cosmos-Caos: Caosmos. El caosmos pensado no sólo como espacio o ámbito de creación, sino también como proceso creacional. Ni Amor ni Odio, ni Orden ni Caos. El proceso creador mismo es una energía caósmica o caosmética.

Arte contemporáneo ¿Orden o Caos? de Fidel Munnigh

miro

“La Noche de Nightingale a la Medianoche” -Joan Miró.

¡Sorpresa!: el Universo es un estira- y-encoge

Si se cumple la Ley de Entropía (recuérdese que es científica), entonces ¿se enfriará el universo, se apagarán las estrellas y llegará un momento cuando la gravedad ya no tenga qué atraer?

Pues, luchar contra esta creencia ha sido un imperativo humano desde los albores de la civilización. Pensar que el universo es ordenado ha sido una necesidad intelectual y, acaso, emotiva. Alguna estabilidad sicológica debe dar, algún sentido de permanencia, conexión o trascendencia.

No obstante como dijimos, el cuadro actual muestra un universo físico expansivo donde todos sus elementos se mueven y cambian cada segundo. Digámoslo de otra manera: uno que se “estira” como la superficie de un globo al inflarlo. Los astrofísicos actuales coinciden en que todas las galaxias observadas se alejan de nosotros, producto de una Gran Explosión ocurrida hace más de 12 mil millones de años.

¿Ven? Causa como angustia, porque si se infla demasiado un globo estalla. Si el universo se expande por siempre quizá los fragmentos se alejen tanto que lleguen a no atraerse gravitatoriamente. En ese caso el cosmos físico (suponiendo que no hay nada externo a éste o está muy lejos) se enfriaría y desintegraría eventualmente, en vez de retraerse y colapsar gravitatoriamente sobre sí mismo.

La idea poco relajante del universo expansivo es muy reciente. Antes de los años 1920s se consideraba al espacio sideral uniforme (“isomórfico” le dicen), constante y eterno. Si había un cambio negativo aquí, pues ocurría otro positivo por allá y mantenía la uniformidad. Aristóteles, al menos nominalmente, inauguró esta línea de pensamiento, apoyada por astrónomos como Claudio Ptolomeo (83-161 EC) y, sobre todo, hecha oficial por la autoridad eclesiástica que dominó el mundo occidental en el medioevo. Newton, en el siglo XVII, lo endosó, sobre todo por su devoción religiosa, su creencia en Dios como “primer motor”.

Pero, en fin, el “universo estático” es una idea muy antigua y difícil de desarraigar. Incluso Einstein, un rompedor de paradigmas, desarrolló una “constante universal” para explicar porqué el universo no se contraía hasta el opuesto del Big Bang.

El caso es que todas estas increíbles conclusiones tienen menos de un siglo. Apenas en los 1920 el astrónomo estadounidense Edward Hubble observó y propuso la expansión del universo, al revelar que las galaxias se alejan unas de otras a grandes velocidades. Hemos hablado que Einstein mismo tuvo que aceptar esta evidencia y llamó su teoría del universo estático “el mayor error de mi vida”. No se acongojen: décadas después se reivindicó a Einstein con el concepto de constante universal.

La astrofísica necesaria para este descubrimiento también hizo menos “local” el tamaño del universo: la Vía Láctea terminó siendo una en 100 mil millones de galaxias, cada una con un promedio de 100 mil millones de estrellas en un cosmos que, en vez de unos cientos de miles de años-luz, excedía los 10 mil millones de años-luz de diámetro.

Nube de Oort. Haga clic sobre la imagen para ampliarla.

Bien entrado el siglo XX también se extendió el patio trasero de nuestro sistema solar: Plutón fue descubierto como planeta en 1930 y degradado a cuerpo enano en 2006. En los últimos 60 años se han añadido a la familia planetaria-asteroidal, el llamado “Cinturón de Kuiper” y la “Nube de Oort”, gigantescos conglomerados de planetoides, asteroides y núcleos de cometas. Hay más de siete cuasiplanetas e infinidad de cuerpos errantes que están en “veremos”.

La lista de las añadiduras recientes a esta visión contemporánea es vasta. Los enigmáticos agujeros negros vieron luz (aunque esto evidentemente es metafórico) después de los 1960s, gracias al trabajo primero teórico antes que práctico de físicos como S. Hawking (1942-), quien también ha colaborado con el concepto de “singularidad”, una condición astrofísica que se debate desde hace un par de décadas. Los lejanos quásares, especie de fotos de momentos iniciáticos del universo, fueron deducidos en los 1960s.

La única partícula elemental no observada, el famoso “bosón de Higgs” (y que quizá se compruebe o refute pronto con el nuevo super acelerador europeo de CERN) fue propuesto en 1964.

Y así, teorías que suenan a primera voz extravagantes, como la de las cuerdas o los “agujeros de gusano”; la expresión de una teoría unificada de la energía: la “gravedad cuántica” y objetos colapsados como las “enanas blancas” o “rojas”… han sido productos de los 1980s para acá.

Los ya mencionados “exoplanetas” (cuerpos giratorios alrededor de estrellas distintas al Sol) también son jóvenes entre nosotros.

La Cronología de los Descubrimientos (1989) de Isaac Asimov, que llega obviamente hasta poco antes de la muerte de este enciclopedista, dedica 506 páginas a la ciencia humana desde 2000000 aEC hasta 1899 (cerca de dos millones de años). Y tan solo el siglo XX hasta 1988 ya llevaba más de 300 páginas. Si se hiciese una cronología de la astronomía y de la astrofísica, la proporción a favor de la última centuria sería incluso mayor.

Lo que quiero decirles es sencillo: los conocimientos precisos y amplios que tenemos del universo son recientes, pero cambiantes e imprecisos. Y, encima, al aplicarlos a un ente, lo cambian, de modo que no hay conocimiento práctico puro. No obstante, miren cuán lejos hemos llegado conquistando pequeñas parcelas de cosmos, aunque quede lejos. Otro triunfo más para el dios elemental, la materia prima para el mismísimo conocimiento. Toda consistencia, toda coherencia, toda verdad del pensamiento es un “caosmo”, un ente ordenado pero impredecible, caótico pero con patrones y trazas discernibles.

Epílogo

Estamos hechos de caos e incertidumbre. El orden requiere un esfuerzo impresionante. Las conquistas intelectuales y materiales del ser humano han tomado, literalmente, millones de años desde los primeros homínidos bípedos. A pesar del poder caótico, nos imponemos administrar y al menos construir a partir de lo caótico. Sea que lo descifremos,  reensamblemos, o integremos al orden existente, es casi como… disfrutarlo.

Este escrito, por ejemplo. Lo comencé con un plan, pero me desvié, se me olvidaron cosas, recordé otras a medida que redactaba, en la web conseguí citas de autores que no conocía. Esa dinámica estructurada pero impredecible es fascinante, porque al crear, o tan solo vivir creativamente, uno se recrea cada segundo. Es más poderoso que solo vivir.

Una vez asimilado el caos cósmico dentro de nosotros, podemos salir a confrontar el social, que nos excede. Ese caos ya es desorden, disfuncionalidad y para eso hay cientos de discusiones y modelos de solución. No caben en este ensayo, porque tienen aplicación social y mis escritos no tiene utilidad práctica.

Al final -y debo admitirlo, en desenlace impredecible- resulta que sí hay un caos que me cae bien: el que asiste al acto creativo y uno que no, el que se entromete en la transformación. Si la transformación no es positiva, beneficiosa o adecuada para la sociedad, el caos es negativo para los mejores intereses humanos.

Pero, en última instancia, “caosmos” es el término más corto para describir la coexistencia de lo ordenado y su opuesto o al menos su complementario. Remolino de causas y efectos; la entropía junto a la concentración; lo conocido que expresa las incognitas…

El huracán que se deshace en una brisa mueve una capa de mar, levanta una pequeña ola y despierta a un alcatraz flotante que vuela al acantilado creando un aboroto que despierta a golondrinas que levantan vuelo y deciden seguir más lejos, a un parque de la ciudad, toman agua en un estanque, asustan a un perro cuyo dueño sostiene una delgada cadena, el tirón le hace perder el equilibrio y roza con la mano el tallo de una flor.

Y al vibrar sus pétalos una mariposa que descansaba se asusta y levanta vuelo.

 

 

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ILUSTRACIONES: Las de Lúdico están firmadas. Resto: dominio público de la web.

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