Nada

Nada

A veces mi nada es bastante sustancial.
Rendijas

Da para mucho esta palabra.

Paradójicamente (y vaya que habrá paradojas en este ensayo) al invocarla hay que llenarla.

Henri Bergson consideraba el concepto como “invisible motor de la especulación filosófica”. La nada es tan invisible que revela todas las cosas, es tan inmaterial que les da peso y volumen y a veces forma.

No hay, pues, tópico más vasto. Es un punto sin diferencia entre lo uno y lo mucho. También entre el todo y la nada.

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Dos líneas de resultados sobre “Nada” en Google Images.

Se suele señalar a Parménides (vivió en Grecia hacia el siglo V aE), como el primer pensador con una consideración concreta acerca de la nada.

Al parecer la despachó con este razonamiento: Sólo se puede hablar del ser. La nada es no-ser, por tanto no es real, ni siquiera como concepto. Brillante, la nada es incomprensible, inaccesible, desde el antropocentrismo resulta irreal, no existe. Next!

Ah, pero el infinito y la nada son cuestiones que aprehendemos, o creemos aprehender y eso parece bastar para que el conocimiento humano (limitado) se enfrente a lo estrictamente indecible.

Y lo insólito es que sigue siendo poco para la ambición intelectual del ser humano. “El hombre es la medida de las cosas”, al decir de Protágoras pero también es “la medida de la ambición” de modo que los conceptos empaquetados y archivables llegan a no satisfacernos. Vamos por el gran descubrimiento que, a decir verdad, a veces se aleja tanto que no ocurre u ocurre.

Surge el deseo de conocer “la cosa en sí”. ¿Es la nada algo cuya “cosa en sí” podamos definir o conocer? ¿O un mero concepto? ¿Qué puede más: las limitaciones o las ambiciones humanas?

Blas Pascal pregunta y se responde: “¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entre la nada y el todo.”

nada-sliderZ2Un boceto de la relatividad. Noten que dice: “Nada con respecto al infinito”. Se anulan, se igualan. Lo “mucho” quizá es lo “poco” visto desde otra perspectiva. Lo poco con la distancia se deshace y desaparece. Queda la palabra (mucho) pero el espacio que llenaba ahora es cero. La “nada” sería lo que no se piensa. Una tesis vitalista, muy pragmática.

Como me gustan las tesis que no tienen utilidad práctica, pues sigue la búsqueda…

Para Martin Heiddegger (un filósofo alemán que escribe mucho y al que se le entiende poco) la pregunta fundamental de la metafísica es: “¿Por qué el ser y no más bien la nada?” La nada es más probable, más definitiva, más extensa. ¿Por qué se molestó su quietud con galaxias, luz, sonidos, usted y yo?

Jean Paul Sartre, existencialista del siglo XX, escribió un libro muy largo (que sólo un adolescente muy obsesivo o loco se lee) llamado El ser y la nada (1943).

Una profunda depresión por la II Guerra Mundial hizo que una generación de filósofos se volcara hacia el absurdo, la incertidumbre y lo indecidible como fundamento de la realidad.

Según recuerdo, para Sartre la nada es una especie de “materia oscura” filosófica, algo que no se registra pero que ejerce un peso gravitatorio definitivo sobre nuestro universo. Justo lo que ocurre con la energía oscura en el cosmos conocido: los astrofísicos estiman que un tercio o más de la masa del universo conocido implica energía que no se puede captar. Los efectos que produce en el espacio-tiempo permiten conocerla “por ausencia”, como si viésemos la impresión 3D de algo que no está.

Según mi lectura, la nada de Sartre es más semántica y psicológica que metafísica. La nada, en su obra, es la ausencia. La no presencia de cualquier cosa. Para ser ultrageeks: Es una “nada transfinita”, a diferencia de la energía oscura del universo físico conocido, que es numerable. (Ver Pedazos de infinito).

Las cosas ocurren y luego se hacen conocimiento. Por eso la existencia precede su esencia, el que ocurra primero y luego se articule mentalmente. No hay signos ni consignas previas. La libertad producto de esta fenomenología es inevitable. No tiene que ver con la nada pero lo menciono para que vean lo que genera este concepto en mentes inquietas y fértiles.

 

Mientras escribía estas líneas vi la película Black Swan (2010) en TV. En la última escena alguien muere y la cámara hace zoom in a los ojos abiertos de quien fenece. Un estallido al blanco, un fadeout a mucha luz. Al contrario, en Mulholland Drive (2001) del controversial David Lynch, la muerte es un fade out a negro. Coherente con el autor, por cierto. Recuerdo que en All that Jazz (1979), esa felliniana película de Bob Fosse, la muerte corona la penúltima escena en un corte seco. Tres escalas: la muerte a blanco, a negro y en colores.

nada-unamunoQuizá el “no ser” tenga que ver con gradación: de una presencia total a una ausencia total.

Niveles de nada, naderías intermedias. El negro es el ser. El blanco es la nada y los grises son el abanico de desvanecimiento del ser hasta ya no estar o estar ausente.

Ahora bien, por qué no al revés. Del blanco al negro. ¿No es nada algo como sin luz? En blanco habría saturación de luz, es decir, de partículas: fotones. A M.C. Escher le hubiera encantado: blanco y negro son igualmente ineptos para representar la nada o igualmente aptos. Si el blanco y o el negro son esencias, las escalas de gris son la existencia: nuestro domicilio real. ¿Recuerdan a Sartre?

Aquí acudo a la obra de Anita Pantin, artista venezolana que gusta jugar y conjugar fractales vistos desde adentro. Le pregunté si tenía algo aunque fuese remotamente relacionado a la nada. Me envió este video. Un “loop” lo llama ella, una corta continuidad.

Seinfeld

Quizá la mejor serie de TV de todos los tiempos (si me preguntan), la historia de unos amigos centrados en sí mismos, neuróticos y extravagantemente cómicos es, dicha por sus creadores y repetida en algunos capítulos, “un show acerca de nada”. A George Costanza se le ocurre esa idea hablando con Jerry en la cafetería. “¿Quién dijo que hay que tener una historia o argumento? (…) Este es un show acerca de nada. Todo el mundo anda haciendo algo, ¡nosotros haremos nada!”

Aquí les dejo el principio filosófico de esta joya de la comedia y lo pongo meramente como un divertimento (en inglés):

Uno puede decir “la nada de algo” y no estar loco.

El escritor argentino Alejandro Lanús expresa: “Si pienso en la nada, ya no existe la nada.” Desde que se invoca, evoca o formula… nace como el monstruo de Mary Shelley. Una entidad fuera de nosotros, con su propia agenda.

nada-chisteAhora, lo que siento de este pequeño experimento ensayístico es que en una época nominalista en la que la representación es tan o más importante que lo representado, la nada es un concepto funcional. Sirve para borrar lo que no interesa.

Aún más, en la llamada “sociedad de información”, la nada quizá no connota, pero sí denota, tiene un peso semántico poderoso. Un ejemplo: en el sistema binario (0 y 1) del 2 hacia arriba es nada. El famoso conjunto vacío que todo ex bachiller recuerda.

Dicho de alguna forma: la “nada de nada” no sirve. Solo funciona la “nada de algo”. El concepto que la define aunque el número de elementos del conjunto sea igual a  cero. Conceptos como la “nada” son 100% del dominio público del planeta Tierra, feeware, shareware, pero muy poca gente lo analiza o lo desarrolla.

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Otras dos líneas de resultados sobre “Nada” en Google Images.

¿Es la muerte la nada? 

Los agnósticos, los ateos e incluso algunos místicos equiparan la muerte con un estado en el que no hay identidad, ni conciencia, ni energía. Según existencialistas y nominalistas, no hay esencias previas y la nada, pues, es un poderoso concepto y ya.

La Nada por Teléfono

Una lectora (¡gracias Diana!) me manda este extraordinario clip, tan bueno que es imposible que no lo use.

No vale por cierto que preguntemos si esto fue real, una broma o una simulación. ¿Para qué enrollarnos la vida? ¿Va a mejorar todo si lo llega a saber? ¿En qué grado seremos felices si lo averiguamos? Pues… ¡en nada!

A nadar (poema)

Necesito un poco de paz. El mar y mi soledad sobre su fondo, eso ayuda. La oscilación del agua al nadar doblemente, crear espuma y sucumbir a la nada. Eso también.

Luego soltarme, no hay otra, dejarme llevar como la barcaza sin amarras. Chapotear de espaldas, arriba la Negra Noche y que a su vez la cinta sideral salga y se oculte cual marquesina estelar. Eso, me parece, tiene que servir de algo.

El horizonte de noche está ahí mismo.

Es un precipicio detrás de la playa que ya es invisible entre la bruma de las seis.

De madrugada tampoco es que se vea el rompiente espumoso, pero mucho menos el mar contiguo. Una oscuridad ahí-mismo, sin lejanía.

Ver eso, desde una montaña, suele ayudar… mucho.

Cierto dandismo es bienvenido, una copa de algo, estar recostado, mirar las estrellas (porque en la ciudad las olvido) simplemente recordar que puedo, eso produce cosas.

¿Qué cosas?

Cualquiera. Ninguna.

En el retiro más bien necesito inicios, luces verdes y estrictamente de cualquier color.

Echo a andar una cosa, dejo que siga y me detengo, mi mano toma un borde de la piscina, mis piernas por supuesto se van en la inercia… hasta un punto.

Las ondas de agua siguen como las cosas que echo a andar, yo me anclo pero ellas continúan hasta que se deshacen de distancia.

Haz un barco y suéltalo al mar sin tripulación para que se pierda en la lejanía que viene con redondez del mundo y todo, desde aquí por supuesto, desde esta repisa en la montaña que, me parece, facilita cosas.

¿Qué cosas?

Ninguna en especial pero todas o cualquiera.

A nadar…

Textes pour rien

Samuel Beckett.

Hablando de influencias literarias, Samuel Beckett fue importante en mi vida para pulverizar el lenguaje. Para ir desde las cosas a la nada misma, a la disolución. Su escritura fragmentada, profusa en comas, su desesperante inopia y repetición me atraparon: un voluntario encogimiento, un desensamblaje del discurso. Quizá una preparación para la muerte.

En Textos para nada (Textes pour rien, 1983) dice que “Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada.” Hay que escribir mucho para no necesitar escribir. Hay que llegar de la palabra al silencio.

Si todo, o mejor dicho, nada es solo un entuerto lingüístico, entonces Beckett cierra con broche de oro: “La expresión de que no hay nada que expresar, nada con qué expresar, nada desde lo cual expresar, ningún poder para expresar, ningún deseo de expresar… junto a la obligación de expresar.”

Obligados estamos a la libertad (según Sartre) y a la expresión (según Beckett).

Naderías

El hombre, cuando es solamente lo que parece ser el hombre, casi no es nada.

Antonio Porchia

Para que nada nos separe, que no nos una nada.

Pablo Neruda

La nada existe antes que el amor, pero el amor la crea.

Juan Gelman

No vivimos en la nada, pero de alguna manera la nada vive en nosotros.

Guillermo Cabrera Infante

¿Es el Todo la nueva Nada?

 

Daniel Medvedov.

Mi maestro y amigo Daniel Medvedov la enfrenta así, en su libro Arquetipología:

Una de las variantes del principio de Verdad es la idea de TODO. Se opone el TODO a la NADA, por un malentendido de principios, como también la VIDA se opone a la MUERTE. De hecho, La NADA es un contraprincipio, en antiarquetipo del TODO, principio al se le opone para denigrarlo y opacarlo. (…)

En ESO encontramos la figura metafórica de la unión de los dos símbolos, el ALGO y el VACÍO. La COSA es el prototipo del TODO, el único modo palpable de entender la noción trascendente de la totalidad. (…) Debemos acostumbrarnos al uso de estos operadores, para salir de las impropias asociaciones que hacemos cada día cuando oponemos el Todo a la Nada.

Hay teogonías completas cuyo origen es al menos un vacío. La judeocristiana, por ejemplo, la que más ha moldeado este lado occidental del mundo, parte de un espacio inocupado que muchos teólogos equivalen a la nada. “Dios creó el universo de la nada”. ¡¿Cómo es la cosa?!

Sartre rebate la idea de un creador, basado en el mismo principio de “creación desde la nada”. Si la nada es la ausencia de ser, Dios ya existía junto a ese no ser. Y no poder ser nada también es problemático para Dios, según el filósofo, y trata de demoler la teología cristiana. Ese Sartre…

Para Buda hay un plano del ser que llama el “Ámbito de la Nada”, pero lejos de ser una ausencia, es una especie de singularidad espiritual, una potencialidad que puede transformarse en algo. Yo diría que un vacío potencialmente capaz de convertirse en energía y en vida. ¿Cómo? Si “colapsa”o si “nace”, para el budismo. Buda la describe como: “Un estado no nacido, no originado, no hecho y no condicionado”.

Derivo que quizá la nada es peligrosa si se toma demasiado en serio. Hay que enfrentarla con un carácter más que “lúcido”, “lúdico”, juguetón. No es burla, ni ligereza, es la protección que el buen humor nos da frente a lo que suele enloquecer por inescrutable.

¿Lo ven ahora? Lo importante no es llegar a una conclusión porque no la hay… O si la hay es suya. Sólo nadas parciales, semánticas, contrapuestas a realidades presentes, creadoras y destructoras. Una elección que no podemos evitar. Quizá lo provechoso es el juego mental de examinar posturas, de ponerle colores, de adivinar quién lo dijo mejor… y explorar convicciones o al menos la curiosidad intelectual. Porque quien no conoce la nada, lo ignora todo.

Y esto se los dice alguien que es Noda, es decir, casi Nada.

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Inmortalidad: te quiero, no te quiero…

Inmortalidad: te quiero, no te quiero…

Como las verdades individuales difieren tanto de las sociales, cada ser humano termina siendo un componente del inconsciente colectivo, una percepción para los demás y, por ende, una especie de mito.

Cada persona vive su vida como quiere pero su porvenir en la mente de los demás a veces ni se asemeja a lo que fue y, menos, a lo que hubiera querido que fuese.

Ciertos individuos, como el escritor Wolfgang Goethe, pensaron esto y trataron de preparar ellos mismos su imagen póstuma, su legado, su propio “mito” hecho historia. La Inmortalidad (1991), novela de Milan Kundera, refiere que hay quienes trabajan arduamente para aclarar cosas desde ya, acumular evidencias físicas, documentar los propios pensamientos… todo por un legado, algo que dejar a la mente indescriptible del mañana.

Goethe fue uno y Beethoven otro. Según la novela del checo una rivalidad entre ambos los llevó a interferir en forma sutil, en la “inmortalidad” del otro… con consecuencias que sólo el lector puede concluir. El caso es que muchos han querido modelar su imagen futura (o creer modelarla) de acuerdo con su mitología personal.

La “mitología personal” tiene algo que ver con la museología, es decir, el investigar, documentar, curar y exhibir piezas selectas de la cultura para que sean apreciadas socialmente. El mito es la historia personal (la museología del yo), tal cual querríamos que expresara nuestro universo. Es un ejercicio inconsciente de recreación, construida a sabiendas o no.

Uno va a muchos museos a conocer personas, no sólo obras. Sus uniformes, sus objetos personales, sus hebras de cabello. La megalomanía de unos o la adulación de otros reúne pertenencias de los líderes o gobernantes mientras están vivos: escritos, fotografías, cabos de tabaco, incluso banalidades como servilletas con marcas de pintura labial. ¿El objetivo? Preparar una exhibición futura.

Partes de La Inmortalidad se refieren a una museología propia. La cuidadosa construcción de una imagen posterior, de una identidad-en-los-otros cuando seamos nada. Esto es fascinante porque revela una exquisitez del egoísmo o del ego a secas: la precaria fabricación de una trascendencia o, al menos, de un comienzo.

A ésta se le suele llamar la “inmortalidad personal”, que vive en otros aún cuando su protagonista ya no esté entre los vivos.

Consideraciones

Físicamente, la medicina ha sido un (tímido aún) acercamiento a la inmortalidad, por medio de la prolongación de la vida (y la esperanza de vida misma, que ha pasado de escasos 30 años en épocas prehistoricas hasta más de 80 en países como Japón). La medicina, la biología y ciencias conexas registran y sistematizan conocimientos sobre el cuerpo humano y su entorno, lo matematizan hasta donde sea posible. Cada día se sofistica este conocimiento, descifra un flagelo y le caen dos o tres nuevos.

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Fuente: Politikon.es.

Se generan instrumentos, medicinas y regímenes que mejoran cada vez más el rendimiento de nuestra infraestructura frente a los embates del tiempo. ¿Nos hará eso inmortales? Algunos científicos afirman que sí, en algún momento del futuro. ¿Este siglo, el siguiente, falta mucho, nunca? Otros se pronuncian, más bien, por una sustancial prolongación de la vida que puede superar las centenas de años.

Otro grupo señala que el cuerpo humano tendría que evolucionar miles de años para adquirir esas capacidades, pero cifran esperanzas en la cibernética y la biónica que subyace bajo los “cyborgs”, es decir, humanos con componentes artificiales de altísima tecnología que compensen, sustituyan o repotencien la evolución del homo sapiens (que alcanza +4 millones de años desde los primeros primates bípedos).

El autor Ezekiel J. Emanuel, en un artículo de The Atlantic, explica porqué quiere despedirse a los 75 años. No es la capacidad de prolongar la vida sino el estado actual, bastante incipiente todavía. Una derrota al cáncer, por ejemplo, le daría un empujón. El desarrollo de la nanotecnología hará maravillas y así sucesivamente.

La religión y la filosofía han interpretado la inmortalidad desde muchos ángulos. En la epopeya asiria de Gilgamesh, de 4.000 años de antigüedad, el guerrero homónimo busca la inmortalidad tratando de intuir la voluntad de los dioses, envuelto en innumerables aventuras.

Los antiguos faraones la cultivaron, la vislumbraron y vaya que armaron su propia museología (con libro de ruta y demás). En la América precolombina tampoco fueron extraños los mapas de ultratumba para Incas y Mayas. No sabemos si algunos llegaron a la Casa de Ra o a las cuevas del Dios L, pero ciertamente muchos aterrizaron en museos de El Cairo, París o Caracas.

Los budistas ven un ciclo eterno de vida-muerte pero no como premio, sino producto de no lograr el Nirvana, de no aprender, lo cual nos obliga a empezar de nuevo el ascenso-descenso. De larva a campeón olímpico, de cocodrilo a Gary Kasparov y luego ¿a bacteria de nuevo?

La mitología griega castiga la insolencia de Sísifo con un eterno e inútil ciclo de energía potencial y cinética. Sube la piedra, suelta la piedra. Sin fin. Y los cristianos, ya sabemos, le dan a los pecadores una eternidad de martirios en las pailas ardientes del Averno.

Y tantos otros, poderosos o no, se refugiaron en la religión para alcanzar la vida eterna. Para el cristianismo, por ejemplo, la inmortalidad no es privilegio de los poderosos sino una recompensa que Dios le otorga a cualquier humano por su fe y adoración al creador, a su Hijo y a su credo. “Quien crea en mí vivirá para siempre”, dice Cristo en el Evangelio de Juan.

Nietzsche hablaba del “eterno retorno”, una teoría indostáncia que predice que en su eterno ciclo de destrucción y recreación, el universo tarde o temprano volverá a repetir el ciclo actual, de modo que en intermitencia, cada quien vivirá por siempre de la misma forma. Incluso sin saberlo. La reencarnación de las religiones hinduístas ve la inmortalidad como un reciclaje en la forma de vida, que mejora o degrada, pero continuo en un perpetuo cambio.

Ludwig Wittgenstein, el genio vienés del Tratado Lógico-Filosófico, apela a la esfera psicológica: “Si la eternidad significa, no la duración infinita temporal, sino la ausencia de tiempo, entonces la vida eterna pertenece a aquellos que viven en el presente”.

JL Borges la llamó “la eternidad del instante”.

Tres frases:

• “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad (nirvana); la falta de reflexión, el camino hacia la muerte.” Buda
• “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.” Arthur Schopenhauer
• “La manera de ser inmortal es morir todos los días.” Thomas Browne

La del cangrejo

Por una razón desconocida ha sido el cangrejo el ser vivo, no humano, cuya inmortalidad ha sido objeto de una frase popular, de canciones y hasta del poema de un gran escritor.

“Pensar en la inmortalidad del cangrejo” es, en esencia, decirle a la gente que alguien está en lo suyo y que se ocupen de sus propios asuntos. La mente divaga y, en momentos mágicos, puede incluso “pensar nada”. Ésa es la fulana inmortalidad del crustáceo.

Hasta Miguel de Unamuno le dedicó una estrofa:

El más profundo problema:
el de la inmortalidad
del cangrejo, que tiene alma,
Una almita de verdad …

Que si el cangrejo se muere
todo en su totalidad
con él nos morimos todos
por toda la eternidad.

Y no se pierdan la Inmortalidad del Cangrejo, aclamada novela del dominicano Edgar Smith. Para que vean que el animal que camina hacia atrás, quizá por esa idea de pensar en retrospectiva, nos ofrece una extraordinaria metáfora sobre pensar por pensar… ¿será que todo lo es?

La inmortalidad obligada

Si hay quienes lo considerarían un privilegio, examinemos leyendas y creencias que presentan el no-morir como un castigo o como un don que se transforma en tormento. “Tengo miedo de no morir”, advertía el inefable Borges. “No quieres inmortalidad porque lo dudas, sino porque le temes”, afirmaba por su parte el gran Francisco De Quevedo.

A Caín Dios lo castigó de muchas formas, una: vagar por el mundo. Otra: construir la primera ciudad. La leyenda dice que Dios lo mantuvo vivo, condenado a deambular per sécula seculorum. De allí derivan arquetipos como el del judío errante, que algunos folcloristas conectan con el atormentado vástago de la primera pareja. En otra versión Cartaphilus se burla de Cristo camino a la cruz o simplemente rechaza ayudarlo y es condenado a recorrer el mundo, sin objetivo concreto.

Borges (siempre Borges) le da al personaje un giro insuperable en “El inmortal”, un relato del libro Ficciones (1941). (Advertencia: se hacen menciones del desenlace del cuento). Un centurión romano se pierde en el desierto. Al borde de la muerte halla un riachuelo, bebe de sus aguas. Era el famoso río que, según Homero, otorga la inmortalidad.

Al lado de la corriente se yergue la imponente pero abandonada Ciudad de los Inmortales. Encuentra una entrada y luego de perderse por largas horas en un laberinto de piedra, al final llega a la abandonada ciudad y cuenta:

Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.)

Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión enorme de antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de los atroz, la de lo complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó.

La magnífica pero abandonada (y ulteriormente absurda) Ciudad está rodeada de trogloditas que vagan en la inmensidad de arena, una raza que come serpientes crudas y desconoce (o ha olvidado) el lenguaje. Un troglodita en especial sigue al héroe del relato como un perro y éste le pone por nombre Argos, el can de Ulises en La Odisea.

Al final, para sorpresa del oficial romano y sacudida del lector, los trogloditas son los inmortales, quienes hastiados de su condición, abandonan la magnífica ciudad y se tumban en las arenas del desierto a hacer nada, sin expectativas, sin maravillas. Uno tenía una barba de varias décadas, otro no se había movido en años. Y para ponerle la tapa al frasco, Argos, el troglodita que se adhirió al protagonista como un perro es nada más y nada menos que el mismísimo Homero.

Luego de deambular por edades medias y modernas, parece que Joseph Cartaphylus murió hacia finales del siglo XIX, dejando un manuscrito que Borges transcribe. Versiones del errante, si no Caín, al menos de su estirpe.

Un cuento mío habla de la apuesta, primero, y luego del pacto entre un genio de lámpara arábico y su “cliente”. Allí uno de los dos es “condenado” a la eternidad o a una longevidad ridículamente larga.

Como ven, hay muchos ejemplos en la tradición, la religión y el folklore. Hasta la cultura popular los refleja.

Los dioses, por naturaleza, son inmortales pero en la Grecia antigua podían morir. La teocracia hebrea por su parte reconoce eternidad en todo ente superior, léase de ángel hacia arriba. Quizá por esa “garantía de origen” se le hace tan difícil a Dios destruir a Satanás y se plantea en el Nuevo Testamento cristiano un Armagedón, un equivalente universal de la Guerra Mundial.

Más conocida es la epopeya de los vampiros y su “superestrella”, Drácula. Maldito por Dios, el antiguo guerrero balcánico no moría, pero tampoco tenía una vida muy libre que digamos: el suelo húmedo de Transilvania le era indispensable, así como la protectora oscuridad de la noche o la vitalida de la sangre ajena. En la mitología hollywoodense incluso rechazaba enérgicamente cruces y ristas de ajo, que para entonces estarían en cada esquina.

Al final Drácula muere (solo para que la cultura popular lo reviva en una próxima versión).

En un ensayo sobre viajes en el tiempo menciono que:

Hay un film, un tanto subestimado al principio, pero que ha ganado prestigio con el tiempo: Día de la Marmota, de 1993, protagonizado por Bill Murray. Yo esta película no me canso de verla. En vez de un viaje, ocurre allí una permanencia en el tiempo. No importa qué hiciera (incluso matarse), ni cómo lo terminara… siempre amanecía en la misma cama, a la misma hora, en el mismo exacto día, el cual podía cambiar pero no evitar que se reiniciara ad infinitum. Es un ciclo desesperante, que le hace vivir muchas vidas sin salir del mismo día y le cambia el mundo para ¿siempre? Al final siempre transcurrió el tiempo, porque el protagonista cambió notablemente.

Puede ver un trailer en español doblado en España.

Vivir para Siempre

Otro relato, recogido cerca de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve.

De JAMES GEORGE FRAZER, “Bolder and Beautiful” vol. I (1913).
(De la Antología de la Literatura Fantástica de Borges, Bioy y Campos)

Así, amigos, entiendo que muchos se queden con la modesta pero predecible mortalidad de los agnósticos…

Epílogo

Tal vez la inmortalidad sería invariablemente insoportable para cualquiera. Muchas culturas prefieren los ciclos, para que la evolución o la transmigración no nos transformen en judíos errantes.

Ahora ¿tengo una posición al respeto? No, todavía. Me parece tan incebiblemente larga que ya habrá tiempo si ocurre y no importará si no. Me entrego a lo que la vida tenga deparado. La nada absoluta también es una posibillidad, aunque le tengamos tanto miedo.

Por los momentos, sea lo que queda o apenas el punto de un prólogo, me fascinan cuántas visiones distintas apuntan a la terrorífica posibilidad de seguir y seguir y seguir. Para bien o para mal; en eras completas o sin fin; con premios o sin dotes; uniformes o progresivas…

Para mí solo seguir, por los momentos, sería suficiente…

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ILUSTRACIONES: Lúdico.

UNA NOTA SOBRE ESTE ENSAYO

  • Su objetivo no es práctico, sino intelectual y catártico.
  • Es una lista de items que recuerdo o que me ha alegrado encontrar sobre un tema específico.
  • Si alguien siente que el autor “no incluyó” algo, les sugiero que agreguen esos recuerdos o hallazgos en la caja de comentarios.

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Momentos estelares de la astronomía antigua

Momentos estelares de la astronomía antigua

Hitos de hace siglos sobre el cielo y sus componentes.

A José “Chegoyo” Álvarez-Cornett

Para el homo sapiens prehistórico el cielo quizá estaba adherido a la Tierra. Muy lejana esa bóveda llena de extraños objetos brillantes y ese fuego enceguecedor, pero prolongación de montañas y horizontes al fin.

No se conoce esa transición de la observación práctica o mística del cielo a la astronomía, pero pueden seguirse algunos pasos, a ver a dónde nos llevan. El camino que propongo es lo que llevó a la  ciencia astronómica.

Lo que sigue es un compendio personal, con datos que voy seleccionando sin el rigor de la academia. Faltarán aquí muchas maravillas, pero no dejo de mencionar mis favoritas.

El evento histórico más antiguo que registra la Cronología de los Inventos (1989) de I. Asimov ocurre aproximadamente 6.000 años atrás: la invención de los relojes de sol, en Egipto. Incluso dividieron el arco que sigue la sombra de una vara o punta en 12 partes u horas. Inauguraban así el medio día (la otra mitad ocurría en la sombra).

Los mesopotámicos, hacia 2800 aC, agregaron esos días en grupos estacionales que el reloj de sombra no podía medir. Uno muy obvio tenía que ver con la luna: una vuelta de nueva a plenilunio de 29-30 días, el llamado “mes lunar”. Hay también otras correspondencias, como el ciclo menstrual o grupos de meses coincidentes con las estaciones.

De modo que entre el Tigris y el Eufrates se crearon ciclos con años lunares de 12 o 13 meses, estaciones incluidas. Los egipcios fueron más precisos y no miraron al cielo sino a los desbordamientos anuales del Nilo y determinaron entre 360 y 365 (¿les suena familiar?) el número de días que duraba tal año. Esa es la base de los calendarios modernos.

Mil años después los sumerios desarrollaron un sistema de numeración basado en el 60, fácil de fragmentar (divisible entre 9 números distintos) y capaz de definir el minuto (60 segundos) y la hora (60 minutos). Seis veces sesenta es 360 y ese número mágico fue aplicado al círculo, dividido en grados: 90° es un cuarto; 180° la mitad; 360° vuelta completa.

Así se logró relacionar la trayectoria del Sol con cada grado (día), predecir su ubicación y por tanto los eventos repetitivos: lluvias, sequías, cosechas. Luego invadiría aspectos menos cíclicos: sentencias carcelarias, plazos de pago, tiempo de una asignación de trabajo, etc. Esta división del tiempo ha sido clave para organizar la sociedad humana, para saber cuánto duran las cosas, para poder contestar “¿Cuántos años tienes?” (aunque algunos no quieran contestarlo).

Al colocar la rejilla en el cielo, los mesopotámicos encontraron “estrellas” que no rotaban uniformemente (cinco, para ser exactos), los planetas visibles al ojo. Siglos después los romanos le dieron a este arreglo una mitología que aún se conserva: sumada la luna y el Sol a los cinco “errantes” (eran ya siete planetas), las llamaron como sus dioses: Mercurio, Venus, Saturno y así trasladaron las denominaciones a los días: jueves por “Júpiter”, martes por su homónimo, etc.

La semana de siete días, que había sido inventada en Mesopotamia, era ahora un pilar social, una referencia para organizar la acción y la memoria colectivas. Cada día consagrado a un dios.

Registros orientales, mesopotámicos y del Medio Oriente

Los astrónomos chinos estaban activos tan lejos como 2.000 años aC, cuando se registró por primera vez un eclipse y se anotaron los tiempos de rotación al cielo de algunos planetas como Júpiter.

En esto los asiáticos probaron ser minuciosos y sistemáticos, porque sus anales estelares detectaron varias novas y supernovas (estrellas que estallan muy lejos y se ven como luceros que aparecen de un día para otro). De estos eventos hay noticias tan lejos como 1400 aC.

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Astrónomo chino según estampa antigua.

Además, dieron fe del paso de un cometa en 613 aC (quizá el Halley).

Ciertamente la navegación fluvial había sido inventada siglos antes, pero las aventuras marítimas más antiguas registradas comenzaron hacia el 1100 aC (aproximadamente la época del faraón Akhenatón).

Los fenicios subieron su cabeza hacia las estrellas para guiarse: la Osa Mayor indicaba no sólo el norte, sino los demás puntos cardinales. De modo que con ésta y otras guías estelares que aparecían y desaparecían en el año, los fenicios agotaron el Mediterráneo y salieron al Atlántico, a las costas de África occidental.

En 585 aC los imperios más poderosos seguían en el valle del Eufrates-Tígris. Es curioso, por cierto, pero las naciones más grandes y prósperas solían aportar los avances astronómicos y, quizá, científicos en general. Parece que hace falta un superávit material y de seguridad, para que los curiosos y científicos puedan escrutar y analizar los cielos.

El caso es que los astrónomos babilonios (para entonces tenían cautivos a los judíos en su tierra) hicieron un recuento preciso del tránsito del Sol y la luna por el cielo y anticipaban cuándo se cruzaban y, como ocurre en los eclipses, se bloquearan mutuamente. Este conocimiento proporcionó gran poder a los sacerdotes-astrónomos-astrólogos: la comprensión y predicción de los “eclipses” (nombre actual acuñado por los griegos).

Se dice que Stonehenge, en Inglaterra, estaba dispuesto para registrar o predecir ciertos fenómenos celestes, incluyendo los eclipses. La construcción primigenia de este observatorio-altar supera en longevidad incluso a las pirámides, en la Edad de Piedra nórdica.

La ciencia astronómica griega

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Ilustración: Lúdico.

Los griegos llevaron la astronomía (y la ciencia en general) a un nivel muy avanzado, entre 500 aC y el siglo III dC. La palabra “astronomía” misma tiene raíces helenas.

En los quinientos años posteriores los griegos dominaron la astronomía, con un número sosprendente de aportes, en un marco más científico que nada de lo que se hizo antes.

Mientras la tradición relacionaba los eventos celestes con la divinidad, la ciencia griega exhibió una independencia nunca vista y, acaso por primera vez, individualidad e identidad de los autores: Pitágoras, Euclídes y sus respectivas obras, corrientes y escuelas.

No se conoce con nombre propio la mayoría de los autores egipcios, ni babilonios, ni fenicios. Pero los griegos comenzaron a ponerle firma a sus ideas. También surgieron, acaso por primera vez, filósofos o autores autodeclarados ateos o agnósticos, pioneros en atribuir causas no místicas a los fenómenos.

Este es un comentario fuera de línea, que solo se permite en las recopilaciones informales.

Hacia 500 aC. Pitágoras, fundador de la matemática “de autor”, parece que viajó a Babilonia y conoció de primera mano las técnicas de observación y escudriñamiento del cielo nocturno. Fue este maestro quien refutó la idea común de que había un lucero de la tarde y uno de la mañana: ambos eran el mismo, nombrada por él Afrodita y llamada Venus por los romanos.

Dicen que Tales de Mileto, hacia 580 aC, predijo un eclipse que detuvo una batalla entre los Lidianos y los Persas. El oscurecimiento del cielo hizo que ambos ejércitos se retiraran. Contemporáneo al de Mileto, Anaximandro planteó el primer modelo astronómico conocido que excluía las fuerzas divinas.

Pitágoras y sus discípulos (hacia el 550 aC), enamorados de las esferas, propusieron un modelo de sistema solar en el cual la Tierra era central y los astros giraban siguiendo trayectorias circulares, dentro de esferas invisibles que giraban concéntricamente. Las estrellas, se decía el del célebre teorema, tenían que ser esféricas también.

El sentido común –sin herramientas científicas- produce una visión “geocéntrica” del universo. El Sol gira alrededor de la Tierra e igual así las estrellas y la luna. El planeta, plano o esférico, se mantiene estático o, al menos, más fijo que el inquieto cielo. Así parece corroborarlo lo que percibimos e inferimos. La astronomía hasta los griegos clásicos era esencialmente geocéntrica, anclada en nuestra perspectiva de observación.

Para colmo, uno de los más grandes y respetados pensadores griegos, Aristóteles, defendía un modelo geocéntrico que, sofisticado por otros griegos como Hiparco y Ptolomeo, fue el canon por casi dos mil años.

No obstante el camino para sacar el centro del universo de la Tierra había comenzado. Tan lejos como el siglo V aC Filolao propuso que el planeta y su cielo giraban sobre un centro invisible, podría decirse el centro de una galaxia o algo por el estilo. Su propuesta, no obstante, fue ignorada.

Un siglo después Heráclides, quien aceptaba que la Tierra fungía de centro, propuso que algunos cuerpos giraban alrededor del Sol. Era la primera vez que el diligente astro rey se le imaginaba fijo, centro del giro de “estrellas más pequeñas” (eran planetas).

Estos modelos, sin embargo, no salían del geocentrismo, del apego a la perspectiva terrestre, provincial y entregada al presentismo.

Marchas atrás a futuro

Hacia 350 aC el matemático Eudoxio dibujó el primer mapa del cielo con nomenclatura moderna, es decir, líneas imaginarias equidistantes, fijas, del cenit hacia abajo y otras perpendiculares. El cielo era ahora una cuadrícula con longitudes y latitudes, referencias indispensables para ubicarnos en un momento y lugar determinado.

Si bien hubo intentos anteriores de darle al universo otros ejes y centros, el verdadero salto cuántico lo dio Aristarco de Samos, quien postuló hacia 280 aC que la Tierra rondaba al Sol y que éste era el centro del Universo. Mil ochocientos años antes de  Copérnicoy su modelo heliocéntrico, sólo que pasó “por debajo de la mesa” ante modelos más “obvios” al antropocentrismo.

Modelo geocéntrico de Ptolomeo, según ilustración del siglo XVI.

Modelo geocéntrico de Ptolomeo, según ilustración del siglo XVI.

También hizo lo suyo Aristarco calculando distancias: la de la luna y el Sol, que fueron inexactas (por falta de instrumentos adecuados) pero correctamente inferidas como la grande muy lejana y la pequeña más cercana.

Contemporáneo al de Samos, Eratóstenes calculó en Egipto la circunferencia terrestre hacia 240 aC. de una forma por demás ingeniosa. En verano, al mediodía, una vara de cierta longitud no proyectaba sombra alguna en la ciudad que ahora se llama Asuán, al sur de Alejandría. El sol emitía una luz perpendicular al plano terrestre en ese lugar, a esa hora. No obstante, en Alejandría una vara de la misma longitud producía una sombra con un ángulo de 7 grados.

¿Qué significaba esto? Que la Tierra era esférica y que, si se conocía la distancia entre las dos ciudades, se podía calcular el diámetro de la circunferencia terrestre usando trigonometría. Para asombro moderno, el matemático griego logró la longitud en 40.225 km, apenas unos kilómetros del cálculo moderno: 40.066 km.

Cerca de 134 aC otro célebre astrónomo, Hiparco, compuso un catálogo estelar e inauguró la llamada “precesión”, el cambio paulatino del curso estelar a lo largo del eje polar, que puede trazarse hacia atrás. El sabio también catalogó la posición y brillo de las estrellas más notables.

Entrada ya la era común, el modelo geocéntrico de Aristarco nunca logró aprobación y se impuso, como sabemos, el de Aristóteles. Hacia 140 dC un astrónomo heleno de Alejandría, Claudio Ptolomeo, “perfeccionó” el sistema heliocéntrico tradicional con un modelo que dominó la cosmología medieval hasta el siglo XVI.

Según Ptolomeo la Tierra era el centro inmóvil del universo. Alrededor del planeta, se sucedían esferas concéntricas en un intrincado arreglo. Los siete “planetas” (la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) giraban en círculos (epiciclos) que rondaban otras esferas (deferentes). Las estrellas fijas tenían su propia gran esfera externa.

Su obra sobrevivió y se popularizó gracias a los árabes, quienes la compilaron bajo el nombre Almagesto (“Gran Tratado”). La razón de su vigencia es que predecía satisfactoriamente la posición de la mayoría de las estrellas conocidas y sólo comenzó a mostrar su insuficiencia cuando la tecnología telescópica comenzó a revelar nuevos cuerpos celestes que no obedecían a los giros esféricos.

Es paradójico que la inigualable astronomía griega, luego de postular la mayoría de los modelos correctos o actualmente reconocidos, cerrara su etapa clásica con este sistema geocéntrico que probó estar plagado de errores antropocentristas.

Pero lo que legó aún domina la visión desde la Tierra del cielo y la concepción científicamente aceptada del Sistema Solar.

El cielo de Perú antes de Colón

astronomia1En marzo de 2007 se anunció el descubrimiento del observatorio solar más antiguo de América, en el monte Chankillo de Perú, con más de dos mil años. Un conjunto de trece torres alineadas de norte a sur, seguían la pista del Sol año tras año. Como se aprecia en la foto, un muro doble, concéntrico, lo hace un espacio cerrado.

Un año antes, en mayo de 2006, se desenterró el primer observatorio americano, en el Valle del Chillón del mismo Perú. Un hallazgo que dejó impresionados a los expertos, que no esperaban tanta sofisticación científica y social hacia 2.200 aEC. El Templo del Zorro (como lo llamaron sus descubridores por una figura tallada del animal) “marcaba” el paso de los astros para señalar eventos claves: las crecidas del río Chillón, las cosechas, los cambios de estación.

Ahora ¿quiénes fueron estos constructores? Dos mil años antes de la Era Común todavía existía Sumeria y la pirámide más antigua tenía apenas cuatrocientos años. Se sabe muy poco de estos pueblos ancestrales, no se ha conseguido lenguaje escrito, ni restos humanos. Conocían el cielo por lo que se deduce de sus diagramas y sus habilidades constructivas eran sólidas. Pero nada más, por los momentos.

Los Incas se formarían como nación 3.200 años después, hacia finales del sigo XIII EC. Y desde su cercanía al Ecuador planetario, hicieron mapas del cielo para acompañar sus complejas ceremonias religiosas y para fines prácticos, claro, como la identificación de los solsticios. Por eso el Sol (llamado “Inti”) era central y se han hallado templos dedicados al Sol del siglo XV EC.

En Cusco, la capital del imperio, los registros españoles dan fe de un calendario solar público, cual instalación, un conjunto de pilares que visto desde ciertos ángulos indicaba la fecha. Al Sol también le dedicaron plataformas pétreas llamadas “Ushnus” (Huascas) que abarcaban el imperio.

Los recorridos del Sol y la luna, entonces, generaron meses de 27 días y años de 328 días y se dice que había igual número de Huascas sagradas diseminadas en el territorio andino con Cusco como su centro.

Parece que el conjunto estelar de Las Pléyades era un indicador importante, dado que los 37 días en que aparecían en la bóveda equivalían justamente a la diferencia entre el año solar inca y el lunar.

Es notable cómo este pueblo usó “constelaciones inversas”, cuyos dibujos obedecían a las áreas oscuras del cielo. Por ejemplo, la franja negra en el centro de la Vía Láctea fue representada con una perdiz. Una serpiente reptaba entre Sirio y la Cruz del Sur. Y así, otras hermosas figuras que llenaron las sombras…

Epílogo

El cielo observable y discernible ha sido la primera y más antigua interfaz gráfica de usuario. Con poco más que la observación el ser humano ha logrado discernir realidades muy lejanas (el comportamiento de los cuerpos celestes, por ejemplo) y, mejor aún, infinidad de cuestiones prácticas: hora del día, ubicación, fecha en el año, estaciones o fenómenos recurrentes.

La astronomía (incluido el Sol) ha sido como una primera escuela y como un tutor mudo pero elocuente de la regularidad. Ha tomado no solo pueblos, sino “las” generaciones. El legado antiguo es como una historia en sí misma: tuvo sus debates fijo-errante, plano-esférico, perfecto-imperfecto. Incluso, diría yo, con-dioses o sin éstos.

En algunos casos proporcionó modelos fallidos. Pero en otros dio en el blanco, descifró fenómenos físicos complejos y lejanos con sorprendente precisión. Dejaron los fundamentos de un edificio astronómico que perdura en lo esencial.

Si observamos la historia, son los mismos astros y elementos (Sol, Luna, planetas, estrellas, asteroides, desechos, nubes) los que vemos cruzar el espacio del día y de la noche, hoy y hace cuatro mil años. Por eso lo siento una escuela, de la cual los cursos en línea gratuitos serían el más cercano equivalente en internet ¡ah, y Google Sky por supuesto!

Creo -y esto es pura especulación personal- que tendemos a temer las cosas físicas demasiado profundas o altas. Por eso la bóveda celeste es como un tapiz plano. La aplanamos. ¿Nos aterra el abismo que está arriba?

No me hagan caso, son meras provocaciones.

Si recordamos que lo visto en el cielo ocurrió realmente hace cientos y a veces millones de años, la conexión con los antepasados resuena.

¿Y saben cuándo se acrecienta más? Cuando salimos en humilde silencio y contemplamos el cielo nocturno, tan desprovisto de resplandor citadino como sea posible, y nos perdemos en esa inesperada y súbitamente profunda ventana al universo.

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ILUSTRACIONES: Lúdico.

UNA NOTA SOBRE ESTE ENSAYO

  • Su objetivo no es práctico, sino intelectual y catártico.
  • Es una lista de items que recuerdo o que me ha alegrado encontrar sobre un tema específico.
  • Si alguien siente que el autor “no incluyó” algo, les sugiero que agreguen esos recuerdos o hallazgos en la caja de comentarios.

 

PlazaOdot.com

Equis (X)

Equis (X)

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La X es una superestrella.

Por un lado es una letra, por otro un signo. Más allá: un concepto evanescente, ignorado por los filósofos pero venerado por la cultura popular. Y en este último se crece. (más…)

¿Cómo botar la casa por la ventana?

¿Cómo botar la casa por la ventana?

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En Venezuela se usa la expresión: “Botar la casa por la ventana” en el sentido de lucirse, de deslumbrar con un evento, fiesta, celebración. De allí se deriva “botarse” como superar las expectativas.En otros países de habla hispana cambia a “tirar la casa por la ventana” con igual sentido.

El otro día pensaba cómo ejecutar ese dicho rigurosamente, es decir, cumplir su significado más textual, básico y literal. Digamos:

Cómo deconstruir una casa y sacar las partes y fragmentos por una ventana. Para complicar el asunto: por una de sus propias ventanas, no por una fuera de ella. ¿Dónde están los átomos, cómo se sostiene, es posible rearmarla al salir por la ventana, etc?

Ese fue un post en mi perfil de Facebook. Para este ensayo, me gustó consultar a amigos. No mucha gente se enfrasca en este tipo de conversación. ¿Cómo podría yo, solo y sin ayuda, botar una casa por la ventana? Juancé Gómez dijo al principio: “Es una paradoja y por tanto, imposible de realizar”. Juancé es escritor y dramaturgo, su universo es la creación, así que yo sabía que iba a repensar esta respuesta porque a la mente creativa le cuesta mucho el “no se puede”.

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Una línea de resultados en Google Images bajo: “Botar la casa por la ventana”.

Intenté volver a lo básico:

Supongamos que ya hemos sacado todo por la ventana excepto la ventana misma. ¿Cómo pasarla? Si se parte en miles de fragmentos ya no es la ventana ¿o sí? Si se estira, dobla o compacto podría pero ¿cómo? Tiene que quedar la ventana intacta incrustada en la casa intacta.

Yo tenía dos conjeturas con la seguridad que da la inspiración, no la comprobación:

  1. La casa se fragmenta en pedazos y estrictamente cada molécula que se retira se sustituye por una molécula exacta pero de otra materia. El resultado es la misma estructura pero hecha con átomos distintos. La ventana, obviamente, se desarma y pasa por una ventana que se sustituye a medida que fragmenta para pasar.
  2. Otra: La ventana da la cara hacia abajo, como si fuese un embudo. La casa se levanta muchos metros en el aire y se fractura de forma que todo cae por el embudo, que es de una goma finalmente capaz de revertirse y precipitarse.

Intervino Alexandra De Castro:

Puedes pegar la ventana a un agujero de gusanos y transportar las piezas en tiempo y espacio. Eso sí, a medida que desmontas la casa, te enfrentarás a la duda existencial sobre qué es una casa, si lo que te va quedando es una pared pegada a una ventana, ¿aún tienes una casa? Si lo transportas átomo por átomo vas a evaporar literalmente la casa y entonces los objetos dejaran de tener sentido, sillas, escaleras, paredes, no habrá como reconocerlos. Puedes usar un concepto abstracto geométrico. Como por ejemplo revertir lo de adentro para afuera, como si fuera una franela a través del cuello (el cuello sería la ventana). En ese caso, en teoría la casa ya está afuera.

Lo anterior es clave y Alexandra lo sabe bien. Física de profesión, trabaja en un instituto de investigación en Holanda. No se trata, pues, solo de la ventana que ya no existe cuando se fragmenta; sino que la casa misma ya pierde su integralidad cuando está hecha de moléculas dispersas.

Un “agujero de gusano” es un objeto astrofísico muy peculiar. Por algo lo señala Alexandra. Wikipedia:

Esencialmente es un «atajo» a través del espacio y el tiempo. Un agujero de gusano tiene por lo menos dos extremos, conectados a una única «garganta», pudiendo la materia ‘desplazarse’ de un extremo a otro pasando a través de ésta (SIC). Hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia de que el espacio-tiempo conocido contenga estructuras de este tipo, por lo que en la actualidad es sólo una posibilidad abstracta.

Se entiende que, de acuerdo con lo que se cree de estos hipotéticos objetos, con el debido diseño una “casa” podría colocarse en una boca del agujero y absorberse de forma que, ya no sus átomos sino sus partículas elementales se trasladan a velocidades fantásticas en una especie de “licuación” que permitiría mayor facilidad para descomponerla. Pero esto sigue sin responder cómo hacer para pasar las partículas por la ventana misma y, sobre todo, las partículas de la ventana misma.

Hmmm ¿Cuestión de diseño?

Ideasourcing

Sobre esta cuestión de identidad Samuel Villegas, un ingeniero con alma “geek” dejó esto:

Lo mas irreal de una realidad, es su parte “real”… Juguemos el juego de sacar de la ecuacion, y darle una nueva perspetiva…-> Saca “la casa” de la ecuacíón “conversatoria”, y sigan le conversa “cuen-tica” (de cuenticos colaborativos) … La “grave-dad” de la casa … es una variable … La Casa y sus partes (¿igual al todo de la Casa?) son otras variables…

Samuel:

Imaginemos que 1. “No Hay gravedad” … 2. Imaginemos que cada parte de la casa, y la casa toda es “lega-ble” (doble connotación, of course, de partes tipo LEGO, y legar) 3. Imaginemos “El mover, el todo o sus parte” de un punto espacial a otro. 4. Imaginemos los resultados finales de mover la casa con o sin “grave-Dad”, con o sin poder “lega-rla” , y dejando la casa donde estaba, y solo “moviéndonos” nosotros sin ella …. finalmente, imaginemos que la casa y sus partes son una nueva versión del Popol Vu y cada parte le salen paticas y se van caminando solas del viejo sitio al nuevo … y roguemos que este último escenario “no se rebelen” las partes de la casa … jejeje.

Lo de Samuel -me parece- es cuántico y raya en lo metafísico. Ya Alexandra había apuntado el dilema filosófico de cómo pasar una casa que se fragmenta en una masa que ya no es casa, para tirarla por una ventana que también se desintegra para pasar a través de sí misma. Bueno para agregar a las Paradojas de la lógica de ese artículo anterior.

Juancé, en un poderoso insight propuso:

La única manera que se me ocurre es pasarla a través de un agujero negro en el centro de la galaxia para someterla a un proceso de espaguetificación y en el momento crítico de estiramiento, voltear la ventana (como si fuera una media) y comenzar entonces a sacar todo por ahí. Fácil, cuando sabes cómo hacerlo.

Representación de una Botella de Klein.

Representación de una Botella de Klein.

Me vino a la mente la Botella de Klein, ese extraño objeto que podría o no tener adentro ni afuera. Se define como una “superficie no orientable abierta cuya característica de Euler es igual a 0 ; no tiene interior ni exterior.”

Pero parece que, sin estas dos características básicas (interior y exterior) no podría haber una casa y mucho menos una ventana que comunica ambas áreas. Lástima.

Tampoco la “Cinta de Möbius” que según Wikipedia es “una superficie con una sola cara y un solo borde. Tiene la propiedad matemática de ser un objeto no orientable.” Eso, quitándole varias capas de “nerdismo” podría expresarse como que, matemáticamente, una banda o cinta de esta naturaleza no tiene dos lados aunque lo parezca. Es un plegado de superficies.

— ¿Para qué pasó el pollito una Cinta de Möbius?
— Para llegar al mismo lado.

Línea de resultados sobre "Cinta de Moebius" en Google Images.

Línea de resultados sobre “Cinta de Möbius” en Google Images. La banda de Möbius es una superficie no-orientable con una frontera (su frontera es una curva cerrada simple).

Había que establecer algunas reglas. Por ejemplo: ¿se puede sustituir lo que se deconstruye por algo nuevo que no sea la casa pero que tome su forma?

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M.C. Escher es un maestro del cambio y la permanencia en fascinante equilibrio. Esta ilustración: “Cisnes” de 1956.

Por ejemplo, se pulveriza la pared donde está la ventana pero cada ladrillo y cemento se sustituye por uno nuevo de modo que la vieja casa pasa por la ventana pero es sostenida por una distinta que la sustituye.

¿O puede haber un ejercicio como el que dicen Alexandra y Samuel, que implique dimensiones donde el espacio-tiempo es flexible, no euclideano?

Alguien que hay que considerar es M.C. Escher, a quien dedicamos un ensayo y un portafolio.

Alexandra comenta algunas de mis conjeturas:

Sustituirla es una buena solución. Si la vas sustituyendo, entonces pudieras botarla infinitas veces por la ventana. Siempre que tengas infinitos recursos.

Samuel ya anda más allá de lo cuántico:

Luego quedan las compuertas cuánticas que convergen en lo espiritual. Allí surge un nuevo vector: Y “el espíritu de la casa”… ¿se querrá mudar, junto a la parte material, a la nueva locación espacial-espiritual?

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Black Hole House en Houston, Texas. Solución escultórica a un episodio de absorción gravitatoria pero en este ejercicio la imagino al revés: expeliendo la casa en láminas para que se reconstruya luego no sabemos cómo.

Más opciones

Casi escurridas mis neuronas “nerds” se me ocurrió:

Otra opción es que construyamos una casa gigantesca y la lancemos a un agujero negro. Si el cálculo es correcto y el marco de la ventana está hecho de un material millones de veces más fuerte que el resto y la casa está diseñada como un embudo, quizá, solo quizá, todo sea absorbido a través de la ventana incluida ella misma pero de forma que cumpla el precepto.

Samuel Villegas no se rinde:

Si el gusano del agujero que te “elige a ti” como posible puente/ventana para “mover” la casa , no “se tuerce” en el camino, entonces puede haber una probabilidad de lograr “botar la casa por la ventana de entrada” hacia ella misma… pero en otro espacio-espacio…

Eddy Gugliotta, un amigo diseñador y constructor de casas, nivela el terreno de discusión:

El sistema que usamos es muy práctico: Vendemos todo lo que podemos como escombros, y luego, un bulldozer, una manguera de agua y unos cuatro trabajadores, y finalmente una grúa de clamp y un camión para botar los escombros en sitios asignados.

La gente ha hablado. A mi juicio, lo más interesante de este juego es que lo literal puede generar los más fantásticos o conjeturales escenarios. Es la reducción al absurdo de asignarle al lenguaje un estatus de realidad absoluta. Y también es una exploración de lo poco o mucho que  sabemos del universo físico, según se le mire. Yo lo miro como bastante y admirable.

Volviendo al tema: la respuesta a cómo botar la casa por la ventana no es concluyente. Supongo que hay otras posibilidades, que espero los queridos lectores asomen en comentarios.

Todo vale: la casa elástica, la cuántica, la lanzada al agujero de gusano o la “casa-camisa” de Alexandra. O la casa hacia el agujero negro. La casa-embudo, la tipo calcetín de Juancé, la casa-abstracción de Samuel. Quizá la máquina necesaria para botar o tirar una casa por la ventana sea tan fabulosa que requiera la potencia de una estrella, la imaginación de mi lector, el conocimiento de varios Stephen Hawking y el bulldozer de Eddy.


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Kayya publica un enigmático tuit que tiene intrigado al mundo

Kayya publica un enigmático tuit que tiene intrigado al mundo

 La popular cantante y actriz Kayya lanzó un mensaje desde su cuenta de Twitter que ha puesto a medio planeta a  conversar y polemizar intensamente.

Fernando Nunez-Noda

El tuit apareció hace dos semanas y contiene una extraña clave:

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La celebridad de la música pop y la reality TV se encontraba en Los Angeles para la grabación de su tercer álbum, aún sin nombre. “Todos conocemos la relación de amor-odio que tiene Kayya con la meca del cine”, comentó Sam Levinson del Los Angeles Swing, “la diva no iba a dejar de aludirlo aunque de forma misteriosa y poco definida”.

La cuenta de Kayya es seguida por más de 35 millones de personas. La de Instragram por 12 millones. Periodistas, reporteros y líderes de opinión de todo el país han tratado de contactarla para comentarios, pero sin suerte,. Se ha recluido en un lugar no revelado y no ha tocado sus cuentas de social media desde entonces. El publicista de la estrella declaró: “Kayya y solamente Kayya puede arrojar luces sobre el significado de ese tuit”.

El revuelo sacudió las redes, con más de un millón de retuits en la primera hora. Rápidamente surgieron hashtags como #WhatKayyaWhat #DidYaMeanLakq #SayAgainBitch, así como menciones en los monólogos de los principales talk shows de la nación.

David Letterman (antes de retirarse):

lakq 42tg#fff oooohddd ,NB 7ooeueieie KQ SFS” es lo que cualquiera contestaría si le piden que resuma el Obamacare en pocas palabras.

Conan O′Brien:

La famosa diva Kayya envió un tuit que parece puro sinsentido, hasta que científicos de la NASA hallaron la respuesta: era un mensaje de amor para Justin Bieber que él sí pudiera entender.

Pero bromas aparte, el críptico texto disparó una conversación muy intensa en redes y en los medios. La famosa bloguerapaparazzi Roma Marriott especula que el mensaje es el de:

Una mujer aún sentida por la infidelidad de su ex (el rapero Mob-U), que expresa su dolor y lanza un grito de auxilio. ¿Quién puede negar que “ooeueieie” es el “oleroleri oleri oleri” moderno?

Vajy Na, columnista del Plain Gossip, expresó que:

En el mensaje no hay clamor, más sí un canto alzado como un atardecer de verano, hay emociones  contenidas desde hace tanto tiempo. Kayya ha podido soltar parte de su intensidad, pero obviamente de forma agolpada y confusa, con las limitaciones lógicas de 140 caracteres o menos. Nada ha sacudido la conciencia nacional desde aquel tuit vacío de Kim Kardasian el año pasado.

Ashley Vode, Presidenta del Club de Fans de Kayya capítulo San Cupertino, ha promovido una petición a Twitter para que amplíe el número de caracteres en un tuit de 140 a 520, el número aproximado de una estrofa de amor completa de Kayya. “¡Su grito de ′locura lúcida y  desgarrada′ merece el espacio adecuado, no la camisa de fuerza de esos cortos recuadros”, dijo Vode por Facebook.

kayah-kardasian

El famoso tuit vacío de Kim Kardasian, que causó sensación el año pasado.

Entran lo semiólogos

El tema se hubiera aplacado si la mañana del lunes pasado, en su famoso programa mañanero Wake up lazies!, Kathy Hemp no hubiese entrevistado a la famosa astróloga-semióloga Top As Io. La célebre autora del best-seller Conciencia Sin Ciencia explicó:

Lo de Kayya es un mensaje místico para el ojo entrenado (entrenado por mí obviamente). Veamos:

lakq es sin duda una alusión a un lago (lake), la Q debe descifrarse según el alfabeto místico de la tribu Solta, la Q es símbolo de paz, por lo cual Kayya anuncia su intención de comprar una casa a la orilla de un lago para recuperar la tranquilidad.

42tg#fff debe leerse: cuando tenga 42 años (actualmente tiene 27) ya no tendrá etiquetas (tg se entiende como “tag”), el hashtag expresa la necesidad de hablar corto y rápido. Las tres F son una onomatopeya: fffffffff. Un respiro bucal como señal de dejar afuera la mala vibra.

El Dr. Wittwig Ludwignstein, jefe de la Cátedra de Semiología y Ciencias A la Vista de UCLEI, difiere de este análisis:

La clave está en: oooohddd ,NB 7ooeueieie KQ SFS. ooooh es exclamación en cualquier contexto y cuatro O son O4 = “ozoxono”, una molécula con un átomo de oxígeno más que el ozono. ¿Queda claro? La diva nos advierte que el peligro de una vaporización ozónica es inminente y que la única forma de contrarestarla es aportar un átomo más de oxígeno por  cada tres existentes en el proceso de reparar el agujero en la capa de ozono terrestre. ¡Brillante! Ahora ¿qué hay con ddd? En inglés: “Deactivation, Decontamination, Decomissioning”, es decir: “Desactivación, Descontaminación, Desincorporación”.

¿Puede ser más clara la cantante de Life escapes thru a whole? Es evidente que Kayya traza una estrategia muy inteligente que, en manos del Climate Change Expert Panel debería traducirse en un refuerzo del sistema anti-agujero de Ozono, para ser sustituido por grandes propulsores a chorro de oxígeno comprimido o quizá, si los políticos fueran lo suficientemente audaces, de ¡ozoxono mismo!

Para la Unidad de Análisis de Sentimiento del grupo editorial Cyuiunix:

Hay excesiva atención a las letras y poca a los símbolos. La respuesta está en: (/&”&·”/·&, ,,, 

Una apertura de paréntesis sin cierre y una sucesión de barras laterales, comillas y “ampersands” que se usan como “y”. Espacio. Tres comas seguidas. Los foros en las redes han explotado en discusiones y una tendencia mayoritaria a conectar estos caracteres con eventos de la vida de Kayya que ella va asomando en sus canciones y tuits inteligibles.

Clara en su arranque. Tiene fecha de inicio identificado. La barra no funciona como separador sino como en inglés “slash” (y una acepción de la palabra es “cortar”, seccionar como con una espada muy filosa). Hasta ese grado de angustia llega la artista, según un cierto concenso entre cientos de miles de seguidores que comentan por iniciativa propia y en sus propias palabras, sin que nadie se los pida. Todo colapsa para Kayya: Desde el principio la agrede pero hablan y discuten la posibilidad de terminar pero hablan y todo parace promisorio y luego él la agrede, la corta como con un espada, hablan de terminar y… se repite el cliclo.

Había dos matrices prevalentes: a) Pobre Kayya, ama tanto a un patán, que se sacrifica aunque colapse en el proceso y b) El mensaje contiene el título cifrado de su nuevo álbum.

kayya-matrix

Citas, memes y un suicidio

A continuación un compendio de comentarios aparecidos en redes sociales, traducidos del netspeak a español y con omisión de autores:

  • Kayya quiere pero no puede separarse.
  • Lenguaje alienígena en todo su esplendor. Mi Maestro Ufólogo lo verificó sin sombra de duda.
  • Necesita sexo la diosa etíope.
  • Todo es manejado por corporaciones insensibles que logran replicar  o manipular el sentimiento de un alma pura.
  • Kayya: drama queen.
  • El mundo le pide que hable y ella Kayya.
  • Allí está el nombre del nuevo álbum, a la manera de los símbolos que Prince adoptó en protesta o los de cada músico de Led Zeppelin.
  • El tormento de esconder que es una transexual hermafrodita castrada.
  • Un hada le dio el don de la voz angelical pero la desdicha de la infidelidad.
  • En caso de que esté escrito en un lenguaje secreto puede significar cualquier cosa.
  • Significa demasiadas cosas.
  • Significa nada.

Desde el día de publicación del tuit hasta hoy se han reportado 75,6 millones de comentarios en redes sociales y blogs; 325 segmentos de entrevistas a expertos en TV; 47 reportes de institutos de investigación y los consabidos analistas; así como 25.000 memes en la web, como el que se muestra más abajo.

kayah-meme

Mujer: “Así que te pones tan nervioso cuando estás con ella que no sabes qué decir…” Hombre: “Pero al fin encontré qué decir”. Troll: Le dije. “¡¡¡¡bboooq hdg ldkdi!!!!”.

El lunes pasado la policía de Ogemaw County en Michigan, reportó el suicidio de una fan de Kayya, aparentemente como reacción al tuit que, según nota de la occisa, si se pronuncia al revés mientras se hacen gárgaras boca abajo dice: “Satán viene y viene cachondo”.

En un video de YouTube, ya retirado por la policía, la desesperada joven confesó que si Kayya pronostica la venida del maligno, no tenía sentido seguir en este mundo.

En fin…

Entre los rumores más descabellados se llegó a acusar a la nanny de Kayya, Rosario Motamenor (oriunda de Guatemala), de prestarle por minutos el celular de la diva a su hija bebé Zodiac y que ésta marcó al azar el famoso tuit. El publicista de la  ganadora de 12 Grammys y 3 Emmys negó el hecho, no obstante, hay creciente apoyo a esa tesis por parte de los escépticos.

Obama dixit.

Obama pudo o no haber afirmado que: “Esto del “oooohddd ,NB 7ooeueieie” parece un proyecto de Ley de los Republicanos”.

Incluso el Presidente Obama lamentó el acontecimiento que, según él, “si es cierto, hará retroceder aún más la posibilidad  de una comprensiva Reforma Migratoria antes del año 2037”.

En un artículo especial que estará en línea pronto, se detallarán las más populares discusiones sobre el caso; las teorías e hipótesis que se han posicionado en la mente colectiva y los entretelones de lo que se anticipa como “la revelación del siglo” de este año.

El mundo espera con impaciencia el próximo mensaje de la reclusiva y  siempre sorprendente Kayya. Que cuando reaparezca nos entregue la llave para este laberinto alfanumérico.

Eso… y el nombre del nuevo álbum.

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Lo anterior, por si acaso, es ficción. Fotos tomadas de la WWW, indexadas como “libres de regalías”. La de Barak Obama, de uso gratuito en whitehouse.gov. Cualquier parecido de alguno de los declarantes con persona real viva o muerta, es no intencional.



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