Petición para prohibir los telégrafos inalámbricos

Petición para prohibir los telégrafos inalámbricos

¿Sienten que internet aísla a la gente? ¿Qué dos personas sentadas lado a lado no pueden comunicarse si no tienen sendos móviles? ¿Preocupaciones de nuestra generación? ¡Pues no! Ya hace 110 años había escándalo por la popularidad del telégrafo inalámbrico, que no era móvil por supuesto. En 1906 la revista británica “Punch” imaginó la conversación de una pareja a través de telégrafos personalizados, con antenas en los sombreros. Es la misma discusión actual sobre Whatsapp o Snapchat; con “en vivo” o por demanda.

A mí se me hace estéril la discusión pero fascinante la imagen de una pareja victoriana en un parque londinense. Ella: “Punto, raya, punto.. Él también en impulsos largos o cortos. A lo mejor todo empezó como un juego, la única forma que -digamos- Archibald pudo conversar con Harriett. Cuando los presentaron hace dos semanas él casi no le pudo hablar. Pero de alguna forma un plan o una casualidad (acaso lo mismo), los juntó a la sombra de un árbol. ¿Qué pasó con ellos? Yo apuesto a que ligaron.

Por cierto, si están por declarar su amor a alguien, “I love you” se escribe: “.. / .-.. — …- . / -.– — ..-” en clave Morse.

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Caos Celular (Crónica)

Caos Celular (Crónica)

No soy amigo del teléfono, en ninguna de sus presentaciones. Me parece un instrumento intrusivo y agrego inconveniente, que presagia preocupaciones o “correderas”. No sé porqué pero así me ocurre. Reconozco su valor, pero la apreciación racional no se corresponde con la emocional: simplemente lo detesto.

Lo bueno es que poco a poco lo han combinado con la computadora y, según, lo han hecho más “inteligente”. Creo que sí pero mi fobia no ha disminuido un ápice, sólo que ahora la mitigo usando apps y navegando la web.

El móvil celular, Dios mío, va con nosotros como un perro faldero o, peor, una sanguijuela, algo que adherimos a nuestro cuerpo. Hay países, como Luxemburgo, que tiene más celulares que personas en una proporción de 2:1. Venezuela es un país abrumado por la telefonía móvil con 105% de penetración, es decir, más de 20 millones de dispositivos móviles que, por cierto, se concentran alrededor de las grandes capitales.

Los Estados Unidos, como podrán imaginar, son la cumbre de la cultura celular, aunque la exageración móvil tampoco iguala a la venezolana.

Una conjetura sociológica

No hay soledad urbana posible, porque una feria de grillos insomnes lo cubre todo. Desde sinfonías de Mozart (con timbres que las hacen francamente insufribles), hasta el indestructible tema de El golpe, pasando por canciones de moda, gritos, ladridos, las campanadas del aparato nos acechan desde todos los ángulos.

Para muchos el valor tecnológico del teléfono móvil es secundario. Su uso y finalidad son sociales. Sobre todo, cual escudo contra males de nuestra civilización, como la soledad, la mediocridad y el tedio. El celular es perfecto para quien llega a una reunión y no conoce a nadie. Inmediatamente teclea, revisa mensajes o los escribe: ya está con alguien. Eso lo hace ver ocupado e incluso importante, depende de la expresión corporal.

El teatro inalámbrico

Abundan las conversaciones que no queremos oír. Están los que hablan sin parar y los que sólo escuchan (“ajá, ok, ah bueno…”).

Poco a poco nos vestimos de teléfono. Los audífonos y micrófonos liberan las manos y agregan, ciertamente, mayor seguridad y comodidad al diálogo o monólogo, según el caso. Espere el móvil-reloj-de-pulsera (del inefable Dick Tracy); las gorras-teléfono, los cinturones 4G, las camisas LTE, etc.

No obstante, como son tan pequeños estos adminículos audiovocales, me ha pasado que creo que viene un loco sicópata hacia mí, hablando solo: “¡No, no puede ser, fin de mundo, te voy a matar!” y cuando me apresto a salir corriendo a buscar un policía, resulta que sus ojos desorbitados obedecen a que escucha el reporte de las notas escolares que le da su hijo.

A mí mismo me ocurre, porque tengo mi “manos libres” que engancho a mi lóbulo auricular. Y cada vez que hablo la gente a mi alrededor voltea: “¿Cómo?”, “¿Eh?”, “¿Es conmigo?”… Me gustaría tener una franela con letras grandes: “No es con usted. Manos libres en uso”.

Los habladores tienen, en efecto, las manos libres para gesticular, de modo que pasamos de la locución radial al teatro. Decenas de monólogos o diálogos de transeúntes se mezclan en una auténtica puesta en escena del absurdo. El otro día una chica clavó sus ojos en mí y dijo:

“… y ocurre que si eres el padre tienes que responder con la manutención porque mi pintura es sagrada y acrílica y sabes que no la dejo por nada… ya demasiado sacrifico con darle pecho y no poder ponerme implantes…”

Cuando me hice a un lado (como es natural en estos casos) siguió su camino, difundiendo todo tipo de reproches. Me tranquilicé y deduje que, o estaba loca o cargaba un audífono-micrófono ensartado en la base de la oreja. ¡Tremendo susto! Quise contárselo a alguien, pero sólo podía hacerlo por celular, así que preferí guardarlo para mí mismo.

Y así se completa el cuadro: timbres que conspiran contra la Música y las musas; conversaciones enfáticas y decibélicas que no queremos escuchar; gente que parece hablar sola y a veces habla sola; tecleo de mensajes que son de por sí una puñalada al lenguaje; una subcultura movida más por la soledad que por la tecnología.

Los dejo: adivinen qué está sonando…

Algunos datos triviales sobre los años bisiestos

Algunos datos triviales sobre los años bisiestos

2016 es bisiesto, lo cual no tiene realmente mayor relevancia excepto como excusa para escribir un par de comentarios curiosos. He visto el doodle de Google, hermoso, sencillo, un conejito-día que se mete entre dos que durmen. Pronto los tres sueñan y el año sigue con un día de más.  Hago clic en el doodle, entro a los resultados y SEO mediante, veo la lista de artículos.

1. Me recuerda uno que a cada año de 365 días le sobra poco menos de un cuarto de día. Después de cuatro vueltas al Sol, hay un día de más que se suma al año siguiente.

2. ¿Qué pasa con aquellos que nacieron un 29 de febrero? Me entero que son pocos, relativamente. Hay unos 648 por cada millón de personas. Solo 5 millones en un mundo de 7,3 mil millones de seres humanos.

3. Sabemos que los nacidos el 29 de febrero celebran sus cumpleaños hoy pero ¿cuándo lo celebran el resto de los años? Hay asociaciones de Personas que Nacen en Años Bisiestos. Tienen intensa actividad en línea, en grupos dedicados al tema, son como una hermandad que carece de cumpleaño fijo. Las encuestas que hacen dan casi un 50-50 de quienes lo celebran el 28 de febrero o el 1 de marzo.

4. Hay un tópico legal con las fechas de cumpleaños. Afecta licencias de conducir, activación de servicios, las computadoras no hallan un match entre un nacimiento el 29/feb y un febrero no bisiesto, hay que crear un algoritmo pero no hay base legal para tal algoritmo. Por eso siempre se llega a acuerdos, que un juez puede validar: se decide por una u otra fecha y ya. De resto, si nos apegamos al calendario, una persona de 40 años habría “cumplido” años solo 10 veces.

5. Se me ocurre una paradoja perversa. Alguien le deja una fortuna a X que nació un 29 de febrero, pero cuando cumpla -por  decir algo- 18 años, cosa que ocurre un año no bisiesto. La condición dice que debe ser pagado luego del 28 de febrero y antes del 1 de marzo. Solo un tribunal puede resolver eso, a menos que se descubra que entre el 28 de febrero y el 1 de marzo en efecto hay una fracción de día. Ese pedacito ya da validez a un 29 de febrero microatómico. En fin…

6. Hay muchos ajustes en los años bisiestos. Si son divisibles entre 100 se saltan. El año 1900 no tuvo 29 de febrero cuando debió, pero el 2000 sí. ¿Por qué? Ah, porque 2000 es también divisible por 400 y en ese caso, no aplica. Son múltiples ajustes que deben hacerse, más exactos cada vez pero lejos de la máxima precisión.

7. Hay países y momentos que han introducido un 30 de febrero en el calendario. Los suecos en 1700 (cuando incluían la actual Finlandia); la Unión Soviética en 1931, tratando de lograr que todos los meses del año tuvieran 30 días. No funcionó, como tampoco tuvieron éxito con el afán de eliminar los domingos para aumentar la productividad. Tuvieron que restituirlo en 1940. 

8. Los años no bisiestos empiezan y terminan el mismo día de la semana.

9. Para que sea pertinente este post debe publicarse un 29 de febrero. Así que lo programo para republicase el próximo 29 de febrero del 2020.