Cuerdas (Aforismos)

Cuerdas (Aforismos)

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De la serie Rendijas

Fernando Nunez-Noda

Prefiero una mente sucia que un cerebro lavado.

Sin mi estupidez no tendría tan buen humor.

Para entender que la vida no es números hay que cuantificar lo suficiente.

No me gusta aislarme. Prefiero rodearme de aislamiento.

Ojalá uno pudiera activar la obsesión a voluntad. Para activarla mucho.

La explicación de una obra de arte es muda.

Al ocurrir, la fragilidad se impone a la gravedad.

El carácter del trópico es bastante entrópico.

La mente crea fantasmas para llenar la soledad.

Quien auténticamente duda todo, lo entiende todo.

¿Cómo sería un “control freak” seducido por la anarquía?

Algunas religiones son la mejor forma de llegar al ateísmo.

Cuando todo el mundo habla de una misma cosa, es sano que alguien cambie el tema.

Toda fugacidad atrapada sirve de materia prima.

No me gustan los superhéroes religiosos, pero me encantan los espirituales.

El recuerdo es una sala de edición automática.

Todo lleva su nada consigo.

Una “alternativa” encierra todas las opciones (menos una).

Sobrellevar los momentos aburridos es el fundamento de la aventura.

La compensación no debería ser una moneda espiritual.

Una buena máquina del tiempo tiene que poder traernos de vuelta al presente.

Me gusta llevar la contraria solo cuando tengo ventaja gravitacional.

La música es caídas y sostenimientos.

Muchos buscan la trascendencia en los otros, una trascendencia prestada.

Ser dueño de uno mismo no condona las deudas.

Hubo vida antes de la infancia.

Hay demonios que sin poder no se desatan.

La no-expresión es la única forma de lograr no-crítica ¿O ni así?

Es la calidad del error no el no cometerlos.

En alguna actuación para tu auditorio mental ¿No lo has encontrado vacío?

“A sucede simultáneamente a B” para mí significa: “Uno de los dos ocurrió primero”.

Produzco las mejores metáforas morales sin intención.

Lo que presencio lo escribo como ensayo. Lo que reflexiono, como narrativa. Para compensar.

El radicalismo es una tentación que hay que resistir. Pero tienta.

La rabia tiene algo que no tiene la paz: conlleva a la paz.

Oímos la gradación de colores pero no vemos la de sonidos.

Lo susodicho casi nunca se susoentiende.

Estaba escribiendo en mi teclado atropelladamente y por error lo escribí todo bien.

A veces hay que llegar al suelo para retomar el ascenso.

No tengo credenciales para bendecir.

La vida es un largo camino para retornar a la casa de la infancia.

A veces cierro los ojos y me asusta lo que veo.

Nadie percibe la eternidad y cuando está en ella, no percibe.

El periodismo es el ejercicio de la historia en cafeína. La historia es el periodismo ajeno a la noticia.

El “para siempre” cabe en una vida.

Generalmente oculto verdades cuando converso conmigo mismo.

La existencia es algo (no nada ni todo). “Algo” es un término subestimado.

Estamos, más o menos, entre la cima donde nos pone nuestra vanidad y el abismo donde nos sumerge el desinterés de los demás.

La escritura en sí misma es el tema de todo lo que hace. El tópico es otra cosa.

Hasta la estaticidad es un viaje a lo desconocido.

No tengo expectativas de ti, solo espero lo mejor.

Toda solidez es un eco del Big Bang que se deshace eventualmente.

MUJER: ¿Qué estás pensando? HOMBRE: Ahora que lo preguntas, pues “en qué estoy pensando”.

A veces mi escritura es “mi lectura” escrita.

Entre la repetición de los días está lo fundamentalmente distinto de cada uno.

Hay momentos en los que uno no sabe pero está seguro.

 


Otros:

Bienvenidas las citas de estos aforismos. Agradezco se hagan con mención a Fernando Nunez-Noda o @nuneznoda.
ILUSTRACIÓN: Lúdico.

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Momentos estelares de la astronomía antigua

Momentos estelares de la astronomía antigua

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Hitos de hace siglos sobre el cielo y sus componentes.

A José “Chegoyo” Álvarez-Cornett

Para el homo sapiens prehistórico el cielo quizá estaba adherido a la Tierra. Muy lejana esa bóveda llena de extraños objetos brillantes y ese fuego enceguecedor, pero prolongación de montañas y horizontes al fin.

No se conoce esa transición de la observación práctica o mística del cielo a la astronomía, pero pueden seguirse algunos pasos, a ver a dónde nos llevan. El camino que propongo es lo que llevó a la  ciencia astronómica.

Lo que sigue es un compendio personal, con datos que voy seleccionando sin el rigor de la academia. Faltarán aquí muchas maravillas, pero no dejo de mencionar mis favoritas.

El evento histórico más antiguo que registra la Cronología de los Inventos (1989) de I. Asimov ocurre aproximadamente 6.000 años atrás: la invención de los relojes de sol, en Egipto. Incluso dividieron el arco que sigue la sombra de una vara o punta en 12 partes u horas. Inauguraban así el medio día (la otra mitad ocurría en la sombra).

Los mesopotámicos, hacia 2800 aC, agregaron esos días en grupos estacionales que el reloj de sombra no podía medir. Uno muy obvio tenía que ver con la luna: una vuelta de nueva a plenilunio de 29-30 días, el llamado “mes lunar”. Hay también otras correspondencias, como el ciclo menstrual o grupos de meses coincidentes con las estaciones.

De modo que entre el Tigris y el Eufrates se crearon ciclos con años lunares de 12 o 13 meses, estaciones incluidas. Los egipcios fueron más precisos y no miraron al cielo sino a los desbordamientos anuales del Nilo y determinaron entre 360 y 365 (¿les suena familiar?) el número de días que duraba tal año. Esa es la base de los calendarios modernos.

Mil años después los sumerios desarrollaron un sistema de numeración basado en el 60, fácil de fragmentar (divisible entre 9 números distintos) y capaz de definir el minuto (60 segundos) y la hora (60 minutos). Seis veces sesenta es 360 y ese número mágico fue aplicado al círculo, dividido en grados: 90° es un cuarto; 180° la mitad; 360° vuelta completa.

Así se logró relacionar la trayectoria del Sol con cada grado (día), predecir su ubicación y por tanto los eventos repetitivos: lluvias, sequías, cosechas. Luego invadiría aspectos menos cíclicos: sentencias carcelarias, plazos de pago, tiempo de una asignación de trabajo, etc. Esta división del tiempo ha sido clave para organizar la sociedad humana, para saber cuánto duran las cosas, para poder contestar “¿Cuántos años tienes?” (aunque algunos no quieran contestarlo).

Al colocar la rejilla en el cielo, los mesopotámicos encontraron “estrellas” que no rotaban uniformemente (cinco, para ser exactos), los planetas visibles al ojo. Siglos después los romanos le dieron a este arreglo una mitología que aún se conserva: sumada la luna y el Sol a los cinco “errantes” (eran ya siete planetas), las llamaron como sus dioses: Mercurio, Venus, Saturno y así trasladaron las denominaciones a los días: jueves por “Júpiter”, martes por su homónimo, etc.

La semana de siete días, que había sido inventada en Mesopotamia, era ahora un pilar social, una referencia para organizar la acción y la memoria colectivas. Cada día consagrado a un dios.

Registros orientales, mesopotámicos y del Medio Oriente

Los astrónomos chinos estaban activos tan lejos como 2.000 años aC, cuando se registró por primera vez un eclipse y se anotaron los tiempos de rotación al cielo de algunos planetas como Júpiter.

En esto los asiáticos probaron ser minuciosos y sistemáticos, porque sus anales estelares detectaron varias novas y supernovas (estrellas que estallan muy lejos y se ven como luceros que aparecen de un día para otro). De estos eventos hay noticias tan lejos como 1400 aC.

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Astrónomo chino según estampa antigua.

Además, dieron fe del paso de un cometa en 613 aC (quizá el Halley).

Ciertamente la navegación fluvial había sido inventada siglos antes, pero las aventuras marítimas más antiguas registradas comenzaron hacia el 1100 aC (aproximadamente la época del faraón Akhenatón).

Los fenicios subieron su cabeza hacia las estrellas para guiarse: la Osa Mayor indicaba no sólo el norte, sino los demás puntos cardinales. De modo que con ésta y otras guías estelares que aparecían y desaparecían en el año, los fenicios agotaron el Mediterráneo y salieron al Atlántico, a las costas de África occidental.

En 585 aC los imperios más poderosos seguían en el valle del Eufrates-Tígris. Es curioso, por cierto, pero las naciones más grandes y prósperas solían aportar los avances astronómicos y, quizá, científicos en general. Parece que hace falta un superávit material y de seguridad, para que los curiosos y científicos puedan escrutar y analizar los cielos.

El caso es que los astrónomos babilonios (para entonces tenían cautivos a los judíos en su tierra) hicieron un recuento preciso del tránsito del Sol y la luna por el cielo y anticipaban cuándo se cruzaban y, como ocurre en los eclipses, se bloquearan mutuamente. Este conocimiento proporcionó gran poder a los sacerdotes-astrónomos-astrólogos: la comprensión y predicción de los “eclipses” (nombre actual acuñado por los griegos).

Se dice que Stonehenge, en Inglaterra, estaba dispuesto para registrar o predecir ciertos fenómenos celestes, incluyendo los eclipses. La construcción primigenia de este observatorio-altar supera en longevidad incluso a las pirámides, en la Edad de Piedra nórdica.

La ciencia astronómica griega

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Ilustración: Lúdico.

Los griegos llevaron la astronomía (y la ciencia en general) a un nivel muy avanzado, entre 500 aC y el siglo III dC. La palabra “astronomía” misma tiene raíces helenas.

En los quinientos años posteriores los griegos dominaron la astronomía, con un número sosprendente de aportes, en un marco más científico que nada de lo que se hizo antes.

Mientras la tradición relacionaba los eventos celestes con la divinidad, la ciencia griega exhibió una independencia nunca vista y, acaso por primera vez, individualidad e identidad de los autores: Pitágoras, Euclídes y sus respectivas obras, corrientes y escuelas.

No se conoce con nombre propio la mayoría de los autores egipcios, ni babilonios, ni fenicios. Pero los griegos comenzaron a ponerle firma a sus ideas. También surgieron, acaso por primera vez, filósofos o autores autodeclarados ateos o agnósticos, pioneros en atribuir causas no místicas a los fenómenos.

Este es un comentario fuera de línea, que solo se permite en las recopilaciones informales.

Hacia 500 aC. Pitágoras, fundador de la matemática “de autor”, parece que viajó a Babilonia y conoció de primera mano las técnicas de observación y escudriñamiento del cielo nocturno. Fue este maestro quien refutó la idea común de que había un lucero de la tarde y uno de la mañana: ambos eran el mismo, nombrada por él Afrodita y llamada Venus por los romanos.

Dicen que Tales de Mileto, hacia 580 aC, predijo un eclipse que detuvo una batalla entre los Lidianos y los Persas. El oscurecimiento del cielo hizo que ambos ejércitos se retiraran. Contemporáneo al de Mileto, Anaximandro planteó el primer modelo astronómico conocido que excluía las fuerzas divinas.

Pitágoras y sus discípulos (hacia el 550 aC), enamorados de las esferas, propusieron un modelo de sistema solar en el cual la Tierra era central y los astros giraban siguiendo trayectorias circulares, dentro de esferas invisibles que giraban concéntricamente. Las estrellas, se decía el del célebre teorema, tenían que ser esféricas también.

El sentido común –sin herramientas científicas- produce una visión “geocéntrica” del universo. El Sol gira alrededor de la Tierra e igual así las estrellas y la luna. El planeta, plano o esférico, se mantiene estático o, al menos, más fijo que el inquieto cielo. Así parece corroborarlo lo que percibimos e inferimos. La astronomía hasta los griegos clásicos era esencialmente geocéntrica, anclada en nuestra perspectiva de observación.

Para colmo, uno de los más grandes y respetados pensadores griegos, Aristóteles, defendía un modelo geocéntrico que, sofisticado por otros griegos como Hiparco y Ptolomeo, fue el canon por casi dos mil años.

No obstante el camino para sacar el centro del universo de la Tierra había comenzado. Tan lejos como el siglo V aC Filolao propuso que el planeta y su cielo giraban sobre un centro invisible, podría decirse el centro de una galaxia o algo por el estilo. Su propuesta, no obstante, fue ignorada.

Un siglo después Heráclides, quien aceptaba que la Tierra fungía de centro, propuso que algunos cuerpos giraban alrededor del Sol. Era la primera vez que el diligente astro rey se le imaginaba fijo, centro del giro de “estrellas más pequeñas” (eran planetas).

Estos modelos, sin embargo, no salían del geocentrismo, del apego a la perspectiva terrestre, provincial y entregada al presentismo.

Marchas atrás a futuro

Hacia 350 aC el matemático Eudoxio dibujó el primer mapa del cielo con nomenclatura moderna, es decir, líneas imaginarias equidistantes, fijas, del cenit hacia abajo y otras perpendiculares. El cielo era ahora una cuadrícula con longitudes y latitudes, referencias indispensables para ubicarnos en un momento y lugar determinado.

Si bien hubo intentos anteriores de darle al universo otros ejes y centros, el verdadero salto cuántico lo dio Aristarco de Samos, quien postuló hacia 280 aC que la Tierra rondaba al Sol y que éste era el centro del Universo. Mil ochocientos años antes de  Copérnicoy su modelo heliocéntrico, sólo que pasó “por debajo de la mesa” ante modelos más “obvios” al antropocentrismo.

Modelo geocéntrico de Ptolomeo, según ilustración del siglo XVI.

Modelo geocéntrico de Ptolomeo, según ilustración del siglo XVI.

También hizo lo suyo Aristarco calculando distancias: la de la luna y el Sol, que fueron inexactas (por falta de instrumentos adecuados) pero correctamente inferidas como la grande muy lejana y la pequeña más cercana.

Contemporáneo al de Samos, Eratóstenes calculó en Egipto la circunferencia terrestre hacia 240 aC. de una forma por demás ingeniosa. En verano, al mediodía, una vara de cierta longitud no proyectaba sombra alguna en la ciudad que ahora se llama Asuán, al sur de Alejandría. El sol emitía una luz perpendicular al plano terrestre en ese lugar, a esa hora. No obstante, en Alejandría una vara de la misma longitud producía una sombra con un ángulo de 7 grados.

¿Qué significaba esto? Que la Tierra era esférica y que, si se conocía la distancia entre las dos ciudades, se podía calcular el diámetro de la circunferencia terrestre usando trigonometría. Para asombro moderno, el matemático griego logró la longitud en 40.225 km, apenas unos kilómetros del cálculo moderno: 40.066 km.

Cerca de 134 aC otro célebre astrónomo, Hiparco, compuso un catálogo estelar e inauguró la llamada “precesión”, el cambio paulatino del curso estelar a lo largo del eje polar, que puede trazarse hacia atrás. El sabio también catalogó la posición y brillo de las estrellas más notables.

Entrada ya la era común, el modelo geocéntrico de Aristarco nunca logró aprobación y se impuso, como sabemos, el de Aristóteles. Hacia 140 dC un astrónomo heleno de Alejandría, Claudio Ptolomeo, “perfeccionó” el sistema heliocéntrico tradicional con un modelo que dominó la cosmología medieval hasta el siglo XVI.

Según Ptolomeo la Tierra era el centro inmóvil del universo. Alrededor del planeta, se sucedían esferas concéntricas en un intrincado arreglo. Los siete “planetas” (la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) giraban en círculos (epiciclos) que rondaban otras esferas (deferentes). Las estrellas fijas tenían su propia gran esfera externa.

Su obra sobrevivió y se popularizó gracias a los árabes, quienes la compilaron bajo el nombre Almagesto (“Gran Tratado”). La razón de su vigencia es que predecía satisfactoriamente la posición de la mayoría de las estrellas conocidas y sólo comenzó a mostrar su insuficiencia cuando la tecnología telescópica comenzó a revelar nuevos cuerpos celestes que no obedecían a los giros esféricos.

Es paradójico que la inigualable astronomía griega, luego de postular la mayoría de los modelos correctos o actualmente reconocidos, cerrara su etapa clásica con este sistema geocéntrico que probó estar plagado de errores antropocentristas.

Pero lo que legó aún domina la visión desde la Tierra del cielo y la concepción científicamente aceptada del Sistema Solar.

El cielo de Perú antes de Colón

astronomia1En marzo de 2007 se anunció el descubrimiento del observatorio solar más antiguo de América, en el monte Chankillo de Perú, con más de dos mil años. Un conjunto de trece torres alineadas de norte a sur, seguían la pista del Sol año tras año. Como se aprecia en la foto, un muro doble, concéntrico, lo hace un espacio cerrado.

Un año antes, en mayo de 2006, se desenterró el primer observatorio americano, en el Valle del Chillón del mismo Perú. Un hallazgo que dejó impresionados a los expertos, que no esperaban tanta sofisticación científica y social hacia 2.200 aEC. El Templo del Zorro (como lo llamaron sus descubridores por una figura tallada del animal) “marcaba” el paso de los astros para señalar eventos claves: las crecidas del río Chillón, las cosechas, los cambios de estación.

Ahora ¿quiénes fueron estos constructores? Dos mil años antes de la Era Común todavía existía Sumeria y la pirámide más antigua tenía apenas cuatrocientos años. Se sabe muy poco de estos pueblos ancestrales, no se ha conseguido lenguaje escrito, ni restos humanos. Conocían el cielo por lo que se deduce de sus diagramas y sus habilidades constructivas eran sólidas. Pero nada más, por los momentos.

Los Incas se formarían como nación 3.200 años después, hacia finales del sigo XIII EC. Y desde su cercanía al Ecuador planetario, hicieron mapas del cielo para acompañar sus complejas ceremonias religiosas y para fines prácticos, claro, como la identificación de los solsticios. Por eso el Sol (llamado “Inti”) era central y se han hallado templos dedicados al Sol del siglo XV EC.

En Cusco, la capital del imperio, los registros españoles dan fe de un calendario solar público, cual instalación, un conjunto de pilares que visto desde ciertos ángulos indicaba la fecha. Al Sol también le dedicaron plataformas pétreas llamadas “Ushnus” (Huascas) que abarcaban el imperio.

Los recorridos del Sol y la luna, entonces, generaron meses de 27 días y años de 328 días y se dice que había igual número de Huascas sagradas diseminadas en el territorio andino con Cusco como su centro.

Parece que el conjunto estelar de Las Pléyades era un indicador importante, dado que los 37 días en que aparecían en la bóveda equivalían justamente a la diferencia entre el año solar inca y el lunar.

Es notable cómo este pueblo usó “constelaciones inversas”, cuyos dibujos obedecían a las áreas oscuras del cielo. Por ejemplo, la franja negra en el centro de la Vía Láctea fue representada con una perdiz. Una serpiente reptaba entre Sirio y la Cruz del Sur. Y así, otras hermosas figuras que llenaron las sombras…

Epílogo

El cielo observable y discernible ha sido la primera y más antigua interfaz gráfica de usuario. Con poco más que la observación el ser humano ha logrado discernir realidades muy lejanas (el comportamiento de los cuerpos celestes, por ejemplo) y, mejor aún, infinidad de cuestiones prácticas: hora del día, ubicación, fecha en el año, estaciones o fenómenos recurrentes.

La astronomía (incluido el Sol) ha sido como una primera escuela y como un tutor mudo pero elocuente de la regularidad. Ha tomado no solo pueblos, sino “las” generaciones. El legado antiguo es como una historia en sí misma: tuvo sus debates fijo-errante, plano-esférico, perfecto-imperfecto. Incluso, diría yo, con-dioses o sin éstos.

En algunos casos proporcionó modelos fallidos. Pero en otros dio en el blanco, descifró fenómenos físicos complejos y lejanos con sorprendente precisión. Dejaron los fundamentos de un edificio astronómico que perdura en lo esencial.

Si observamos la historia, son los mismos astros y elementos (Sol, Luna, planetas, estrellas, asteroides, desechos, nubes) los que vemos cruzar el espacio del día y de la noche, hoy y hace cuatro mil años. Por eso lo siento una escuela, de la cual los cursos en línea gratuitos serían el más cercano equivalente en internet ¡ah, y Google Sky por supuesto!

Creo -y esto es pura especulación personal- que tendemos a temer las cosas físicas demasiado profundas o altas. Por eso la bóveda celeste es como un tapiz plano. La aplanamos. ¿Nos aterra el abismo que está arriba?

No me hagan caso, son meras provocaciones.

Si recordamos que lo visto en el cielo ocurrió realmente hace cientos y a veces millones de años, la conexión con los antepasados resuena.

¿Y saben cuándo se acrecienta más? Cuando salimos en humilde silencio y contemplamos el cielo nocturno, tan desprovisto de resplandor citadino como sea posible, y nos perdemos en esa inesperada y súbitamente profunda ventana al universo.

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ILUSTRACIONES: Lúdico.

UNA NOTA SOBRE ESTE ENSAYO

  • Su objetivo no es práctico, sino intelectual y catártico.
  • Es una lista de items que recuerdo o que me ha alegrado encontrar sobre un tema específico.
  • Si alguien siente que el autor “no incluyó” algo, les sugiero que agreguen esos recuerdos o hallazgos en la caja de comentarios.

 

PlazaOdot.com

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Yo fui Testigo de Jehová

Yo fui Testigo de Jehová

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Entre mis nueve y doce años pertenecí a los Testigo de Jehová, Congregación del Playón, Macuto, Venezuela.

Como ven por la edad no fui yo quien tomó esa decisión. Mi mamá (siempre una buscadora espiritual) decidió probar algo fuera del catolicismo, motivada por una misionera estadounidense llamada Miralisse.

Y fue así como empecé a acompañarla al Salón del Reino con mis hermanos, no una sino hasta dos veces a la semana durante esos años. Mis hermanos (de 7 y 4 años) eran tan tremendos que mi mamá optó por no llevarlos, así que fui yo su único acompañante.

Pude conocer y sentir esa secta por dentro: tenaces, incansables, fanáticos. Parece que me vieron potencial, porque empezaron a prepararme para el “ministerio”, para el activismo religioso. Una reunión los martes, pequeña, en la que se estudiaba y comentaba La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras ¡versículo por versículo! Recuerdo que estuvimos incontables semana desmenuzando el libro de Daniel.

Los sábados predicábamos. Eso me gustaba, porque significaba subir los cerros de Naiguatá y visitar barrios que eran sin duda menos peligrosos que los actuales. Yo iba con un adulto que me tutoraba, con mi camisa manga corta y corbata.

− Buenos días [señora o señor], en la mañana de hoy estamos un grupo de personas llevando las Buenas Nuevas del Reino a esta comunidad. Hoy estamos ofreciendo La Atalaya y el ¡Despertad!…

Lo que sucede en la Tierra refleja lo que ocurre en el cielo.

Charles Taze Russell en 1911. Foto de WikiCommons.

Charles Taze Russell en 1911. Foto de WikiCommons.

 Lo anterior se le atribuye a Hermes Trismegisto, hace tres milenios. Si aquí en el mundo hay problemas es porque allá arriba también los hay. El nuestro es un período de suspenso, de frágil equilibrio, de padres idos a “hacer una diligencia”. Esto se lo atribuyo yo a Charles T. Rusell, precursor de los Testigos de Jehová.

Si recuerdo bien la teología de Russell, sofisticada por posteriores revisiones, se saltan el Génesis y van directo al libro de Job con algo cercano a: Antes de la creación del ser humano, en el cielo hubo una rebelión. El orden de Jehová (nombre derivado de Yahvé) se vio desafiado por un hijo en pie de guerra. La pregunta fue: “¿Por qué adorarlo a Él en vez de a mí”. Era Luzbel, un ángel superdotado entre los superseres. Luzbel fue renombrado Lucifer y latinizado a Satanás o Diablo.

Hay un dato curioso respecto al Diablo: es otro hijo de Dios, menos poderoso y excelso que el Elohím (Cristo), pero en la misma línea.

Visto así, Cristo y Satanás son hermanos.

Los domingos a las 5:00pm ocurría la reunión principal de la semana: una hora de conferencia y luego el estudio de La Atalaya.

Una persona iba a mi casa a darme estudios particulares los jueves, lo que obligaba leer y estudiar previamente medio capítulo de un libro. No obstante, mi cerebro rehusaba a la intensa infusión de dogmas.

Una fuerza disruptiva para entonces fue Hermann Hesse, cuya obra Demian cayó por casualidad en mis manos. Una lectura no siempre cómoda de ese pequeño relato me inoculó una duda religiosa que me ha acompañado siempre, para bien o para mal.

Los Testigos de Jehová son una secta fanática.

Te vigilan. Si no íbamos un domingo se acercaban en la próxima reunión a mi mamá: “Hermana ¿qué le pasó que no la vimos el domingo, todo bien?” Incluso urdieron un plan para “atrapar” a mi papá:

− Lo único que tienes que hacer es invitarlo. Aquí nosotros nos encargamos.

Una vez fue mi papá. Lo recibieron del Superintendente hacia abajo, lo saludaron, celebraron, convidaron. Sin duda se sintió muy bien ese día: “Lo vemos la semana que viene ¿no?”. “¡Claro!” dijo mi papá, pero con su callada inteligencia, como dicen en mi pueblo, “se pintó de colores”. Mi papá siempre ha promovido la libertad de pensamiento, no se opuso a este experimento religioso de mi mamá pero, obviamente, también exigió respeto para su catolicismo nominal (no visitaba una iglesia, creo, desde que lo bautizaron).

De vuelta al conflicto primigenio: Dios, en vez de destruir a Satán o quizá porque no podía, decide ejecutar una compleja jurisprudencia celestial.

Crearía unos seres muy inferiores a los ángeles, casi ciegos y sordos en comparación, para ver con qué “oferta” se quedaban: Jehová o su némesis. Es en la Tierra y no en el Cielo donde se decidiría el conflicto ético entre YHWH (las siglas de Jehová) y el Mefistófeles. Eso responde una de las preguntas fundamentales de toda teocracia: “¿Por qué Dios permite la iniquidad?” Pues porque tienen que pasar muchas cosas antes que Dios pueda destruir al Inicuo, portador de una tarjeta blanca para actuar contra unos Testigos a los que les tiran la puerta en la cara.

Era la justificación que Dios se autoimpuso (o le impusieron los ángeles, pero ésa es mi especulación) para destruirlo con razón. Dios crearía una descendencia (el pueblo judío) que llegaría al Mesías, quien al morir siendo pecador y luego resucitar, derrotaría al Diablo en una sucesión de batallas espectaculares con dragones de siete cabezas y demás.

Pero la batalla física estaba supeditada al triunfo moral de Dios en el corazón del ser humano, triunfo que en la Biblia se muestra patéticamente comprometido por una tendencia irremediable a pecar. Con Cristo venía la oportunidad de romper el círculo vicioso, pero alguien tenía que decirlo al mundo y promover que ocurriera.

En otras ocasiones fuimos a las Asambleas, grandes encuentros regionales en estadios tipo plazas de toros (recuerdo Maracay, Barcelona y San Cristóbal, y también Aruba).

En cierta forma hicimos “turismo religioso”. Para mí lucían monumentales, con todo ese fervor y fanatismo juntos. Recuerdo escenificaciones de episodios bíblicos, lo demás era –hay que decirlo- soporífero para quien no tiene “la llama del Pentecostés”.

Los Testigos creen que hay 144.000 personas, ello es, nacidas humanas que irán al cielo. Son los “ungidos”. Incluyen a los Apóstoles, mártires, santos y, por supuesto, a Charles T. Russell y subsiguientes Superintendentes y misioneros muy destacados. En las Revelaciones se dice que pertenecen a las tribus de Israel, pero los Testigos lo reinterpretan, se incluyen y abrogan el criterio para decidir quién es ungido y quién no. Ignoro ese criterio, pero el caso es que son considerados santos en nuestro planeta y futuros moradores del cielo con Cristo.

Una vez fuimos a Barcelona (Anzoátegui, Venezuela). De vacaciones, pero mi mamá insistió en asistir a un “Memorial”, la única “misa” que celebran los Testigos al año. Se conmemora la muerte de Cristo un 14 de Nizán (entre marzo y abril, cuando hay luna llena), en una misa muy austera, con música y cánticos, más oscura que el resto de las reuniones y se pasa el pan y el vino por toda la sala.

Ese día, en un Salón del Reino al que llegamos preguntando, había una gran algarabía rayana en el histeria. De boca en boca se  informaba que en primera fila, rodeada por los superintendentes, estaba una ungida, nada más y nada menos que ¡una de las 144.000! que visitaba Venezuela, enviada por  la Watch Tower (nombre de la organización que los engloba) para exhortar y para predicarle a los predicadores.

Yo me sentí en un evento histórico: una santa vestida probablemente en Sears, pero con la serenidad y la mirada extendida de los iluminados. Yo era pequeño, la gente de pie, se me perdía entre las espaldas. Entre hombros y caderas la vi pasar, apenas el rostro aparecer y desaparecer un par de veces hasta abandonar el Salón. No tengo evidencia de su santidad o de que tenga un ticket junto a los 144.000, pero sentí y lo he creído por años, que vi el rostro de una mujer poseída por el Espíritu Santo.

Un salón del reino que encontré por casualidad en Queens, N.Y., con arquitectura tipo tabernaculo.

Un salón del reino que encontré por casualidad en Queens, NY, con arquitectura tipo tabernáculo.

El Nuevo Testamento (o su reescritura) tampoco deja bien parados a los judíos y a los humanos en general.

Cristo generó un interés local importante, pero igualmente su pueblo, los romanos o ambos, no reconocieron en Cristo al Hijo de Dios sino a un profeta más con peligrosas provocaciones al establecimiento judío.

El conflicto ético (¿A quién adora el ser humano, a Dios o al diablo?) es una especie de plebiscito. No adorar a Dios es un voto directo al demonio. Así que el Cielo no tuvo más remedio que lanzarse en campaña “electoral”. ¿Cómo? Pues con la Biblia, obviamente, sobre todo la traducción de los Testigos, de principios de los 1960 y, segundo, con la misión de  convencer a la gente para que “vote” por Jehová según los preceptos de la Watch Tower. Testigos electorales, de otro tipo.

Así se bautizan los Testigos. Foto de http://www.mirror.co.uk

Así se bautizan los Testigos. Foto de http://www.mirror.co.uk

Un día mi mamá decidió bautizarse, que es como hacerse ciudadana del país de los Testigos.

En una Asamblea en San Cristóbal, en la arena de una plaza de toros, hizo fila hasta una piscina portátil donde un pastor la sumergió en el agua fría por unos segundos. Debo confesar que me dio miedo, algo inextricable me hizo temer perderla, entregada de lleno a dar testimonio “a gente de todas las naciones”.

Porque hay urgencia de contar la “verdadera” historia, hay que dar “pruebas” de que cada alma recuparada redundará en salvación individual y global.

Dios y Cristo necesitan “testigos” de este drama secreto, lejano pero cercano a la vez. Gente que se pare en el estrado del mundo y, cuando le pregunten, por ejemplo: “¿Dios existe, quién es, qué se propone?” Digan: “¡Sí, se llama Jehová y se propone esto y esto y esto para el mundo”.

Eso es testificar, aunque nadie o pocos pregunten. Los Testigos son respuestas buscando preguntas; respuestas que la gente elude. Y así no les abren la puerta; los evitan en las plazas; les advierten con pequeños letreros. Los misioneros del Salón son sinónimo universal de fastidiosos, de monólogo repetitivo e imposibilidad de aceptar un no como respuesta.

Los Testigos ven la suya como La  Verdad y no pueden entender cómo la gente rechaza la liberación frente a sus propios ojos.

Déjenme ilustrar brevemente la desesperación que siente un Testigo de Jehová de buena fe ante el rechazo casi general a su misión.

testigosImagine un tren que viaja a altísima velocidad. Sus pasajeros celebran una fiesta y están demasiado ocupados en comer, bailar y tomar. Alguien se sube al techo con unos largavistas y mira que un puente en la lejanía se ha caído, de modo que si el tren no se detiene se precipitará al abismo.

El hombre baja desesperado a advertir que hay que frenar el tren, pero nadie le hace caso, incluso los operadores brindan con licor. El hombre, frenético, trata de convencer a quien tenga cerca pero lo ignoran, lo esquivan y finalmente lo amenazan con encerrar en un cuarto bajo llaves. El hombre se lanza por una ventana y, a pesar de golpes y raspones, cae a salvo en el suelo.

Desde allí, aún adolorido pero a salvo, mira con tristeza cómo se aleja el ferrocarril a su inevitable destrucción. Pues así se siente un Testigo al ver que usted y yo evitamos el contacto visual y hacemos una elipsis al caminar para impedir siquiera que tengan una oportunidad de predicarnos.

Por otro lado, ofrecen interpretaciones heterodoxas del cristianismo.

Así andaba yo, pero con camisa manga corta. Foto de niños Testigos tomada del DPWWW.

Así andaba yo, pero con camisa manga corta. Foto de niños Testigos tomada del DPWWW.

Russell y los subsiguientes líderes de la Watch Tower siempre marcaron distancia con la comunidad protestante y evangélica, un poco a la manera de los mormones.

Si usted les pregunta si son protestantes casi se ofenden, dado que no tienen dudas sobre ser únicos, separados, los mismísimos Testigos del Altísimo.

Según ellos Cristo no murió en la cruz, sino en un “madero de tormento”, un poste vertical. También creen que se fue al cielo en cuerpo físico. No aceptaban transfusiones de sangre porque Jehová prohibió la ingesta de sangre en el Génesis, aunque ya han flexibilizado esa normativa.

El Fin del Mundo comenzó en 1914, con la I Guerra Mundial, el “Tiempo Señalado de las Naciones” y, cuando se cumplan ciertas señales (guerras, terremotos, hambrunas, wait!) vendrá el Har-Magedón (o Armagedón), la destrucción del sistema de cosas.

Luego pasa un montón de cosas confusas: Cristo derrota al Dragón pero lo encierra por mil años, luego lo suelta para que tiente a los humanos otra vez y, luego, limpieza étnica y mandan al horno al dragón y a los pecadores. Al final, resurrección de la carne y vida eterna. Listo. Allí viene un mundo perfecto que la Watch Tower lo muestra como gente en jardines, de todas las razas, abrazando incluso tigres ahora salvajes. Como toda secta o religión, los Testigos son anticientíficos o, para ser más justos, selectivamente científicos.

Gracias a ¿Dios? nos mudamos de Macuto a Caracas, cuando yo tenía 11 años.

En la capital ya el Salón del Reino quedaba más lejos y, probablemente, la modernidad de la ciudad terminó de vaporizar mi interés. Mi mamá había entendido mucho sobre la religiosidad, el sectarismo, la restricción de la libertad de pensamiento y el fanatismo.

La secta quedó atrás, pero no tanto. Igual que esa culpa y esa búsqueda interminable de expiación de la Biblia se imbricó inextricablemente en la civilización occidental, así mismo los Testigos le dieron forma a mi teología infantil, a mi primera conciencia ética y proporcionaron simbología que he usado a lo largo de mi trabajo literario.

Los veo con simpatía en las plazas, esperando al incauto que no tiene preparado el “Tengo prisa, disculpe”, y una que otra vez me he detenido a conversar. Les produce cierta maravilla desprevenida discutirle su teocracia con las mismas armas.

Antes de terminar, debo decir que los Testigos (digamos de “a pie”) son en general, gente decente.

Creen sinceramente lo que predican y muchos lo viven. Esa religión me ayudó a estudiar la Biblia intensivamente, al punto de engullir el Pentateuco y el Nuevo Testamento, además de largas partes del monumental libro de Job y muchos versículos de otros, lo cual ha sido muy importante para mi cultura general.

Lo que más me marcó: la tragedia ¿redimida? de Job, Daniel y sus visiones que se me hacen psicotrópicas, los evangelios pero sobre todo las cartas del Apóstol Pablo, que reescribió el cristianismo para globalizarlo.

Paradójicamente la experiencia desató en mí consecuencias completamente opuestas a las esperadas: duda ante las autoridades místicas; antidogmatismo; amor por la libertad de pensamiento y la convicción de que la búsqueda espiritual es una individual. Una forma inconsciente de oponerme al adoctrinamiento fue un impulsó a probar la marihuana. No recuerdo porqué, pero ocurrió.

(Es increíble la cantidad de jóvenes Testigos conocidos que, al desertar, tuvieron períodos de intenso hedonismo, uso de drogas y alcohol e incluso flirteos con lo delictivo. Lo mío excluyó lo delictivo, se los juro).

Cuando los comparo con sectas políticas demasiado conocidas (y dañinas) en Venezuela y otros países, noto elementos comunes (aunque los Testigos son más honestos e incluso bien intencionados en comparación). Algunos paralelos:

  • Sumisión a una autoridad superior indiscutible.
  • Monopolio de unos pocos “ancianos” de la interpretación de esa autoridad.
  • Monopolio del perdón de los pecados.
  • Reescritura de la cultura dominante, en este caso, la Biblia.
  • Grandes consignas: “Los 144.000 Ungidos”; “La Nueva Sión”; “Gog-de-Magog”, “Babilonia la Grande”.
  • Ritos: cánticos, memoriales, escenificaciones bíblicas.
  • Adoctrinamiento intensivo y sin tregua. Si es a temprana edad, mejor.
  • Proclamación de una “moralidad superior” que separa a los Testigos del “resto”.
  • Uso de pensamiento y discurso únicos: “Made in The Watch Tower Society, Brooklyn, New York”.
  • Vigilancia (espionaje) para que ninguna oveja se salga del carril.
  • Trabajo de calle (predicación en plazas y de casa en casa).
  • Atención a los más pobres (80% de la predicación era en las zonas de menos recursos).
  • Recompensas intangibles (vida eterna, espiritualidad, éxtasis pentecostal).

En fin, fue una época interesante. Un niño que se estrena en sociedad con visiones apocalípticas y un entrenamiento apostólico. Un ángulo heterodoxo de la religión dominante. Un primer encuentro cara a cara con la pobreza de nuestra Latinoamérica. Una sacudida interna que me hizo el rebelde intelectual y espiritual de hoy y de siempre.

Creo que soy una de las pocas personas en el mundo que ve a unos Testigos de Jehová en la plaza y le provoca sentarse con ellos a conversar un rato…

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Ilustración inicial: Composición de Lúdico con grabados de Auguste Dore y otros.
Los comentarios con fecha 22/Nov/2014 fueron realizados en Facebook el 04/Dic/2013 y trasladados a este post, como una muestra.

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Las dos visitas del Señor F. (Ficción)

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Augusto Qui está por recibir el Premio Nobel de Literatura. Pero no puede dejar de pensar en una mañana de hace 37 años, cuando se le presentó un hombre que venía del futuro, según le dijo y predijo que sería un famoso escritor y ganaría el Premio tal cual ocurrió. Más nunca lo vio, hasta una segunda visita, en la cual Augusto comprendería por fin los mecanismos e intenciones de ese misterioso viaje en el tiempo.
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