¿Supersticioso yo?

¿Supersticioso yo?

Ensayo – Fernando Nunez-Noda

De las muchas resoluciones de año nuevo yo cumplo si acaso una y con mucho esfuerzo. No obstante, “dejar las supersticiones” es la que más quiero acometer. Ciertamente las detesto. Pero no tan rápido, esto que compartiré con ustedes me ha hecho ver el asunto desde otra perspectiva.

“Soy lo suficientemente culto para no ser supersticioso… pero lo soy”, reconoce Dostoievski en Apuntes del Subsuelo. La superstición tiene que ver con causalidad, con orígenes no científicos o carentes de una explicación forense de eventos naturales o sociales.

En vez de enfermedad un conjuro; en vez del viento que apagó una vela, el mensaje de un ser sobrenatural. Romper espejos, pasar debajo de escaleras, pisar las rayas de la acera, botar sal. Se les asocia con mala suerte. Lanzar monedas en una fuente, cruzar los dedos, tocar madera. Con la buena.

La superstición viene de eras muy antiguas, en general, de sociedades ancestrales.

En la prehistoria era común que el brujo de la tribu avalase o bendijese ciertas acciones de ejércitos y reyes: nacimientos, muertes, excursiones de conquista… El matrimonio entre religión y Estado es mucho más antiguo de lo que imaginamos y acaso proviene de esta participación del shamán local en la vida pública.

Dos mil trescientos años antes de nuestra era, un rey Sargón de Babilonia compuso el más antiguo tratado conocido sobre horóscopos e interpretación de los sueños. La mentalidad mágica tiene un espacio fundamental en la historia, desde el mundo sobre una tortuga hasta el cielo como una esfera de vidrio.

El mítico Hermes Trismegisto en el Egipto helénico organizó las llamadas “ciencias herméticas” y estableció la astrología tal cual la conocemos y otras aplicaciones esotéricas.

En Occidente, los griegos fueron más científicos que magos, pero no exentos de magia y ocultismo. La lectura de La Odisea o Jasón y los Argonautas nos hablan de todo tipo de seres y lugares fuera de este mundo. Los romanos tuvieron el poder de llevar estas creencias a toda Eurasia donde se ligaron con las de los bárbaros para formar una nueva mitología ocultista: la opuesta al cristianismo.

El cristianismo tiene su propio arsenal de creencias sobrenaturales. Algunos ejemplos:

  • Jurar por Dios en vano es fuente de desgracias.
  • Si una persona no hace la primera comunión pierde el cupo al cielo.
  • Si alguien mira con “mal de ojo” a otro y sobre todo a un niño pequeño, puede hacerle daño.
  • Algunas canciones de rock tocadas al revés contienen mensajes satánicos.
  • El 31 de diciembre se realizan acciones, como comer 12 uvas o vestir ciertas prendas interiores, para lograr buena suerte en el año nuevo.

En la Edad Media cualquier persona fuera del cristianismo era hereje, bruja, adoradora del diablo. Giordano Bruno, un astrónomosólo por sugerir en un tratado que los planetas eran como grandes seres y que podía haber vida en otros distintos de la Tierra, fue quemado vivo por apóstata.

La sociedad, a partir sobre todo del siglo 19 y ni qué decir del 20, se hizo cada vez más laica y científica pero eso no hizo mella en la superstición.

Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, a pesar del severo racionalismo que movía al inquilino de Baker Street, confesó su dedicación al espiritismo. Harry Houdini, el legendario mago, tuvo un interés excesivo por el ocultismo, sobre todo a raíz de la muerte de su madre. Se dedicó a desenmascarar farsantes.

Más peligrosa fue la afición de Hitler a lo supranormal. Se dice que junto a Rudolph Hess y otros jerarcas nazis, perteneció a la “sociedad de Thule”, un grupo que creía en la tierra cóncava y un pasado de razas superiores, con dos lunas y gigantes.

El argumento de la película Cazadores del Arca Perdida no es descabellado: Hitler manifestó profundo interés por el Arca de la Alianza hebreo y por la “Lanza de Longinos”, que se dice atravesó el cuerpo de Cristo y confirió poderes extraordinarios a guerreros y reyes como Carlomagno.

Pierre y Marie Curie creían en la radiactividad pero también en el espiritismo. Asistían a sesiones para comunicarse con el más allá. Un importante protagonista de la teoría cuántica, Wolfgang Pauli, parecía alterar equipos electrónicos con su presencia y lo atribuía a un exceso de energía mental, de psicoquinesia.  Jack Parsons, ingeniero de la NASA e inventor del combustible sólido para cohetes, afirmó haber invocado nada más y nada menos que al Diablo. En fin.

La Razón odia la Superstición

Científicos y cultores del sentido común arremeten contra el pensamiento mágico.

“La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija loca de una madre cuerda.” –Voltaire

“La superstición en que fuimos educados conserva su poder sobre nosotros aun cuando lleguemos a no creer en ella.” –Gotthold Lessing

“La superstición es la religión de las mentes débiles.” –Edmund Burke

“La superstición trae mala suerte.” –Umberto Eco

La Medición de la Superstición

Vayamos de menos a más.

  • Un estudio del Journal of Experimental Psychology de 2013 reveló que físicos, químicos y otros científicos estudiados de instituciones como el MIT, atribuían a causas naturales o científicas a fenómenos registrados y medidos, pero que algo muy distinto sucedía con eventos u observaciones que no pueden explicarse con la ciencia actual. Sus respuestas asomaban una voluntad universal o de conciencia que guía las cosas, de propósito superior, sea de un dios o de un universo menos volitivo.
  • En otra investigación, a un grupo de personas autodefinidas como ateos se les pidió que leyeran en voz alta 36 oraciones que le pedían a Dios que hiciera cosas terribles, como causar daño a su propia familia. Todos sudaron y se estresaron tanto como los creyentes.
  • En un experimento se le pide a un grupo que escriba sobre diversos temas y se hace inventario de las palabras que usa. Luego se le pide que escriba de su propia muerte y se encontró que aumentaba considerablemente la cantidad de palabras relacionadas con entidades sobrehumanas, como Dios, el cielo o el infierno. Y esto por igual entre religiosos y no religiosos. ¿Será verdad que la gente es atea hasta que comienza a caerse el avión?
  • En la Universidad de British Columbia se realizó una interesante prueba. Se le pedía a un grupo que tratara de adivinar las intenciones de una persona en una situación hipotética de acuerdo con ciertas “pistas”. Luego se le pedía que atribuyeran una finalidad a fenómenos físicos, astronómicos, biológicos, etc. Los resultados revelaron que aquellos que atribuían causas sobrehumanas/religiosas a los eventos naturales eran más eficientes develando las intenciones pragmáticas de las personas. Se deriva que explicar con magia o religión lo que no entendemos es parte de nuestro bagaje evolutivo.
  • Un estudio inglés le plantea a un grupo de estudiantes qué debe hacer un científico que no cree en supersticiones, si se encuentra con una autoproclamada bruja que amenaza con echarle una brujería. La mayoría dice claramente que debe ignorar la amenaza y no darle importancia. Pero interrogados después sobre qué harían ellos si fueran el científico, la respuesta abrumadora era negociar o evitar que la bruja les lanzara el conjuro. Ustedes saben, por si acaso. “La superstición en que fuimos educados conserva su poder sobre nosotros aun cuando lleguemos a no creer en ella”, dijo Gotthold Lessing.

Un clásico de Steve Wonder: Superstition (Supersticioso):

¿Y mi resolución?

Pues parece que dejar la superstición no será posible, consciente o inconsciente, por los momentos. Quizá la necesitamos para poder entender el mundo. Sí. Para llenar espacios de incertidumbre. Es como un auxiliar del afán de completitud en el conocimiento. Una especie de “hasta que la ciencia me lo explique”.

¿Y si no? Pues seguimos con la canción de Stevie Wonder.

 

 


NOTA:

Este ensayo no es una recopilación rigurosa ni académica, es un recuento de referencias que he recordado o que he seleccionado por puro placer intelectual. Si el lector conoce algún dato, caso o referencia que enriquezca este ensayo, lo invito a dejarlo plasmado en un comentario.

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ILUSTRACIÓN: Composición con dos imágenes de Pixabay.com.

T, A, Cuerdas (Aforismos)

T, A, Cuerdas (Aforismos)

De la serie Cuerdas

Cuando comento lo que escribo, soy otro.

Hay que ir más allá del “más o menos”.

Es la repetición lo que permite que ocurra la sorpresa.

Hay periodismo donde no pude dejar literatura.

Uno siempre consigue buen material cuando está buscando otra cosa.

Quien no entiende el sarcasmo, lo merece.

De todas las cosas ya hay mucho.

La vida es un eterno retorno de una sola vez.

Todo lo que escribo es una excusa para escribir.

En mi vida Dios ha sido todo, menos Dios.

Hay dos o más vidas en cada sueño.

Uno tiene prehistoria.

Toda verdad es instantánea.

Ser como uno quiere es una forma de perfección.

Hay que pelear contra el caos como si no supiéramos que es imbatible.

Algo demasiado concentrado se entiende por contexto.

Hay una autoridad invisible en las cosas ciertas.

La condena viene con su previsión de redención.

La risa es una irradiación hacia adentro.

El beisbol es casi todo energía potencial.

¿Por qué creer que un “No estoy de acuerdo” es una declaración de guerra?

Somos más locos contenidos que personas razonables que enloquecen.

My son of the bitch is a killer too.

El que crea, cree.

En el reposo el protagonista pasa.

Desenmascarar la ilusión de la realidad es otra ilusión.

Escribo en primera persona muchas cosas que no tienen que ver conmigo.

Es mejor ser imprescindible que “hacerse” el imprescindible.

Toda la basura del mundo también forma parte de la naturaleza.

Para muchos ganar vale más por la adrenalina que por lo ganado.

¿Por qué Dios tiene tantas sucursales?

Mucho monólogo lleva a soliloquio.

El deseo de aprobación disfrazado de desinterés siempre se descubre.

Para un niño no hay tiempo y tiene todo el tiempo del mundo.

Un comentario “espontáneo” es a veces un reclamo escondido.

Hay precisiones innecesarias.

El silencio tiene relieves.

La distancia nivela las alturas.

Me alejo del teclado, se acercan las ideas.

 


Otros:

Bienvenidas las citas de estos aforismos. Agradezco se hagan con mención a Fernando Nunez-Noda o @nuneznoda.
ILUSTRACIÓN: Lúdico.

Antología de Literatura Fantástica

Antología de Literatura Fantástica

Una nota sobre la llegada de un libro muy querido. Un compendio de historias fantásticas a-lo-Borges. Este es el post de Facebook donde lo cuento y pueden comentar si quieren.

Ciencia y religión: casos

Ciencia y religión: casos

Para mí la ciencia es lo más cercano a una verdad social, a la determinación de los hechos de manera física y forense. Para mí y para el mundo moderno.

Todo lo demás: lo desconocido, lo parcialmente conocido o lo opinático pertenecen a otras esferas: la sociología, la psicología, el periodismo.

Y así cambió totalmente el criterio de validación: no es ciencia vs religión. Están cada una en su respectivo lugar. Pero la sociedad moderna es laica. Su sistema de verdad social gira alrededor de la ciencia. El Vaticano ha aceptado que su querella contra Galileo fue injusta. Ha reconocido que las teorías de la relatividad y del Big Bang tienen un poderoso soporte fáctico y que “no contradicen las Escrituras”, o la interpretación que el catolicismo ha hecho de ellas. El cristianismo en general ha tomado el mismo camino. No ha claudicado, simplemente entiende que sus postulados viven en otra esfera de la realidad (“Mi reino no es parte de este mundo” aclaraba el Mesías).

El hinduismo, el budismo, están más allá de los afanes políticos desde hace siglos.

Opino que la ciencia y la tecnología funcionan en una esfera práctica y social, mientras que la religión en una individual. Respeto las instituciones, los cultos y los libros sagrados… pero ejerzo la religión y espiritualidad como un enfrentamiento personal al asunto de la divinidad, la vida, la trascendencia, etc. Decía Hermann Hesse: “No puedo vivir un día sin religión, pero he pasado muchos años sin iglesia”.

Inmiscuir la religión en la política o en el funcionamiento, digamos, “empírico” de la sociedad es algo a lo que, personalmente, me opongo. Pero pensar y sentir libremente la religión o el misticismo o la espiritualidad, me parecen privilegios personales.

La ciencia se conoce antes de que se llamara ciencia

En el Génesis bíblico Dios es muy claro al prohibirle a la primera pareja comer del árbol de conocimiento. A quienes dicen que les dio libre albdrío cabría preguntar: ¿Qué clase de albedrío es ése? Que el Paraíso recibe dosis controladas de información, parece decir el Hacedor, porque el Edén es un mundo seguro en el cual Dios piensa por ellos, Dios resuelve por ellos. “Si conoces te rebelas”, parece haber ocurrido con el mismo Satanás antes de la serpiente, cuando retó a Dios y se llevó medio cielo con él, según el libro de Job.

Prometeo y Sísifo, de la mitología griega, son otros caso patéticos, no por ellos, sino por quienes los trataron como “personas non grata”. Tengo la teoría muy personal de que mitos como el de Prometeo o Sísifo fueron formulados por sacerdotes, de la misma forma que el Pentateuco fue escrito por líderes de una nación que planificaban su código moral (y su sostén al poder).

La política, “el arte de lo posible”, ha explotado esa dualidad del liderazgo de factura científica (armamento, herramientas) con atribuciones místicas. Los faraones y los césares, así como la realeza hasta finales del siglo XVIII en Europa, se creían de linaje divino y actuaban como semidioses. Los pueblos precolombinos vivían teocracias, gobiernos regidos por el precepto religioso tan común en la antigüedad: un rey empoderado por un Dios y sacerdotes que se encargaban de sus asuntos terrenales. Luego, los funcionarios y el resto de la sociedad.

El éxito político, económico y militar de occidente le debe mucho a la eventual separación del Estado y la iglesia. A un desarrollo de la ciencia en el Renacimiento en adelante, al que siguió una efectiva aplicación en esferas prácticas: el transporte, la salud, las comunicaciones, las ciencias sociales…

Pero los pueblos no pueden deshacerse de la mitología política y en Latinoamérica (acentuadamente en Venezuela) vemos regímenes empecinados en ser sectas. Le quitan el fuego a sus ciudadanos y los hacen meros homínidos que deben sobrevivir las sabanas. No producen ciencia, incluso la resienten y la combaten.

Prometeo paga el precio, en esta ánfora del siglo 6 aEC, de la colección del Museo Vaticano.

Prometeo le roba el fuego a los dioses y se lo entrega al hombre. Le lleva la ciencia, le abre los ojos. Zeus lo castiga con un tormento horrible: que se repita todos los días el desagradable evento de que un ave se coma su hígado.

Sísifo es castigado por engañar a Hades (la muerte) y otros dioses, con el fútil ejercicio de llevar una piedra al tope de una colina para verla caer inmediatamente. Homero no dice por qué castigan a Sísifo, pero hay mucha especulación sobre su papel de difusor de secretos sobre la vida y la muerte a los ignorantes humanos.

En la Edad Media la ciencia era simplemente herejía y su eco se siente en tiempos más recientes con los activistas religiosos. Recordemos que Giordano Bruno, un pensador italiano del siglo XVI, fue quemado en la hoguera por atreverse a afirmar que el sol era una estrella y que en el universo astronómico había planetas que daban cobijo a la vida.

Trató de salvarse diciendo que esa vida era posible por la aparición de Jesucristo en tales planetas pero perdió cuando se consideró que esa presencia extraplanetaria del Cristo implicaba que hubiera otros papas y cardenales, lo que obviamente enfureció a los jerarcas terrícolas del momento. Lo siento Bruno, eso pasa cuando se mezcla una cosa con otra.

Ah, viene a la mente la cruenta disputa por la veracidad de la teoría heliocéntrica de Copérnico con los ajustes de Galileo Galilei (en el siglo XVII). Este sabio italiano, precursor y quizá padre del método científico, al descubrir nuevos planetas y satélites quebraba el orden sacrosanto, el de una Tierra como centro de un universo que giraba con un número de cuerpos finito e inmutable.

El Papa Benedicto XIV, que le apreciaba, evitó una muerte segura, pero obligó a Galileo a desdecirse, a buscar subterfugios para que sus descubrimientos se ajustaran a la ortodoxia católica. Famoso (sea cierto o no) fue un supuesto murmullo que dio el genio cuando la corte le obligó a negar que la tierra se movía en el espacio de acuerdo con los principios de Copérnico. “Y sin embargo se mueve”.

“Y sin embargo se mueve”. Retrato de Galileo Galilei de Giusto Sustermans.

“Tengo razón, pero voy preso” podría interpretarse eso. Como acto de desagravio, el Papa Juan Pablo II reconoció en 1992 los errores de los teólogos que habían evaluado el caso de este hombre incomparable. Si le hubieran dejado trabajar libremente, quién sabe a dónde hubiera logrado avanzar la ciencia de su época.

Pero al final la ciencia se impuso y es la que establece los valores veritativos (base para las decisiones) en las cortes, en las juntas de producción de bienes y servicios, en las guerras y, muy importante, en los salones de clase. Hace 500 años la autoridad era el Vaticano, ahora es la NASA.

Si el ser humano hace ciencia, ésta se defenderá por sí misma, hará caer las cosas por su propio peso. Necesita menos predicadores. Y ¡vaya que no le han faltado! El fervor de Arquímedes con su ley de pesos parciales; de Sócrates enfrentado a la muerte; el de Galileo en un juicio que sabía perdido.

No obstante, la ciencia y su capacidad predictiva (cada vez más afinada aunque sujeta al error) ha ganado terreno por el efecto de demostración, por la evidencia observable. Hay un espacio del mundo donde la ciencia manda, aunque no pueda explicar tal espacio y sus componentes. Con solo describir y operacionalizar físicamente el entorno humano, la sociedad hace todo lo demás.

No obstante

Decíamos que la ciencia es precisa y rigurosa, pero estos atributos son paradójicos y, a lo sumo, inlogrables, porque se ejecutan sobre un cuerpo de conocimientos que cambia y que amplía sus regiones de incertidumbre en la medida que cubre otras.

El gran Karl Gustav Jung afirmaba que la “ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes, que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable.” Supongo que se refiere a certezas convincentes, fuertes socialmente, más que a verdades absolutas.

Porque “la ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”, al decir de Voltaire. Y no actúa inteligentemente quien se opone al dogmatismo religioso como sustituto de la ciencia pero, a la vez, trata la ciencia con dogmatismo religioso. La ciencia es todo menos absoluta o dogmática, es lo mejor que tenemos para manejar el conocimiento y aplicarlo pero sigue siendo imperfecta, la mayoría de las veces provisional y aproximada.

“En tanto las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son exactas; en tanto son exactas, no se refieren a la realidad”, nos dice acaso el más grande científico que ha vivido, Albert Einstein, para luego afirmar: “Sería posible describir todo científicamente, pero no tendría ningún sentido; carecería de significado el que usted describiera a la sinfonía de Beethoven como una variación de la presión de la onda auditiva.”

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¡ATENCIÓN! Un cartel con una frase de Einstein que realmente dijo Einstein.

También comentaba el genio despeinado que en cada puerta que la ciencia abría se podía ver a Dios, si se quería. Dado que la ciencia no ha rasgado siquiera la superficie sobre las “causas últimas”, la explicación religiosa sobre preguntas insondables como el origen o el destino serían por el momento tan plausible. Por ejemplo ¿qué hubo antes del Big Bang? Un estado físico sin Dios o un Dios. La capacidad de decidir es cero o ambas. La ciencia gana por lo que ocurre después del Big Bang, pero ni siquiera para predecir a muchos eones desde el presente.

De modo que un científico religioso o, en todo caso, espiritual, no debería ser una contradicción. En cambio, usar la religión como guía política o científica nos han dado años de inquisiciones, fundamentalismos, juicios a Galileo, heliocentrismos, y ha contribuido a supremacías raciales o de género, burkas y un largo y triste etcétera. Atraso, cuando menos.

Diseño inteligente vs Pastafarismo

“Saquen su libro de texto para nuestro próximo tema”. En el pizarrón: “Diseño inteligente”. Caricatura de Gary Markstein.

Fíjese lo que ha ocurrido en las asignaturas de biología e Historia Natural en las escuelas primarias. La evolución y los fósiles sacaron algunos tornillos a las bases creacionistas ya desde el siglo XIX, pero la lucha social porque la tesis creacionista siguiese oficial fue muy intensa. La de la ciencia no, no es militante, ni fanática. La otra sí, porque tiene un alto componente emotivo, de fe.

Al no poder siquiera mantenerla en el pensum, los creacionistas reclamaron igual estatus, sobre todo en el epicentro de esta batalla: los Estados Unidos. “Ok, pongan la evolución, pero también la creación”. A principios y mediados del siglo 20 esta pugna incluso dio victorias a los religiosos del sur, quienes mantuvieron la presencia del dogma en las tareas escolares. Fue apenas en 2006 cuando las cortes de justicia dictaminaron que propuestas como el Diseño Inteligente no podían habitar el programa educativo porque no eran científicas. Como tiene que ser.

Si usted ve mi perfil en Facebook notará que he puesto bajo religión: “Pastafarismo”. ¿Enloquecí, me uní a alguna secta rastafari que adereza sus ceremonias con “ganja” o soy adepto a la pasta al dente? No, nada de eso. El Pastafarismo es uno de esos sarcasmos geniales, en este caso, como respuesta al Diseño Inteligente y propuestas similares. Dejemos que la Wikipedia nos ilumine (sin necesidad de ganja, tranquilos):

El pastafarismo, neologismo derivado de pasta (espagueti) y rastafarismo, es una religión paródica, surgida para refutar el Diseño Inteligente.

Popular afiche del Pastafarismo que muestra en encuentro de Adán con el Espagueti Volador que todo lo creó. Fuente: web oficial del Pastafarismo.

El argumento cosmológico del Monstruo de Espagueti Volador tiene premisas y conclusiones:

  • Conclusión 1: la existencia del universo tiene una causa.
  • Premisa 3: como no hay una explicación científica que pueda elucidar la causa del origen del universo, esta causa debe ser sobrenatural, o sea el universo fue creado por un dios.
  • Premisa 4: los dioses siempre han creado a los humanos a su propia imagen y semejanza.
  • Premisa 5: el cerebro de los humanos parece una bandeja de espaguetis.
  • Conclusión 3: el Monstruo de Espagueti Volador es el único Dios verdadero.

Lo que hizo Henderson fue aplicar un cuerpo de sólidas premisas lógicas, en este caso, “seres más grandes que otros”, a un conjunto de postulados inconexos, arbitrarios, pero que suenan perfectamente bajo la ilusión de las palabras bien formuladas y concatenadas. Es una ficción ayudando a una entelequia. Como ficción es excelente, ahora ¿cómo religión? Así de absurdo ve el científico al religioso y viceversa. Otros somos respetuosos y curiosos por postulados de cualquier creencia. Pero hay gente que ve en los religiosos a seres poseídos por una alucinación.

Si quieren revisar lo que sigue y pensar seriamente en una conversión que involucre greñas cósmicas de trigo durum, lea aquí la entrada en Wikipedia o uno de los sitios web de la iglesia de los Pastafaris.

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De resto, la ciencia es mi método favorito para dirimir controversias (aunque a veces no se pueda) e incluso para ejercer el periodismo, lo cual por cierto, siempre debería poderse.

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ILUSTRACIÓN INICIAL: Lúdico.

Objetos voladores no confirmados

Objetos voladores no confirmados

 Un ejemplo de mitologías basadas en la ciencia.

Dignos acólitos de la serie “Expedientes Secretos X”, hay organizaciones y personas que afirman no sólo que el cosmos extraterrestre pulula de vida, sino que somos visitados profusamente, todos los días, por las más variadas formas de vida superiores.

El “incidente de Roswell”, en Nuevo México, EE.UU., en 1947, es acaso el más famoso de una serie de anuncios de avistamientos, encuentros cercanos o accidentes reportados. En la imagen se observa la primera página del diario local que reporta la supuesta caída de una nave espacial en el desierto.

Las explicaciones siempre excluyen la comprobación científica y denuncian una conspiración de los grandes países para ocultar estas verdades al público. Los científicos, sin embargo, no necesitan de una conspiración para descalificar, si no todas, al menos la mayoría de estas afirmaciones.

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de "avistamientos".

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de “avistamientos”.

Para empezar, tabloides como National Enquirer (en EUA) hablan siempre de extraterrestres hechos de protoplasma, de algún tipo de éter energético o habitantes de una dimensión que no puede percibir ningún instrumento científico, a no ser las cámaras desenfocadas (a juzgar por la variedad de manchas que se proclaman “avistamientos”).

En este sentido, la afirmación de la existencia de estos seres toma un matiz mágico-religioso, similar al de quien afirma que existen ángeles y otros espíritus. Por otro lado, parece ilógico que las grandes organizaciones noticiosas mundiales, hambrientas de “tubazos” periodísticos, con un amplio rango de libertad de acción, no hayan desentrañado esta conspiración de silencio y dado lo que sería la noticia del milenio o, mejor aún, de todos los tiempos.

La ciencia abre puertas

Un cosmólogo, de nombre Frank Drake, formuló hace más de 30 años una ecuación para calcular el número probable de mundos similares al nuestro, tan solo en la Vía Láctea, que podrían al menos comunicarse con nosotros enviando señales electromagnéticas a velocidad-luz. De los cien millardos de estrellas que contiene la galaxia se toman las circundadas por planetas (según la definición actualizada que excluyó a Plutón).

De esa fracción extraemos los planetas que tienen condiciones de habitabilidad para la vida tal como la conocemos: presencia de agua y compuestos de carbono y otros materiales comunes en la Tierra.

Frank Drake con su famosa ecuación. Foto: DPWW.

De esos afortunados habría que separar los planetas que hayan pasado del hueso al cohete. Es decir, testigos de algún tipo de sociedad inteligente y, al final, el residuo de las que pudieron desarrollar telecomunicaciones (o similares) para recibir y enviar señales desde y hasta nuestro mundo.

Obviamente, la ecuación funciona si disponemos de datos sobre las galaxias y, en este sentido, el inventario es escaso y disperso. Por ejemplo, sabemos de muy pocas estrellas con sistemas planetarios (1.900 planetas extrasolares contabilizados hasta marzo de 2015). Y mucho menos de la cantidad que podría albergar vida (apenas hay 47 candidatos, con solo 20 casos cuya existencia está confirmada).

El astrofísico Carl Sagan (1934-1996), por quien conocí esta fórmula, saca sus propias cuentas y propone que en la Vía Láctea puede haber dos millones de planetas capaces de sostener civilizaciones con algún tipo de avance tecnológico.

Apenas en 2011 se descubrió el planeta “más parecido a la Tierra”. Es decir, dueño de un espectro electromagnético muy similar al que tendría nuestro planeta visto desde allá. Llamado Kepler 438b, orbita una lejana estrella en la constelación de Lyra, apenas un poco más pesada que nuestro planeta, a 470 años-luz de distancia. Los científicos afirman que este cuerpo presenta buenas condiciones para sustentar vida. Que la haya es otra cosa.

Falta mucha información para llenar las casillas que hagan la ecuación de Drake más confiable.

Más adentro que afuera

Entrevistado al respecto, Carl Sagan aportó respuestas muy inteligentes. Confeso entusiasta de las posibilidades de vida en otros lares galácticos, indicó que no había evidencias serias de estas visitas. En una época de grandes contracciones en el gasto militar, nada le caería mejor a la industria militar norteamericana (y mundial) que una eventual invasión extraterrestre, que la reactivaría como en los mejores tiempos. De modo que serían los últimos en ocultar un dato tan conveniente. Buen punto.

Interrogado sobre la similitud de las historias contadas por los hombres y mujeres que se dicen secuestrados, Sagan fue tajante: “Alucinaciones, alucinaciones colectivas”. 10% de la población sufre de estos delirios, cuyo parecido reside en el inconsciente colectivo: vemos las mismas películas, compramos el mismo merchandising ¿es extraño que todas las naves se parezcan a las de Flash Gordon o a los corredores de la Estrella de la Muerte?

Sagan llamó la atención de miles de inescrupulosos analistas, sicólogos y siquiatras que “implantan” pensamientos y conductas en sus pacientes, haciéndolos creer con lugar a pocas dudas de alienígenas e incluso regresiones a múltiples vidas en el pasado.

La sicóloga Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, luego de un extensivo estudio de libros, películas y entrevistas con al menos cincuenta supuestos secuestrados por “aliens”, en su libro Cómo la gente llega a creer que fue secuestrado por extraterrestres, califica tales afirmaciones como falsos recuerdos por “una mezcla de propensión a la fantasía, distorsión de la memoria, libretos culturalmente disponibles, alucinaciones oníricas e ignorancia científica”.

Por ejemplo, alguien dice haber sido secuestrado por extraterrestres pero no recuerda detalle específico alguno. Sólo sabe que de repente despertó en una mesa de operaciones y arriba unas luces y todo borroso y unas criaturas… Por hipnosis, no obstante, el sujeto recuerda con sorprendente detalle incluso nombres propios, localizaciones astronómicas y demás precisiones que pueden trazarse en la enorme industria cultural sobre la vida extraterrestre. Sólo Discovery y History Channel pueden nutrirnos por días y días seguidos de especulaciones sobre alienígenas construyendo desde pirámides hasta la Muralla China. Con los años, la reconstrucción hecha con piezas ficticias puede ser bastante articulada.

Si la ciencia, digamos, pública no ha avalado la “evidencia”, me declaro escéptico. Los cultores de las leyendas urbanas atribuyen todo tipo de ocultamiento gubernamental y militar. Para mí es una cuestión de falta de evidencias. Más aún, el sustantivo “noticia” se usa con mucha generosidad, porque el único hecho suele ser que alguien dijo algo. Eso o “evidencias” en Youtube que no despejan la duda.

El universo conocido es tan extenso y variado que parece absurdo que no haya otras experiencias vitales, acaso tan diferentes de lo que esperaríamos como es posible. Quizá civilizaciones tan avanzadas que trasciendan lo físico o modestas bacterias o virus. ¿Quién sabe?

Por los momentos, seguimos en espera de la gran noticia.