Lo finito innumerable

Lo finito innumerable

Siempre ha habido dudas sobre si el caso que les contaré ocurrió. Poderes conspirativos o la casualidad han sepultado las pruebas duras y, la verdad, sólo hemos tenido rumores y deformaciones.

Afortunadamente tengo una autoridad muy sólida: soy uno de los protagonistas de esta historia. Aunque no diga quién y narre en tercera persona.

Es mentira que Dante Bellini haya declarado en su testamento la voluntad de que nadie heredara su dinero. Hacia principios de los 1980 la Ley, incluso contra su voluntad, lo obligaba a entregar buena parte a sus hijos Moana y Pepino. Pero Dante estuvo dispuesto a desafiar tal precepto luego de descubrir que esos vástagos, junto a su propio hermano Gabriel, habían fraguado un plan para asesinarlo. Devastado ante tal despropósito, dedicó lo que le quedaba de vida a evitar que los virtuales fratricidas se salieran con la suya.

En ausencia de un plan de concreto exploró ideas diversas y se detuvo en la de un apurado abogado de mirada vivaz (Daniel Saeta) que le había dado una respuesta hace un año:

— Usted debe desheredar a sus hijos en forma indirecta, por medio de una condición expresa aceptada voluntariamente, que parezca lógicamente realizable pero que sea prácticamente irrealizable.

— Yo lo llamo.

En vez, contrató a Sánchez Tolosa Monry Valmore Valparaíso Agrinsones Pelayo y asociados para un exhaustivo análisis legal, así como el anteproyecto de una estrategia litigante. Año y un mes después presentaron un voluminoso documento que explicaba amplia y detalladament lo que ya sabían.

En un rapto de lucidez despidió a la firma y contrató a Saeta. El lector preguntará: ¿por qué no donaba la plata y sanseacabó? No era fácil. Como todo magnate corporativo moderno, Dante era un extraño en su propia tierra. La corporación, pequeño país, comprendía un inmenso entramado de relaciones de poder, de sociedades, acuerdos e intereses… habría unas 27 salas de reuniones en Cobel (Corporación Bellini). Dante tenía que negociar para mover su propio capital.

Saeta probó varios bocetos creativos y dos o tres meses después llegó a éste: Contar en voz alta la sucesión de números Naturales desde el cero hasta el mayor número que se pueda lograr. Al despertar se dijo: “En un año.”

“Uno, dos, tres, cuatro…” Bajo estricta vigilancia de testigos, se haría medición exacta del comienzo de un año (Hora 0, Minuto 0, Segundo 0) y su final (Hora 8.760, Minuto 0, Segundo 0), así como la cantidad de números pronunciados clara e inteligiblemente según grabaciones de alta fidelidad. Al hablar de año se significan 365 días que pueden comenzar cualquier fecha que el participante elija. Sólo tres participantes posibles: los dos hijos y el hermano. Tres equivocaciones anulan la posibilidad de continuar una tanda y tres tandas anuladas ponen al participante fuera de la herencia, a través de una renuncia que ya se había firmado, condicionada a pasar o no la prueba. En total: nueve equivocaciones como máximo. El orden de las equivocaciones no afectaba el acumulado, si se iba por ciento treinta mil y ocurría un desliz lo contado hasta el momento valía. Si se cumplía la norma de pronunciar correctamente la corrida numérica, entonces ganaría la persona que lograse la cifra más alta después de 15 millones.

El extraño testamento hizo levantar cejas. En realidad no era un testamento propiamente, sino una provisión (otros la llaman “apuesta”), que se aceptaba o no. Por un lado estaba la circunstancia innegable de que la cifra lucía fácil a primera vista, aunque no lo fuere y acaso bordeara otros territorios de la dificultad. Parecía cuestión de una apurada semana, en la cual se cuenta rápido durante varios días para lograr la no fácil, pero sí factible encomienda.

Si Dante fue concreto y explícito, los desheredables familiares también tuvieron mucho ímpetu y asertividad para trastocar el caso. Por un momento pareció que el plan de Dante no tendría posibilidad ante los razonables alegatos de tres personas sanas y sensatas que solicitarían de la forma más pacífica “la fortuna que por sagrado derecho nos corresponde según voluntad ulterior de nuestro amadísimo padre”. A ellos no les interesaba el mínimo monto legítimo que les correspondía sino la mayor cantidad y, de ser posible, toda. Su error fue no aceptar la opción que tenían ganada de antemano (la que fija la ley).

La condición que Dante había impuesto fácilmente se calificaba de “maliciosa”, “cercana a la humillación”, si se creía realmente que había sido puesta para que se cumpliera. De esta forma, se descalificaba la condición principal, se invalidaba el testamento y se aplicaba la Ley de Sucesiones, que los dejaba con al menos un tercio de la riqueza en cuestión.

Pero ocurrió que un grupo de jurisconsultos consultados, encima consultores, dictaminó que la prueba era “lograble en condiciones humanas normales y con el apoyo que se garantiza en el documento sucesorial”.

La gente pensó en términos de la metáfora del ajedrez la condición que Dante impuso, precisamente para que no se cumpliera. Le hubiera gustado decir: “Mi dinero a la caridad y punto.” Pero la ley lo cercaba. Dora su esposa había muerto por esa enfermedad súbita, casi falsa. Había sido la primera muerte de Dante y ahora ésta, la propia, lo aniquilaba de cualquier reflexión corporativa. Daniel Saeta fue su salvación. En su Testamento lo nombró representante post-mortem.

Por otro lado, (si los hijos y el hermano fallaban la prueba) cedería toda su fortuna personal (excepto honorarios y demás gastos) a una serie de organizaciones privadas de acción social, atención a los niños y desarrollo educativo de reconocido prestigio.

Se formó la entidad legal “Sucesión Dante Bellini”, de sus dos hijos en estrecha asociación con Gabriel (quien fue incluido como aspirante a “la apuesta”).

Nos quedamos entonces, con tres polos de poder: los atribuidos (Saeta y organizaciones); la Sucesión Bellini (Pepino y Moana más Gabriel) y los accionistas y acreedores del holding. En una cláusula expresa se fijó una cuota para Saeta y Asociados, si ganaba, de tres millones de dólares.

El primer punto lo anotó la Sucesión, al lograr cuestionar el Testamento sobre la base legal que impone la repartición “legítima” de un porcentaje representativo de la herencia, sin necesidad de pruebas. Clamaban, simplemente, una flagrante mala intención en la elaboración de estos circuitos de prueba.

La Sucesión apostó por una coherencia familiar, que se calificaba abiertamente de “farsa” por fiscales y escribanos. Hay fotos. De los virtuales ingresos se comprometieron porcentajes con los peores abogados del país –digo, en cuanto a trayectorias cuestionables y no astucia- y estos dispusieron de “bolsas de trabajo” para llenar bolsillos anhelantes y también dudosos.

El plan de Dante era a) Revertir su fortuna personal en los empleados por medio de cederles acciones como bonificación; b) Ceder el resto a organizaciones civiles y d) Dejar un tercio a sus herederos.

Los socios corporativos bloquearon o mitigaron parte de estos objetivos, pero no los propósitos mismos. Ya era cuestión de en qué proporción se ejecutaría esa voluntad triuna.

Murió en 1986 y su fortuna personal sumaba 200 millones de dólares. Menos deudas y cuantiosos gastos operativos para ejecutar los tres puntos, la Sucesión Bellini se fijó en 110 millones de dólares.

Un día secreto y memorable, de uno de los bancos con mayor injerencia en Cobel llaman a Pepino, Moana y Gabriel.

Es una reunión secreta  en el Pent House de una gigantesca torre cuya vista se extiende hasta la ciudad-dormitorio hacia el este. Un ejecutivo, pelo engominado y carrera por el medio, lentes redondos y porte impecable se identifica como el Dr. Ugarte: “Usted sabe que este Banco tiene una reputación que cuidar. El trastornar el proceso del testamento, en detrimento de semejantes instituciones, nos pone automáticamente contra la opinión pública. Y no nos conviene y a ustedes tampoco, porque ese trabajo tiene muchos dolientes.”

— ¿Qué sugiere el Dr. Ugarte entonces? – pregunta Gabriel, mirando hacia las planicies del oeste. Moana ansiosa, fuma en cadena, su tío está tenso y sudado en el aire acondicionado. A lo lejos Pepino perdido, mirando la impetuosa montaña azulada al frente, tras el cual el Caribe baña a América. La pregunta se hizo con un excelente tono de fingido desinterés.

— Nosotros somos contribuyentes de muchas de esas fundaciones, es sencillamente una excelente distribución del dinero.

— Impecable –interrumpe el asistente, que habla caminando- organizaciones de sobrado prestigio, necesitadas por cierto de ese efectivo…

—… pero que dejarán eso en “manos de los abogados”, es decir, de un zorro llamado Daniel Saeta – replicó el hermano de Dante.

— Sí y eso los obliga a ustedes a negociar, pero por su propio lado. A menos que, por supuesto…

— ¿Qué?

— Hagan la prueba.

GABRIEL Y MOANA (AL UNÍSONO): ¿La prueba?

UGARTE: Sí.

GABRIEL: Pero si es una locura.

EL ASISTENTE: Todo lo contrario, se trata de una prueba al parecer coherente.

UGARTE (SONRIENTE): Sólo que muy extravagante.

GABRIEL: Es una prueba humillante, debería descalificarse en la corte.

UGARTE: Y qué importa. Su ejecución sólo requiere el auxilio de dos testigos y ninguna corte puede desaprobar una tentativa justificada de forma tan precisa.

GABRIEL: ¿A qué se refiere?

Ugarte se pone de pie, Pepino sale del letargo y se acerca, el asistente camina paralelo al abogado. Se dirigen a una caja fuerte, ya abierta, contentiva de una serie de documentos que el otro toma y coloca en la mesa de vidrio.

Los dedos largos separan cuidadosamente las piezas.

— Échele un vistazo a esto.

El documento consiste en 25 páginas impresas, donde los textos se complementan con tablas y gráficos. Un fragmento del mensaje central:

“Un año tiene 31,5 millones de segundos. Contar hasta 15 millones en un año NO es labor imposible, sobre todo si se puede contar por partes. De un día promedio se toman 10 horas para dormir y comer. Sobran 14 horas activas para contar sin mayores descalabros. Entonces, se calcula el día apto para contar como de 14 horas, lo que equivale a 8.472 horas disponibles para contar en un año. Si el participante desea restar tiempo al sueño y la comida, puede hacerlo, ganando así preciosas horas. Si se cuenta un número por segundo, en estos 355 días se lograrían 17.892.000. Este último guarismo debería ser el tope de la prueba, pero se entiende que todo el tiempo útil no se puede ocupar en contar y que resulta injusto restar tiempo al sueño y la comida, por lo cual se otorgan los siguientes bonos: a) A los 10 días de fiesta oficial, se suman 33 días más de bonificación para suplir otras necesidades (fisiológicas, sociales, culturales), de forma que el año apto mínimo queda reducido a 322 días de 14 horas activas, es decir, 4.508 horas activas al año. b) Otros 39 días, que es un tiempo razonable para actividades intelectuales y espirituales (lectura, descanso mental, ocio), de manera que nuestro año de 365 días tiene un tope de 15.000.000 de segundos, ello es, apenas 5 meses y 24 días. El resto se lo reparte el participante como desee. En definitiva, el participante debe contar hasta un número tal que, si lo hiciese sin parar desde el primer segundo y asumiendo una frecuencia de uno por segundo, abarcaría 5 meses y 24 días como mínimo. Buena suerte y que Dios los bendiga.”

— Más claro no canta un gallo- recalcó Ugarte, al notar que Gabriel ya había entendido los puntos básicos del documento.

— Pero, esto…

— Más adelante se especifican las condiciones de medición: auditado por una empresa transnacional (jugosos honorarios); grabaciones de alta fidelidad sobre cuya autenticidad dan fe tanto los testigos como el participante.

— Pero… ¿no entienden?

— Claro que entendemos, mire esto.

Ugarte tomó una carpeta y la abrió frente a los azorados herederos: contenía recortes de prensa donde las organizaciones favorecidas con el testamento exponían a la opinión pública la situación de la herencia.

— ¿Dicen algo de la maldita prueba? -revolvió Gabriel los rectángulos de papel.

— No. Nadie la conoce, excepto las partes. Nosotros no queremos perder una pieza tan excelsa como Cobel y la armonía con los nuevos accionistas se está logrando. No les decimos que renuncien a la herencia sino que la ganen en la prueba. Pero escándalos, ya no más. ¿Un café?

Gabriel sospechaba algo extraño, en el fondo, pero no se le ocurría qué. Té, cigarrillos, brandy, vasos y copas desperdigados que un mesonero ponía y recogía.

GABRIEL: El condenado Dante encontró el circo adecuado que ningún orgullo puede soportar. ¿Usted se imagina a este cristiano contando como un imbécil hasta 15 millones?

MOANA: Nojó, tío, por esos dólares tú vendes hasta a la nona en Lucca.

Ugarte continuó con postura más grave:

— Además, yo les puedo garantizar a ustedes ciertas cosas.

Los herederos -que desde ese momento eran “los aspirantes”- se acercaron y a Ugarte le pareció que se doblaban como vistos por un lente ojo de pez.

— Les puedo garantizar tanto el mayor anonimato posible, como la justicia de la auditoría.

— Eso no es mucho -replicó Gabriel. Ustedes pueden invalidar el condenado testamento y nosotros le damos lo que pidan.

— Señor Bellini, lo que quiero decirle es que este banco está más interesado en Cobel que en la bendita herencia. No nos interesa si va a sus bolsillos o al de sus rivales. De cualquier forma vuelve para acá. Tenemos, como le dije, una reputación que cuidar. Sólo queremos acallar el ruido que ha causado esta pelea.

De repente, Pepino, Moana y Gabriel, que pensaron en la prueba como algo con lo que jamás habrían de enfrentarse, la vieron cual realidad inevitable y a la que debía verse con otros ojos, explorarse, aprenderse.

UGARTE: La prueba es realizable. Habilitamos un apartamento con cuatro habitaciones, baños y cocina. En una colocamos un centro general de grabaciones y en cada una de las restantes un equipo de grabaciones conectado a una computadora. Ustedes acuden a ese lugar cuando quieran. Pueden comer, bañarse o dormir allí, siempre que no lleven invitados diferentes a ustedes mismos. La confidencialidad es total.

Los herederos -cada uno por su lado- ya miraban las cosas desde otra perspectiva: la de un esfuerzo, largo y penoso, pero al final tremendamente productivo.

UGARTE: Ustedes llegan, hablan con cualquiera de los cinco testigos de guardia, firman un acta sobre el inicio y el final de la prueba cada vez que la ejecuten. Les está permitido contar (y ser controlados y grabados) cada vez que quieran, de día o de noche, el 12 de octubre o el 31 de diciembre. No hay límites. Se les da copia sellada de cada transacción.

PEPINO (INSPIRADO): Se cuenta un número por segundo, pero también dos y tres, de forma que en el curso del reloj podemos acumular números en menos segundos.

Acto seguido contó hasta 20 en casi 5 segundos, es decir, tres o cuatro veces más rápido de lo corriente. Este hallazgo iluminó el rostro de la Sucesión Bellini más el hermano, quien se apresuró a calcular:

— Con sólo contar dos números por segundo lo hacemos todo en la mitad del tiempo.

Ya saboreaban, no sólo superar los 15 millones sino acercarse a los 31 millones, el arcano sagrado, número de segundos de un año.

GABRIEL: ¿Hay algún bono si pasamos de 15 millones?

Y allí quedó comprobado que nadie percibió la naturaleza intrínseca de la prueba. Como el emperador. El truco fue perfecto.

Los trámites legales continuaron. Hubo reuniones entre Saeta yla Sucesión Bellini, corrían los primeros días del año. En una oficina de Cobel ocurrió una tertulia definitoria. Estaba Saeta, dos de sus abogados, tres leguleyos dela Sucesión, Moana, Pepino y Gabriel.

GABRIEL: Saeta, eres un miserable.

SAETA: No lo pongan más difícil. Hagan su prueba y sanseacabó.

GABRIEL: Tenemos todo el año para eso.

SAETA: Mientras más tarde empiecen, menos oportunidades tendrán…

Saeta entonces les explicó que cuanto antes fijaran el día uno, más rápido se definiría el asunto y, si iban a ganar…

GABRIEL (DANDO PALMADITAS SIMULTÁNEAS A SUS SOBRINOS): Mucho cuidado, que si está tan ansioso será por algo.

Aunque se opusieron ese día, cuatro meses después ocurrió el acontecimiento definitivo: el tribunal no aceptó la solicitud de anulación del testamento, de modo que la prueba seguía vigente como una alternativa a lo que sería, sin duda, un complejo y largo proceso de Sucesión.

El primer intento lo acometió Gabriel en medio de una partida de cartas. Había perdido las últimas tres rondas y pensó que toda esa dependencia en el dinero menudo debía desaparecer. Se retiró del juego y se dirigió al bar. Cinco martinis y una charla insulsa con el barman lo dotaron de fuerza. Tomó su auto y ordenó al chofer dirigirse al apartamento de la prueba. Tenía llaves que no había probado. En pocos minutos uno de los testigos abrió y saludó cordialmente.

Pase, es usted nuestro primer visitante, debe firmar aquí.

Había un libro de folios, preparado, pero no inaugurado. Gabriel puso su nombre, firma, día y hora de entrada. Se presentaron dos testigos más y miraron con curiosidad exagerada el cuaderno, luego firmaron y sellaron su aprobación. Gabriel recorrió con desdén el apartamento. Estaba prácticamente vacío, excepto por una mesa de pantry, donde los testigos dialogaban. Había un televisor y un bar empotrado en la pared con una dotación nada despreciable. El papel tapiz de todo el apartamento simulaba un gigantesco crucigrama vacío: miles de cuadritos blancos y negros en disposición caótica pero repetida de rollo en rollo.

Una de las habitaciones parecía una pequeña estación radial: equipos con grandes grabadores y un operario con audífonos. Había discos, revistas y cables en cierto desorden. Los testigos no tenían ningún rasgo distintivo, como uniforme o credencial. Simplemente estaban. Había tres habitaciones con baño considerablemente amuebladas. Gabriel entró en una y se tiró en la cama. Parecía un mobiliario de hotel, con televisión. Uno de los testigos tocó la puerta y tras ser invitado a entrar preguntó si podía ayudarlo o traerle algo.

GABRIEL: Un martini, si no es molestia…

TESTIGO: No hay aceitunas.

GABRIEL: Bueno, entonces un whisky con hielo y agua, coño.

TESTIGO: Ya se lo traigo.

Se arrellanó en la cama y pensó: “Como que no es tan mala la vaina”. Entonces en su mente se presentó fugazmente el panorama: frente a un micrófono, güisqui en mano, mucho humo de cigarrillo, como un night club, recitando esa canción de números, muchas noches seguidas, como la rutina de un cantante nocturno. Luego trámites. Quizá un mes de espera. Y entonces Mónaco y Capri. También los Alpes y París. Por qué no Tahití y las Antillas aquí cerca… Se levantó entusiasmado, llamó al testigo para que dispusiese del procedimiento. Uno de ellos preguntó:

— ¿Dónde quiere hacerlo?

— ¿Cómo que dónde quiero hacerlo? ¿Dónde está el micrófono?

— Donde usted quiera.

Señaló la sala, que tenía un acogedor sofá. Se sentó y cruzó las piernas. Campaneó el doce años. Inmediatamente trajeron una mesita, micrófono y cables, un testigo se hundió en la sombra con una libreta, los otros entraron en el cuarto de control.

— Cuando quiera señor Bellini.

— Bueno…

Ya allí empezó a labrar sus últimos días, vaya ironía. Nada de Ibiza, nada de Cancún. Abrió los ojos para dar una gran mirada interna y arrancó:

— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…

¿Qué mira uno en una “mirada perdida”? Pepino no lo sabía, pero tenía una, posada sobre la gran ciudad desde su apartamento, en el tope de un edificio sobre la colina más alta del valle. Sin darse cuenta, los ojos se le iban hacia el edificio del banco donde habían tenido la reunión.

Ya Pepino se había alejado, otra vez, siempre desinteresado y capaz de dejarlo todo por no involucrarse. Gabriel, luego del envión inicial, invitó a Moana a sentarse, compartieron una copa, brindaron por ninguna razón en particular y lo más insólito ocurrió: se perdieron en un beso que terminó en sexo… un tanto caótico, previsiblemente. Se prometieron compartir el premio no importa quién lo ganara. Llamaron a Pepino. Aceptó. Se aseguraron las formalidades legales respectivas, de forma que la suma de sus inseguridades les dio mucha más fortaleza para intentarlo.

Fueron al apartamento, Gabriel con un traje casi acartonado de tanta lejía, flor en el ojal, perfume caro. Ella como una matrona de los años treinta. Pañoleta con flor, un escote extremo. Tomaron la prueba por separado, a la vez, aplicando métodos que habían discutido entre tragos y pases de cocaína. Pero salieron auténticamente impactados luego de dos semanas. Ambos perdieron su primera tanda. No, no era como lo habían coreografiado. Ya en apenas dos mil doscientos treinta y cinco y su paso a la siguiente hubo un ligerísimo titubeo. Como fue leve y el primero, pudo Gabriel olvidarlo rápido y seguir exitoso hacia las regiones de tres mil y tres mil seiscientos, que se hicieron placenteras.

Cuatro mil cuatrocientos cuarenta y cinco cuatro mil cuatrocientos cuarenta y seis cuatro mil cuatrocientos cuarenta y siete cuatro mil cuatrocientos cuarenta y cuatro cuatro mil cuatrocientos cuarenta y nueve… Una traición del subconsciente lo complicó todo, nada más y nada menos que en el intervalo 5.872 – 7.204, en la que se avivó la llama de aquel fallo latente y lo convirtió en un eco que crece. La “equivocación” sin forma encarnó, exactamente, en la tercera sílaba de nueve mil setecientos setenta y cinco. Si se ve con cuidado, un intervalo tremendamente complicado de pronunciar, por lo corto, por no ofrecer pausa. ¿Resultado? Nueve mil setecientos setenta y siete. Se comió un número.

Gabriel se fue al llano, a cazar. Moana, que falló apenas en setecientos treinta y cinco (repitió 735 y trató de disfrazar el cinco de seis: “setecientos treinta y ciiinnn..eeísss”), luego una larga pausa y un “¡coñó!” ahogado. El dolor la sumergió en una ronda autodestructiva de orgías con ácido. Al mes reapareció Gabriel, pero la prueba fue minando, poco a poco, sus defensas hasta transformarlo en una víctima cruelmente maltratada de su propia ambición.

Pasaron las semanas y el avance era minúsculo, mientras que el agotamiento superlativo: Doscientos treinta y ocho mil novecientos diecinueve doscientos treinta y ocho mil novecientos veinte doscientos treinta y ocho mil novecientos veintiuno doscientos treinta y ocho mil novecientos veintidós Daba lástima mirar las muecas que su rostro otrora arrogante no podía detener, en la marcha por salir del lodo en que se convierte lo sucesivo a pequeños pasos. Cerca de quinientos cuarenta y ocho mil trescientos veintitrés se trastabilló la lengua estúpidamente (estalló una copa de brandy contra la pared) y perdió la segunda tanda.

Desapareció (surgió como primer sospechoso de un cuantioso robo en efectivo) y se desconocía su paradero. Seis fracasos seguidos para Gabriel Bellini no eran un peso fácil. Apareció Moana, ahora fuertemente enamorada de una mujer que se llamaba o le decían Yaca, ayudada por la cocaína, así como la tortura permanente de su sentimiento de culpa, también vio su azotea mental derrumbarse sobre lujosas habitaciones vacías. Se internó en la casa de su amante -que la convenció, o creyó ella, de la alevosía última de la prueba.

Con recobrado brío, contra la recomendación expresa de Yaca de dejarlo todo, con renovado odio a su padre por atentar contra lo que le quedaba de vida, retomó la prueba de fuerza. Se asesoró con un sicólogo y un astrólogo. Dejó de fumar, al menos temporalmente. Pero el “tour de force” se impuso y en un momento dado, sobre las alas de un “perico candela”, tomó lo que parecía una racha espectacular: del 110.000 al 142.000, en pocos medios días, con idas esporádicas al baño a recargarse, resulta que le proveyeron una claridad mental que jamás había sentido y se creyó poseída o inspirada al menos.

Los números parecían salir sin esfuerzo, a una velocidad inusitada, pero poco a poco el alcaloide fallaba en mantener la máquina a nivel. Ciento cuarenta y siete mil ciento ochenta y nueve, más o menos, fue el punto de inflexión que cambió su cielo por un infierno, súbito, donde danzaba silenciosa y lejana su madre, donde Yaca le rogaba que se detuviera, donde el proveedor de cocaína le presentaba su última oferta… Ciento cuarenta y ocho mil seiscientos quince era una lucha desigual, un cerebro azotado por demonios electrizantes y un cuerpo ya seco que rogaba inútilmente descanso. Su corazón se partió en tres pedazos en el paso de ciento cincuenta y un mil novecientos quince a ciento cincuenta y un mil novecientos dieciséis. Ni siquiera llegó a 156 mil.

A los tres meses Gabriel volvió a usar sus llaves, preparado sicológicamente (decía él) para enfrentar el conteo. No obstante, buena parte del año había transcurrido en estrés improductivo. La cuenta se le complicó. Evaporó la tercera oportunidad al arribar a 734.875 y -luego de una célibe semana de ejercicios- retornó para “echar el resto”. Pero ya había perdido. Cada número pesaba varios kilos más que el anterior, aún así nuestro Gaby siguió luchando, sin parar. Enloqueció el 4 de noviembre de ese año y fue internado en un sanatorio, luego de deambular por plazas y esquinas como un mendigo repitiendo números sin orden aparente.

¿Y Pepino? Lo intentó también (quizá con mejor enfoque de hacer ejercicios y Yoga) pero, como cuando uno pierde la reina en el ajedrez y la ventaja es evidente, sucumbió a un ataque de bondad y se reconcilió con su padre (le pidió perdón en su corazón), renunciando a la prueba. Había una cláusula secreta que autorizaba a darle unos millones si el joven desistía o fallaba.

…………………………………..

Se encubrió todo esto. Las muertes de Gabriel y Moana se atribuyeron a otras causas. El caso desapareció de los medios. No obstante, persistió en ciertos archivos.

Los pocos magistrados y juristas que conocieron detalles y sin hacer demasiadas preguntas, presionaron para cambiar la ley de sucesiones y eliminar el marco legal que hizo posible semejante método de transmisión de riquezas.

Y alguien vivo y alguien muerto probaron que lo infinito puede mimetizarse en una cantidad que usted y yo podemos contar. Todo ello sin el gigantesco pero que lo impide.

.

.

…………………………………………………………………
ILUSTRACIÓN: Lúdico.

Hazul (Ficción)

Hazul (Ficción)

A Yoyiana

Y aún me pregunto: “¿Quién detendrá la lluvia?”
Creedence Clearwater Revival
 

I. Esta breve crónica se centra en Don Nicasio y su hazaña. Pero también trata de cómo una mirada de fracciones de segundo puede revelar más de lo que uno observa y estudia por años.

II. A Don Nicasio lo hizo famoso un reportaje que publiqué hace 20 años sobre unos deslaves en la zona costera central, por los predios de Cristo Redentor.

“Aguacero de una semana mantiene en ascuas a vecinos de Cristo Redentor” (titular). Bajé a la costa al pie de montañas desgarradas, navegué un par de calles inundadas, trepé terrazas e hice campamento en una colina erosionada.

La lluvia había amainado, incluso desaparecido contra el pronóstico de los expertos. Hice reporte de daños, entrevistas con lugareños y funcionarios, todo parecía rutinario aunque trágico.

Luego de reportar el deslave de hace dos décadas, me disponía devolverme a la capital cuando alguien se cruzó conmigo y, al ver mi credencial de periodista, me mencionó a Nicasio. Me dijo que había “repetido el milagro” de detener la lluvia y con ella la tormenta misma y el deslave.

Los caminos hacia su lejano domicilio estaban bloqueados o intransitables, y desistí de cubrir tan curiosa leyenda local. Al montarme en el jeep que me llevaría de vuelta otra persona me interceptó.

– ¿Lo entrevistó, a Don Nicasio?

– No, no pude.

– ¡Oh… lástima! Se lo juro por lo más sagrado que ese hombre nos salvó otra vez.

Estas palabras, más la convicción de haber perdido algo grande me hicieron volver seis meses después. Algo de obsesión, sin duda, me impulsó a la finca montañosa donde Don Nicasio no quiso atenderme y ni siquiera dejó que lo viera. Su esposa me rogó no intentar entrevistarlo, que él no quería hablar ni con periodistas ni políticos. Ambos, según ella, interesados en su historia para provecho de causas grupales o personales.

Me alojé en una pequeña pensión e insistí al día siguiente, y el siguiente, hasta que el mismo Nicasio, al verme parado en la verja del frente, pidió desde lejos que me dejaran pasar y eso hice. Tendría unos 38 años, pero parecía 25 años mayor. Se veía débil y sin  embargo nervioso, apoyándose en las paredes y sillones para no caerse.

– Recompensaré su determinación -me dijo. Le voy a relatar algo que nadie sabe. Todo porque siento que ya de la próxima no paso.

Me contó que muchos años atrás hubo unas tormentas sostenidas. Duraron más de la cuenta y pronto bajaron los ríos crecidos azotando colinas y caseríos. Vio cuadras colmadas de agua enlodada, tallos gigantescos flotando en los improvisados ríos… Una lluvia feroz y pertinaz que incluso aflojaba las terrazas donde pernoctaba.

Una noche se dejó bañar por la lluvia, cerró los ojos. Sintió un haz de energía entre él y -literalmente- la lluvia. Según su testimonio, recibía esa energía para redistribuirla, aunque a costa de una agotadora faena de concentración.

Esa concentración (dada su falta de entrenamiento al respecto) requería forzosa presión muscular y lo dejaba exhausto. A eso agreguemos largos períodos sin comer y dormir, “redirigiendo y casi rebotando energía cósmica a la tormenta y deshaciéndola”. ¿Dónde? Ora en un oscuro cuarto, ora al aire libre azotado por aguaceros de medianoche.

Miraba grandes masas de cúmulos y hacia allí rebotaba el haz mental, una aceleración voluntaria de la actividad mental. Pulverizar una nube podía tomar horas o días. Separar las masas de modo que no fueran tan pesadas para precipitarse funcionaba si el rango de visión era amplio. Y lo más efectivo, atacar la concentración antes que tomara fuerza, para alborotarla con el rayo y atomizarla a tiempo.

Pero lo que se cuenta fácil se ejecuta con arduo trabajo. Horas y horas luchando contra volúmenes que lo excedían como un gigante a un insecto. El no poder decirlo, entre otras cosas porque no le creían, aumentaba la represión y el stress. A medida que pasaba el tiempo y se incrementaba la obsesión, su ministerio secreto ocurría más y más al aire libre, bajo el incesante embate del aguacero.

La desatención a la familia, el aislamiento en un cuarto para luchar contra las fuerzas salvajes de la meteorología, el descuido ante las necesidades diarias comenzaron a crearle una imagen cuando menos sospechosa. Otros, sorprendentemente, algunos llegaron a creerle.

Su esposa me contó que aparecía de repente en la sala con barba larga y descuidada, sucio, mojado, llorando. Se desplomaba y una vez debieron administrarle suero. “Un haz azul” -le dijo- “así lo veo con los ojos cerrados. Así los veo cuando se multiplican.”

Llegaron a encontrarlo desmayado, casi ahogado en un pozo, en par de ocasiones estuvo grave en el hospital. Pero lo cierto es que aquel deslave y éste último habían terminado antes de lo esperado y tal como lo estimó Nicasio, en medio del cansancio.

“Un haz azul”, me confirmó. Me dio ese testimonio con mucha dificultad para hablar, como en un lento proceso de recuperación no del todo logrado. 

“El paragua espiritual de Nicasio” fue un recuadro dentro de un reportaje sobre cómo Cristo Redentor se recuperaba del deslave de marras. Terrible titular, por cierto, cuya responsabilidad asumo. Nicasio tuvo más notoriedad de la que hubiera querido. Hicimos una entrevista posterior y un sucedáneo del artículo inicial y varios medios de la competencia procedieron a hacerlo suyos con historias que iban del reportaje serio al absurdo de la prensa sensacionalista.

El tópico no se alimentó y murió de mengua en el interés general.

III. Ahora, todo lo anterior ocurrió “según Nicasio”. Poca gente en el pueblo daba crédito a la historia o el rumor, su propia familia le “creía” solo por amor y condescendencia. En los medios ganó muchos “fans”, pero al final terminó siendo más una leyenda urbana que otra cosa. Había algo en su convicción y su vida ascética y de buen juicio que mitigaba la sospecha de demencia, pero por otro lado lo insólito de su recuento, de su supuesto método, de cómo abandonaba toda racionalidad por días… invitaba a pensar en algo loco o falso.

Nicasio me confesó que no esperaba que le creyeran. Que sólo me pedía registrar y difundir sus palabras. Y así hice, llegando hasta conceder que Nicasio ciertamente creía lo que decía. Se sentía totalmente involucrado y comprometido con esa “magia” o con ese poder de la naturaleza al que afirmaba tener acceso. Pero, lo digo sinceramente, más allá de eso yo no le otorgaba valor veritativo. Ni científica ni místicamente.

Ese descreimiento hizo que se diluyera mi interés en la aventura de Don Nicasio. Los trabajos y los días me hicieron olvidarlo. Y pasaron casi 20 años.

IV. Hace unas pocas semanas, lamentablemente, ocurrió en la costa otro derrumbe masivo por efecto de incesantes lluvias.

Se extendieron más de un mes con un pico de casi dos semanas seguidas. Los reportes fueron preocupantes y el noticiero de TV donde trabajo me envió a cubrir las labores de rescate.

Al llegar me sorprendió ver un cielo despejado y un sol abrasador. Pero el pueblo estaba devastado, montones de lodo flanqueaban las calles, grandes espacios vacíos (inundados, eso sí) donde antes se erguían casas y pequeños edificios. 

Caminando un poco azorado, topé con un pequeño grupo que rodeaba el cuerpo sin vida de un anciano muy decrépito. Una mujer colocaba flores sobre su paltó empapado y rodeaba su cuerpo con pequeñas piedras. Me costó reconocerlo, pero era Nicasio. Su rostro estaba maltratado aunque sereno, como un santo que inicia otro camino.

V. Me sentí culpable, ingrato, negador de milagros. Porque en ese milisegundo, en esa ráfaga de visión de un rostro presente y ausente, tuve por fin una convicción segura e indudable:

Nicasio Talavera había detenido las tormentas con haces azules que salieron de su corazón.

 

.

…………………………………………………………………

Bono
Canción Who’ll stop the rain?
Creedence Clearwater Revival (letra en inglés)
http://youtu.be/We2-EZElsro

…………………………………………………………………
ILUSTRACIONES: Lúdico.

Microorganismos, mamíferos no humanos y ballenas en la luna manejan secretamente los motores de búsqueda

Microorganismos, mamíferos no humanos y ballenas en la luna manejan secretamente los motores de búsqueda

¡Tiemblan las empresas de search engines! Les diré lo que Google y otros motores de búsqueda no quieren que sepas.

La gente cree que los buscadores web trabajan con complejos algoritmos digitales. 

En realidad cuando haces una búsqueda (por ejemplo, “restaurantes de ensaladas en Villa Linda”) ese mensaje es memorizado por pequeños microorganismos que se alojan en tu computadora o móvil. Estos organismos transmiten el mensaje telepáticamente a alturas estratosféricas. (más…)

Relatómicos

Relatómicos

Cuentos – Fernando Nunez-Noda

Nadie es fantasma en su propia casa

Mi otro yo me llevó a las aguas termales. Él lo tomó como un ejercicio de salud y meditación. Yo preferí divagar por los corredores del caserón decimonónico, rozando a la gente que sentía “como algo que pasaba” o departiendo con otros colegas. El otro le decía entre dientes a un amigo, durante la sencilla misa de la mañana, que ansiaba fervientemente contactar a una aparición, un meta-cuerpo porque así tendría un atisbo de trascendencia y no el frío abismo de la nada. “Bueno, mira, yo soy un espectro”, le dije, pero qué va, ya mi voz era una brisa perdida en los pasillos. (más…)

El Nombre

El Nombre

elnombreZ

Un gran consorcio lanzó un producto cuya marca se hizo muy popular. Cuento esto porque hoy se cumple medio siglo de su lanzamiento.

Esa marca tiene un nombre corto, pegajoso, fácil de recordar y que rima con gran cantidad de verbos y sustantivos de uso corriente. De entrada, el impacto del producto fue bueno pero no grandioso. Hoy en día es, como saben, el producto más vendido de la historia. En cambio, el nombre comenzó a hacerse muy conocido en la cultura popular desde los primeros meses.

Los comerciales de TV lo difundieron bastante, apoyados por prensa, pancartas y banners en la web. Ahora está, sencillamente, en todos los medios, incluso en estos nuevos hologramas publicitarios en los centros comerciales y los cascos tipo percepware.

El jingle inicial no fue particularmente pegajoso, pero ayudó a poner el nombre en boca de todos con menos esfuerzo, y encima acompañado de otra palabra en su eslogan, que rimaba. La gente empezó a repetir el estribillo, a veces cantado, recitado o simplemente declamado. Muchas veces lo decían tal cual, en otras sustituían la segunda palabra por variaciones muy cómicas. De hecho, en muchos países el nombre se conoce junto a su compañero rimador, cual frase indivisible.

El nombre ha tenido alusiones absurdas, políticas o sexuales. Ha nutrido metáforas, chistes,  e ingresó al juego político cuando mandatarios y magistrados lo usaron para significar que sus rivales no cumplían, en política, lo que el producto satisfacía plenamente en el consumo masivo. “Desnombrados”, por llamarlo de alguna manera.

Cuando alguien pregunta: ¿Qué hace el producto? Se responde: Lo que connota el nombre. ¿Qué es el nombre? El que los publicistas le pusieron al producto. Más claro no canta… un nombre.

73 canciones mencionan el nombre junto a otros referentes pop. Dos jingles han sucedido al primero, uno también tuvo tibia recepción pero el tercero fue una sensación: muy contagioso, imposible de ignorar y a veces se repetía y se sigue repitiendo una y otra vez en el entrecráneo. Un falso rumor de nuevo jingle hizo perder a la marca 7% de su valor en bolsa portemor a caida de las ventas.

Un rapero hizo una versión parodiada del jingle, llamada “Yingazón Bro”, que conteiene la pasmosa cifra de 622 palabras dichas en menos de cinco minutos, entre ellas 59 veces el nombre. Según esta declaración, tal denominación está involucrada en todos los males contemporáneos: narcotráfico, crimen organizado, explotación, lavado de dinero, hacking computacional.

El nombre, pues, comenzó a tener su propio significado o, mejor dicho, miles de significados. Secretamente cada quien ha establecido su conexión íntima con el nombre; le dan una connotación personal, trabajada por años. ¿El detalle? No se dan cuenta.

Se hizo sinónimo de conectar ideas, pero también de una forma concreta de terminar un conflicto matrimonial y por extensión de una situación tensa entre facciones o países. Fue la semilla oral-articulada de una nueva interpretación de Carl Gustav Jung, así como -dicen- un intermedio exacto entre Ying y Yang. Se le vio como una síntesis entre manzanas y peras ¡y por fin podían sumarse! Relaciones absurdas pero las pongo para que noten hasta qué punto el nombre ha sido una panacea, un amuleto o token, una Piedra Rosetta.

Significó cobertura, rencor, mirada de reojo, huevos de aves grandes (avestruces por ejemplo), ríos con corrientes circulares, mujeres impacientes, aeropuertos congestionados, recuerdos borrosos, recuerdos nítidos, parques de atracciones, desiertos, nubes tipo cúmulos pero con truenos, respiración entrecortada, la Fosa de las Marianas, lápices sin punta, electrocardiogramas, velas aromáticas, husos horarios, perros sin cola, perros verdes, videos en YouTube con muchas restricciones de copyright, boras, cartílagos, porros, ápsides, Tesseracts, mojones, pomelos, fonolibros, ganglios, homeomerías, Krakatoas, bengalas, cascaperros, zoofilia, hermetismo, apertura, la nada. Entre otros.

El nombre tuvo la paradójica circunstancia de hacerse más sólido mientras más elástico lo convertía el lenguaje popular. Reviso Google: al menos 820.000.000 de resultados.

Como fonema común, ya ingresado primero a los diccionarios de jergas y luego a los formales, además de los folksonómicos, el nombre tiene un puesto en la mente de cada ser humano que lo ha escuchado al menos una vez. La última incursión ha sido la religiosa, un conjunto de sectas y métodos de autoayuda que son la “verbalización de [el nombre]”, esta vez como recurso actitudinal ante la falta de fe que caracteriza este mundo nuestro.

El Papa lo deslizó sutilmente en el Tesauro Canónico, el Dalai Lama vio una analogía con el apego noble, aquel necesario para crear el yo que luego debe destruirse. En fin, el nombre estuvo cerca de Dios pero también de su Némesis, ya que muchos blasfemos y satanistas también le dieron espacio en sus libros prohibidos.

elnombreZ2

Ahora ¿por qué les digo esto?

Me interesó tanto el tema que investigué o, mejor dicho, contraté competentes científicos. Uno de los más valiosos hallazgos ha sido que el nombre, todas y cada una de sus letras más la pronunciación en casi cualquier forma, activa un canal directo con el inconsciente.

Según la mejor opinión científica que obtuve, esa “llave” es un corredor a lo recóndito, la vía directa a un mecanismo evolutivo que alguna tara posterior había dejado inaccesible. Al activar el nombre la gente sentía algo innegable que no podía entender y menos explicar.

Algunos especialistas entrevistados llegaron a afirmar que el nombre ya es parte del ADN, dado que su constructo es capaz de “aparearse” instantáneamente con los nucleótidos de la molécula primigenia vía pensamiento, ello es, “bits”.

Y hay más, están los místicos: que hablan de la palabra elemental, el Tao, el Verbo, el Tetagramatón, la esencia misma del pensamiento resumida en la menor cantidad posible de letras. Todo eso y más cree la gente del nombre.

Y, sí, pienso contarlo todo en un trabajo que alguna vez terminaré. Una publicación a la que llamaré simplemente: El Libro.

.
.
.

……………………
ILUSTRACIONES:  Lúdico.
Otro inquilino de Plaza Odot————————–——————–
La novela ya está disponible en papel o versión digital:
odot-libro-mesa
Visite PlazaOdot.com
O pídalo en Amazon: http://amzn.to/1tAshIF
Aprender de las hienas

Aprender de las hienas

A Wolfgang Mazza P.

1.
Las infinitas llanuras del Serengueti son un horizonte que tiembla en los documentales de televisión.

El león se despereza con un bostezo terrorífico, las leonas cumplen su faena cazadora. Clavan sus poderosas mandíbulas en ñús de ojos apagados y más atrás los guepardos hacen lo suyo con las gacelas de Thomson.

Cuando cae el herbívoro el glamour de la zigzagueante andada y del zarpazo disminuye. Mientras más estática y sometida la víctima menos espectacular el cuadro. Cuando entran otros felinos a deglutir y hay esos rugidos de “déjame mi pedazo de carne”; cuando permiten a los críos clavar sus incipientes colmillos o surca el cielo límpido esa oscilación descendente del buitre… la naturaleza toma primacía contra la personalidad, el espectáculo se hace animal, demasiado animal.

Empieza a oler al caos elemental de la carne expuesta. Hay toda una panoplia de felinos robustos, los leones mismos, que son parcial o totalmente carroñeros. Los buitres ni se diga. En todo caso, la presa ya es guindajos sucios, llenos de pantano. Y entonces y sólo entonces entran en cuadro los más exitosos carnívoros africanos y de más allá: las hienas. Casi rastreras, como por la puerta de atrás, los más agresivos en aquello de comer carne cruda.

Recibió un memorando: “Sr. Igor C. usted ha sido seleccionado para asistir al Taller Gerencia de las Hienas”.

La compañía donde trabaja (Hamfton Tools Corporation, líder mundial de propilsores y neumódocos), tenía un programa de desarrollo personal-corporativo y allí estaba él, con una buena excusa para hacer algo diferente durante dos días.

Al llegar al auditorio se sentó lejos de todos, como quien llega tarde y no quiere hacer ruido. El taller lo dirigía, escribía y protagonizaba Karen T. (en realidad “Karenina” pero ella optaba por el diminutivo). Alta, madurota, MILF, casi de 50. Cuando Igor se dejó caer sobre la flexible silla  sintió que el escenario tenía en esa mujer su centro de gravedad. El Director Regional en persona abrió el evento leyendo:

La corporación moderna es como un portafolio de la selva, la máxima competitividad basada en supervivencia, alimentación (el puesto en la cadena alimenticia corporativa) y –en nuestro particular caso- movilidad, es decir, estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Necesitamos equipos de trabajo, más que fuertes y majestuosos, efectivos y cumplidores… ¡y con un consumo mínimo de recursos! Uno normalmente no piensa estas cosas ¿verdad? [risas del público], en todo caso hay alguien, una persona, con nosotros hoy [mira a Karen] con quien los dejo.

Aplausos dispersos. Su voz se fue apagando en la medida que “el mujerón” se levantaba y tomaba por entero la sala. Karen pulsó un botón. La lámina invadió la pantalla:

Instituto AltoEgo
Talleres de Desarrollo Personal-Heurístico

GERENCIA DE LA HIENAS

Rastree, ataque y engulla a sus rivales…

Primera sesión:
En las llanuras de la corporación moderna: espacio y roles.

La sabana no es uniforme -comenzó Karen y movía su mano palma abajo en una línea oscilante- hay colinas, promontorios, rocas salientes, charcas, lugares privilegiados. Eso se aplica desde la fría e intimidatoria oficina del Presidente (y eso no lo digo por usted, mi estimado Director) [risas] hasta la pequeña sala de fotocopias. Lo que quiero significar es que constituye la totalidad del espacio. Sí, Dr, Arévalo, como lo acaba de murmurar: “Hasta en el baño” [risas, sobre todo de Arévalo mismo].

Para Karen cada poder es un Dios, como en las tribus seculares del África subsarahiano y de América: el sol es el calor; la brisa es la fuerza inaprovechada; el agua, equilibrio entre caída y sostenimiento. Los roles son claros y elementales: depredadores dominantes, como leones y grandes felinos en general, en las riberas y ríos los cocodrilos y caimanes; depredadores intermedios, como las águilas junto a los carroñeros, oportunistas o no, como los buitres. Los grandes herbívoros, elefantes e hipopótamos, búfalos y rinocerontes, gregarios y defensivos.

En este ecosistema las hienas y chacales son una mezcla de todos los ambientes y papeles de este drama natural. Cazadoras o carroñeras casi en la misma proporción, carnívoras o herbívoras si es necesario… son una prueba de la eficacia grupal para sobrevivir y la importancia de una buena máquina corporal.

Y cerebral, que las hineas (sobre todo las moteadas) demuestran tener. Karen explicó con abundancia de gráficos estadísticos y fotografías de gacelas y reptiles, que los animales poderosos retozan en los mejores lugares, donde les place. Los herbívoros, como bisontes o cebras, se arriman con su extraordinaria fuerza colectiva a excelentes sitios abiertos. Las hienas no. Aunque en lugares más bien apartados, casi siempre están en movimiento y se cuelan en todos los espacios. Karen decía esto mirando a unos y a otros gerentes, de modo que quedaban: “¿Entonces soy un antílope…?”.

Luego retomaba el podio y pedía explícitamente que miráramos a nuestro alrededor para detectar estos roles. Quién es depredador; quien se come a otras especies o a la misma.

— ¡No lo digan en voz alta! [risas] No quiero meterme en problemas con ninguno de ustedes.

En la corporación moderna la información y el logro de objetivos eran la comida de los depredadores empresariales: la “información-poder”. No como colonización -en el caso de los grandes felinos-, no como empuje masivo, sino como desplazamiento. Las hienas para sobrevivir, el ejecutivo moderno para no morir y en el mejor de los casos “ascender” en la escala del poder, andan en una ronda permanente por los pantanos organizacionales. Significa ser hiena como única forma de llegar a ser león.

La recomendación en dos platos: crear equipos hiénicos (de Hiénica, la disciplina creada por AltoEgo) que degluten en todas las presas, las roban a veces y sobre todo jamás dejan sobras o restos sin revisar (de información-poder, por supuesto).

En vez de realzar el perfil de los individuos, se centraba en la multiplicación mimética. Tenía líderes pero externamente el trabajo parecía anónimo, de ser posible con total desconocimiento de los demás, sin heroísmos, cual hormigas o abejas. Acaso su éxito residía tanto en la genuflexión del perro como en la egoísta distancia de felino.

Porque ni perro ni gato es la hiena, más bien ambos, las hienas habían poblado las pesadillas de Igor por años, junto a cocodrilos y tiburones. Las odiaba. Al asociarle cualidades humanas las veía oportunistas, traidoras, incluso asesinas. “No tienen la majestad de los felinos; no compiten con el hombre ni lo ponen en peligro… Nadie se toma una foto sobre una hiena muerta”. Y esa risa…

2.
Había un ambiente extraño en la sala.

Ocurre cuando hay mujeres muy atractivas en una reunión de hombres: los bobalicones de contabilidad le cambiaban la botella de agua mineral a cada dos o tres sorbos; el consultor jurídico, generalmente circunspecto, imitaba al animal que sus colegan habían decidido que representaba y sonreía hasta las alusiones menos graciosas de la hábil charlista. Había dos espectaculares asistentes (así como uno masculino que entraba y salía) e Igor no le quitaba el ojo a una de ellas, vestidas de negro muy ceñido, con labios de una voluptuosidad que calcinaba en medio de ese gélido aire acondicionado.

Karen lucía como una reina checa, cierto y Yarizza deslumbraba por su piel de bronce y sus curvas… pero era Moana con su palidez transparente, su lejanía de allí mismo, su aire de niña perdida, lo que monopolizó la mirada de Igor. ¡Y no es que las otras no causasen estragos!

Hasta las mujeres se sentían alteradas sexualmente, más aún cuando se presentaba a ratos y se ausentaba en intervalos un musculoso pero estilizado mandadero.

Hay que notar que el Taller de Karen tenía serias imprecisiones o crasos errores científicos, como mezclar animales de distintos ecosistemas, pero poco importaba para la metáfora final.

Era la misión de AltoEgo (ella, las asistentes y una recepcionista) diseñar y ejecutar cursos de desarrollo individual para grupos de ejecutivos bajo el eslogan: “Trátate de tú”. Algunos de sus talleres más exitosos: “Salir al mundo interior”, “La crisis optimista”, “¡El largo plazo ya!” y otros recursos motivacionales.

A veces uno se preguntaba cómo podía Karen llevar tan alto nivel de vida y suponía que la empresa era muy próspera. Intentó ser más ingeniosa con los títulos: “La verdad interior no es lo mismo que la verdad en el interior” para su célebre seminario cerebro-prostático; “Chofer de su autoestima” y así sucesivamente. Impartió dinámicas antistress en sabanas, bajo cascadas, en una lejana isla del Caribe, en ardientes arenas del desierto.

El Director Regional cometió la barbaridad de proponerle a Karen, delante de todos, que diseñara una segunda parte de este curso, hecha a la medida de Hamfton. “Con animales tropicales si es posible”. Karen advirtió que estos trabajos ad hoc solían demorar tanto como, por ejemplo, las certificaciones de calidad ISO 75000, pero rendían frutos poderosos aunque intangibles y prometió una propuesta para la semana siguiente, titulada “Hamfton Tools Latam y el ecosistema empresarial de la Orinoquia-Amazonia”.

— Así Hamfton se transforma en una jauría, capaz de aprovechar todas las oportunidades de mercado más cerca del ecuador terrestre.

Ahora bien ¿hienas?

Fue casualidad. Como cuando en Scrabble uno ve en silencio la madre de las palabras, descuidada por todos… Aquí y allá oyó que las hienas competían como los más exitosos depredadores, incluso contra los leones. Que su mala fama era sólo comparable a su extraordinaria astucia y versatilidad. Leyó –por encima- ciertos papeles de prominentes investigadores y, bueno, mucha National Geographic y similares.

Estudió documentales sobre sus modos de vida y su rol en las estepas africanas. Todavía las veía como crueles e insensibles, tramposas y no merecedoras de los estupendos botines que lograban. Pero la percepción cambió. Porque resulta que, en el darwiniano mundo animal, las hienas constituyen un equipo de alto desempeño, más motivado al logro que al poder, el cual ceden con gusto a los más fuertes. “Buen material para la gerencia media”, pensó.

Intentaré destacar algunos puntos claves de la “ideología biológica” que subyace en los talleres y dinámicas de Karen.

— Si se trata de supervivencia o ventajas, el humano sí está dispuesto a aliarse para conseguir alimento y protegerse. 

  • Uno pelea para no morir, pero hay que pelear desde el principio. No se pelea para ocupar un puesto sino para no ser desocupado. No se mata para imponerse sino para subordinarse.
  • La mujer es más fuerte que el hombre si lo quiere. El siglo XXI pertenece a la mujer. Cuando se lo propone, la mujer domina.
  • La promesa de sexo más efectiva no implicar sexo o no todavía. Como otros artículos de guerra, se concibe por y para el poder.
  • En la Gerencia de las Hienas no hay objetivos diferentes a la supervivencia en el terreno que nos ha sido dado. La supervivencia implica depredación. Hay que comer carne corporativa cruda.

Igor siguió el curso con gran minuciosidad. Más que para aprender a deglutir “información-poder”, lo movía la curiosidad de conocer los entretelones de tan insólito programa. Vino a él, de golpe, una hipótesis:

Una monumental estafa. Esta mujer ha cosido una impresionante cantidad de información seudocientífica en un corpus coherente en apariencia. Pero no sirve sino para impresionar. Lo vende a costa de distraer a sus clientes mayormente masculinos y para los femeninos también aparecen de vez en cuando atléticos jóvenes.

Durante el “coffee-break” Igor, confundido en un apretado público, no podía quitar sus ojos de Moana, la de peinado brillante y labios rojísimos.

Se acercó, mientras una nube de gente revoloteaba a Karen y dejaba a esta “bellezura” en el monótono acto de repartir tarjetas.

IGOR: Hola. Alguien quiere integrarse a la manada (chiste malo).

MOANA: Bueno, eso es asunto de cada empresa, ustedes forman sus equipos…

IGOR: A mí me gusta la idea de formar un equipo contigo…o donde tú estés [risas].

Todo esto con la afabilidad adecuada y una rápida toma de la tarjeta, se transformó en un flirteo descarado que Karen no ignoró aunque se hizo la desentendida. De vez en cuando Moana miraba con aprehensión a Karen y luego volteaba esos ojos caoba hacia Igor, electrizándolo.

IGOR: Me gustaría verte.

MOANA: Ya yo no vuelvo más, tengo que estar en la oficina.

IGOR: Pues te busco en la oficina.

Y así fue. Le invitó un café. Luego se volvieron a ver en el cierre del taller (una semana después), copas de vino en la mano. Kren se dio cuenta, sobr todo cuando camino al baño vio a Moana entrelazando labios y lengua con Igor. Aunque puso un rostro severo, no pudo disimular que le había gustado mirar aquello.

Al principio Moana sutilmente rechazaba las invitaciones de Igor y le manifestaba por teléfono su temor a que Karen supiera que salían. Pero nada que una cena con clase no pudiera arreglar. Se hicieron amantes sin amor. Sexo salvaje que dejó sus marcas: poderosos rasguños en su espalda que al día siguiente le picaban horriblemente durante una reunión con proveedores. Siguieron viéndose y por más que Igor hacía intentos de humanizar la relación, de darle algunos toques de convivencia se sorprendía de cuánto énfasis en dejarlo en solo-sexo ponía Moana.

— Cógeme nada más, pero dame durísimo.

Igor se esmeró sin duda, pero ese volcán momentáneo propagaba ráfagas sobre el espacio intermedio. (O comenzó a pensar fuera del pene o su corazón tomó partido).

Una vez fue intempestivamente a su apartamento (algo que habían convenido no hacer) y encontró a Moana con Yarizza en actitud extraña, inmersas en algún tipo de intimidad. Otra noche vio a una de sus colegas de Hamfton, sin proponérselo, saliendo de un local nocturno de manos con un joven fornido que no era su esposo, sino un asistente de Karen.

A finales de año el Director Regional lo llamó Igor para hablarle del plan estratégico. El jefe tuvo que salir un momento dejando a Igor solo en la oficina, frente al iPhone del jefe. Un mensaje privado de Karen se asomó en la pantalla: “Insolada todavía por la playa. Esperemos hasta el viernes”. Y el jefe muy bronceado…

Un día en los pasillos de la empresa Igor se cruzó con una apurada Karen, quien al verlo se detuvo y lo “cercó” contra la pared.

KAREN: Me estás echando a perder a la muchacha.

IGOR: ¿Por qué?

KAREN: Por mezclar la diversión con el trabajo.

IGOR: Hay cosas que no son diversiones.

KAREN: Nosotros somos Consultoras Corporativas.

IGOR: Quizá yo me relacione con ella en esferas más privadas.

Intentó hablar con Moana, luego del sexo, pero aquello le parecía a ella una absurda paranoia sin fundamento. E Igor seguía: por qué esto, por qué aquello.

MOANA: Así no sirve.

IGOR: Hay algo raro, con Karen… ¿tú tienes algo con Karen?

MOANA: Todas tenemos algo con Karen.

IGOR: ¿Viste? Lo sabía.

MOANA: Pero sin sexo, hombre, qué primitivo eres. Karen es la mamá de todas nosotras, nuestra gurú.

Mas Igor seguía torturado por una genunina atracción hacia Moana y una mirada capciosa a las actividades de AltoEgo. Se le ocurría que los talleres y otras actividades eran una tela de araña, en la que animales, sobre todo machos, quedaban atrapados en telas de araña (y felices de estar allí todos empegostados), mientras la Viuda Negra cebaba su banquete. Una red de prostitución ejecutiva, pues…

Pasó varios días molesto con Moana. Veía inminente una ruptura. La llamó y esta vez Moana decidió conversar.

MOANA: No somos putas. Pero sí, te mentí, negué que Karen y yo tuviérmos algo. Ella tiene algo con todas las chicas, con las que ella quiera. Nosotras podemos tener sexo con otros si Karen lo aprueba y contigo no lo aprobaba. Porque “te vio primero”, tú la ignoraste y viniste directo a mí. Eso no le gustó, que yo no te cedí.

IGOR: ¿Yo le gusto a Karen?

MOANA: ¡Por Dios, te comería vivo! Así que te aprueba con una condición, que nos demos un trío de dos días seguidos. Tú y nosotras dos. ¿Te he contado del sauna en casa de Karen?

IGOR: ¡Así se arreglan los problemas mi bella!

MOANA: Pues al compartirte ganamos todos. A mí no me importa. Los quiero a los dos.

3.
Recoge a Moana y cruza pocas palabras en el camino, ninguna referida al encuentro.

Llegan a un espectacular apartamento. Karen maquillada y voluptuosa como Moana, los recibe con copas de champán. Toman unos tragos, Karen invita un joint y se sientan ambas firmemente apretadas contra Igor, a derecha y a izquierda. Líneas de cocaína. Moana lo besa apasionadamente y lo invita a degustar mejor el trago. Karen le besa el cuello, toma su mano y la lleva a sus pechos, besa apasionadamente la boca de Karen.

A Igor algo lo sumerge en un sopor atípico para un simple joint. En vez de levantarse para la ocasión, Igor siente que pierde control sobre sus piernas. Una bruma le invade la visión y se precipita en la alfombra.

Gritos cortos, siluetas que se mueven frente a él, un hombre que trata de escabullirse. Levanta los pesados párpados, hasta la mitad. Es Guillermo Ostos, Director de Recursos Humanos de Hampfton, en calzoncillos tipo short y franelilla, lo acechan tres sombras que vibran en la distancia, femeninas por la silueta, una de ellas desnuda o semi desnuda.

aprenderdelashienasz2

La escena parece una película psicodélica. Las mujeres le cortan el paso a Ostos, una lanza un alocado swing que falla. Acierta el siguiente. Ostos se desploma sobre unas sillas de mimbre.

Una hembra masiva, que nunca había visto, sale del cuarto y arrastra al Director de RRHH. Igor respira apresuradamente, para darse energía.

Karen se acerca y trata de inmovilizarlo. Igor se sacude y se zafa. Karen lo embate contra la pared con un jab de derecha. Moana le cae encima, lo sofoca, entre varias lo llevan a la sala. Es depositado sobre la alfombra, humo, hienas, luces tenues, sale el mujerón y le apreta el cuello, firmemente contra el tapete.

Va y viene su conciencia. Se sacude. Ya no puede abrir los ojos, todo oscuro, perfumes mezclados con cannabis, bamboleo mientras lo sujetan. (En una ráfaga mental Igor siente que aquella forma de morir le parecía erótica en el fondo). Después del reverse gangbang hubiera sido perfecta… pero he allí que yacía en la sabana africana, atontado como los insectos con el veneno de las arañas, como un ox indefenso listo para ser devorado.

Algo distrae a las cortesanas. En la habitación contígua acaban de liquidar a Ostos con un tiro silenciado. Aquella noche aniquilan a dos machos disruptivos, que no respetaron la jerarquía de las hienas. Las asesinas, también y después de todo, están algo borrachas, de modo que Karen tropieza sin querer su cartera o una cartera, que cae cerca de Igor. Cuando éste abre los ojos buscando oxígeno, mira bajo el sofá un revolver caído junto a polveras y peines.

El intervalo es minúsculo como las panties de Moana y de Yarizza, y no sabe con qué fuerza… pero estira el brazo y logra asir la .48. Mientras tanto Yarizza lo trepa, esta vez para terminar de inmovilizarlo y que Karen lo liquide.

Con lo que queda de fuerza aprieta el gatillo. El tiro hace un estruendo y le atraviesa el hombro a Karen, todas se alejan momentáneamente. Mareado, con sombras que danzan, se levanta, apunta al azar y corre tambaleándose a la luz. Lo acechan, las repele con el revólver que agita amenazante. La grande (Petra) lo apunta y con un simple movimiento lo pudiera abatir, pero Moana le prohíbe disparar.

Karen es sostenida por sus asistentes, otras llaman al 911 y una grita desde el balcón pidiendo una ambulancia. Ya se siente la voz de vecinos afuera y sirenas de policía abajo. Otro cadáver no sería nada buena idea y ya no es necesario. El de Ostos ya sellaba el destino del clan.

La policía entra violentamente y encuentra a Igor desmayado, dado por muerto al principio. Karen canta, ebria, ya contenida la herida que no era grave. Moana llora. Ostos yace en una habitación, boca abajo, ejecutado.

4.
Sólo una cincunstancia fortuita permitió desmantelar ese clan.

A raíz del incidente Igor experimentó, digamos, su propia evolución mamífera. De musaraña a primate más avanzado, probablemente habilis, entendió mejor su puesto en la cadena alimenticia del deseo y del amor. Contra las hienas no se puede luchar. Acaso defenderse o huir. Si te deshaces de una, vienen más.

Y así se sube lentamente por las llanuras de la sabana milenial. Dejando huellas en la tierra caliente, comiendo carroña o cacería, migrando… Igor ya sabe que llegar al tope como el león sólo es posible si lo aprendiste de una hiena.

 

…………………………………………..
ILUSTRACIONES: Lúdico.