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Ese sabor del absurdo. Lo sintió Hipólito al ver el gigantesco complejo con sus pasillos y halls y lobbies de cinco estrellas o frente a uno de los 73 restaurantes. ¿Había caído en desgracia para algún editor por tal asignación? Con mucha paciencia el encargado de seguridad Arcadio, desglosó el dossier: al menos diez años desde las primeras sospechas -ejemplos de indicios que no llevaron a nada,- una foto borrosa, similar a la de monstruos tipo Pie Grande con una bruma que podría ser el legendario Inquilino. Era Hipólito el segundo reportero que enviaban. Se le entregó el expediente para un rápido examen y Arcadio prometió decir más después de que entrevistara al administrador. Recibió ceremoniosamente dos ejemplares de la Gaceta Plaza y el resto fue un recuento oral.

— Este caso viene y se va como las olas.

— ¿Cómo es eso?

— Que a veces está “de moda” y todo el mundo da carreras, viene la policía y luego lo olvidamos… hasta yo.

— Pero el señor Ruggerio me ha dicho que lo han buscado sin interrupción.

Él lo ha buscado sin interrupción. Para Ruggerio es una cuestión personal. ¿Me comprende?

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