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I was born in a cross-fire hurricane
(Yo nací en un huracán de fuego cruzado)
-Jumpin′ Jack Flash

Cada quien tiene un panteón, un olimpo musical con -al menos- 10 bandas y músicos favoritos de todos los tiempos. Puede haber categorías: rock, pop, salsa, clásico… En rock yo tengo una devoción inamovible por los Beatles en el tope, pero los Rolling Stones siempre han flirteado con la posición siguiente y, ahora, que los he visto en su gira ZipCode, en Orlando FL, más que nunca.

Si la música de Jagger/Richards ha sido banda sonora de la vida, entonces un concierto de las antiguas “Majestades Satánicas” (ahora devenidos en traviesos senior citizens) es una máquina del tiempo, que casi enlaza el Sputnik con los smartphones. Allí está todo: rock and roll, rockabilly, blues, psicodelia, R&B, latino, country. Y la vida de uno al compás de 19 canciones.

Un concierto de los Stones es mucho más que música. Es un evento de la contracultura, o de lo que queda de ella o de cómo ha mutado. Hay hippies que se quedaron en la nota, groupies improvisados, baby boomers que por una noche dejan de ser abogados o contadores para abrazar la rebeldía de un peleador callejero, jóvenes que van a pagar tributo y otros, como yo, que se sumergen en un festival de endorfinas.

Vibración Incesante

Los Stones fueron un terremoto, un “crossfire hurricane”, una seguidilla de grandes canciones de su catálogo inabarcable. Demasiada energía para músicos poco más jóvenes que mi papá. A diferencia de otros géneros musicales que son puro entretenimiento, el rock es mitológico y hasta se le asocia con poderes mágicos. Por eso me gusta pensar que los Stones envejecen por fuera, pero que el rock los hace eternos.

La dinámica entre las dos guitarras (Keith Richards, Ron Wood) y de éstas con Mick Jagger es la columna vertebral de los Stones. La ancestral batería de Charlie Watts, básica pero que no se pierde un solo golpe, hace lo demás, junto a un bajista sustituto de Bill Wyman, un coro de dos, una sección de viento y un piano eléctrico.

Sin ser virtuosos, la música de los Stones es definitivamente más que la suma de sus partes. Keith Richards es el recreador del rock and roll de Chuck Berry, sustento melódico de toda una generación de rockeros británicos. Richards es uno de los más importantes compositores de la “contracultura” roquera. Mick Jagger es, a secas, acaso el mejor performer del rock de todos los tiempos.

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