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Teogonía significa “origen de los dioses” y, por tanto, del universo y del mundo. La primera gran teogonía “de autor” es del griego Hesiodo, en el siglo VII aEC. Tomo su título, algunos pasajes del Libro bíblico de Job, otros versículos dispersos del Antiguo Testamento y referencias del monumental “Paraiso perdido” de John Milton, para construir esta ficción, si cabe el término, sobre la primera rebelión en el cielo y sus sucedáneos.

Vuelve el otro hijo

Su mera presencia en aquel paraje resulta inconcebible. Sus pasos retumban en un suelo cubierto de mechas blancas, nubes nada sólidas. Los soldados de la puerta cruzan lanzas y pronto otros, flotantes a lo lejos, se acercan desenvainando.

El Guardián de turno no puede disimular su estupor, porque ni él ni los otros lo esperaban… y solo, menos. Suelta la Gaceta del Empíreo, cuya sección política (creada recientemente), leía.

— ¿Qué haces aquí? –pregunta, insuflándose de un aplomo repentino.

— Vengo a hablar con el jefe, por supuesto.

— No tengo anotado permiso alguno en mi registro.

— Ya llegará.

Un mensajero alado aterriza apresurado y entrega la pequeña tarjeta al Guardián, quien gruñe al leerla.

— Tiene cita con Él. Abran y escolten.

Un aire tenso se apodera de las frías galerías celestes. Muchos centinelas bajan, más cada vez, cubriendo la bóveda cuando se riega la voz.

El Guardián empuja las pesadas hojas del portal y se asoma, todavía incrédulo de que no hubiera demonios ocultos en las nubes.

– Vine solo -dice el visitante. Díle al Gran Teócrata que llegó el hijo pródigo: Luzbel…

– Lucifer, querrás decir. Aquí ese bello nombre desapareció… se te conoce por tu denominación inicua.

– Tengo muchos nombres. Setecientos treinta y dos mil para ser exacto.

El Guardián, héroe de la Primera Asonada, no replica. Piensa: “En cuestión de suspicacia, el recién llegado es invencible.”

Y se le abren las puertas del cielo a Luzbel, alias Lucifer, alias Satanás… se ve su camino flanqueado por miriadas de ángeles que se han congregado con estupefacción y alerta. Tiene una cita con Jehová.

Dios ¿gerente de la crisis?

De esa reunión con Dios, o cree él que con el Padre, se derivan las historias que os contaré.

Tratar cuestiones tan fundacionales como la religión requiere militancia religiosa (que no tengo) o una investigación académica abundante (que tampoco). Por eso apelo a la ficción. Jorge Luis Borges creía la metafísica como una rama de la literatura fantástica. Eso me gusta. La teología sería como la novelística de ese mundo en que la ciencia y el mito se funden: la amalgama religiosa.

El Génesis se hace humano cuando llegamos a la creación del hombre y la mujer. La Biblia entera surge de allí. No obstante, poco se habla de qué ocurrió antes. ¿Por qué ya existía un tentador, una serpiente que instigaría a comer del árbol prohibido? ¿Por qué Dios le habla como si lo conociera de hace mucho? ¿Qué pasó antes?

Hay escasas y ambigüas referencias en el Libro de Job y menciones dispersas en Isaías y Ezequiel. Aquí va mi especulación:

Muchas eras previas al ser humano, el dios que se describió a sí mismo como YHWH, o Yavhé o Jehová es el solitario gobernante de la inmensidad. Sólo existe Él, luego crea a su número dos (el Hijo) y luego a una cantidad inconmensurable de ángeles, es decir, seres muy cercanos a Dios pero carentes de su antigüedad y potencia.

El Hijo, por su lado, ha sido y es totalmente fiel al Padre, una especie de garantía de continuidad. El Hijo construyó el universo según planos del Padre y quién sabe si también intervendría en la creación de las jerarquías angelicales. El caso es que, de pronto, miriadas de ángeles pueblan el Empíreo y comienza alguna forma de política -muy difícil entre dos y menos si están casi por entero de acuerdo- pero altamente factible en una población de seres jóvenes para entonces y con muchas ganas de hacer algo.

Convenido, pues: hay países o planetas de seres alados, islas aéreas repletas de criaturas que pueden ver a los cuatro puntos cardinales simultáneamente al decir del profeta Daniel (siglo VII aEC). Dios los domina a sus anchas.

Pero un ángel favorito, miembro del Consejo, un día -digamos- se posa en una nube y proclama que él no aguanta más y pide que Dios le conteste una pregunta muy simple sobre soberanía: “¿Por qué deben devoción a Ti y no a mí?” La respuesta más obvia de Dios es: “Porque soy más poderoso” (aunque Dios no le da explicaciones a nadie).

En el Despacho del Creador, ese antiguo Luzbel, un ángel magnífico (luego de la espectacular llegada y escolta hacia el Padre), argumenta:

— Que me aplastes como a un insecto celestial [que los hay] no significa que tengas razón y aquí se trata de quién tiene la razón, no de quién es más poderoso. Yo no discuto tu poder. Sólo te digo, Oh Señor, que si en el Cielo hubiese una gota de libre elección, a gente no lo elegiría a Usted como gobernante.

Dios le ordena salir de su presencia y estalla en furia. Por una razón no mencionada en el Libro de Job, no ejecuta al traidor. Solo lo amenaza: “Retráctate de lo que dijiste o enfrenta la furia de La Furia”.

Desde entonces el ángel rebelde e insolente anda por ahí, nada más y nada menos que convenciendo a los colegas de unirse a su nuevo movimiento. La noticia viaja más rápido que la luz y desestabiliza la rutina angelical. Miles de individuos lo siguen. Los espías de Dios vuelan despavoridos a reportar que la concentración alcanzó cantidades récord de ángeles entregados a la disidencia.

Dios está impresionado e indignado. La cantidad de ángeles escapados es tan grande que un caos nuevo, una entropía inesperada, se apodera del Empíreo. “Y ese Infierno ¿cuán grande es?” dicen que preguntó una vez.

Acaso porque sus caminos son inescrutables, acepta apostar por una salida política vía plebiscito. Y también por presión de los mismísimos ángeles fieles que quedaron con el Creador, una especie de: “Hey, ya va, es un traidor pero tiene razón en algo: hay que decidir a quién adoramos y nosotros constituimos una abrumadora mayoría a favor del Padre. Dejen vivir al ángel caído porque no es una lucha entre Luzbel y Dios, sino entre las facciones de la población angelical.”

Satanás inicia su agresiva campaña de propaganda para desprestigiar al Cielo y ganar adeptos. Los ángeles que abandonan su majestad en las alturas para descender en el Hades se multiplican y pronto causan alarma en los predios del que Es. Según estimaciones, en cuestión de pocas eras podrían virar el balance de poder, con quizá la mitad de los ángeles habitando los avernos. Dios tiene que hacer algo.

La política según la Biblia es invento de los dioses, no de los demonios.

Los ángeles necesitan ser libres y manifestar su propia personalidad hacia los cuatro puntos cardinales a la vez. La Biblia hebrea y la reescrita por los cristianos son claras en que Dios no les ofrece eso, sino obligatoriedad indiscutible de cumplir todos Sus Designios Divinos, sin debate, sin argumentación, a la par de rituales repetitivos toda la semana, sin descanso, todo única y exclusivamente para la gloria de Jehová. Es el pago por existir.

Lucifer ofrece libertad, pero con una condición: no adorar al Padre y ser su enemigo. Condenarse. Cuando Dios ve la enorme acogida que tiene el mensaje satánico en sus miríadas de hijos, comprende que los ángeles poseen demasiado poder y lucidez para no querer ser dioses. No tienen voluntad de poder, son voluntad de poder. Irremisiblemente lo abandonarán, así que sorprende a ambos bandos al plantear un reto insospechado que pone en segundo plano la hemorragia angelical en el Cielo.

Informa un vocero:

— Dios ha decidido crear un tipo de criatura que sea inequívocamente no-divina y la llamará “humano”. En vez de ver a los cuatro puntos simultáneamente, de casualidad verá un poco más allá de sus narices y caerá dos y tres veces en el mismo hueco. Al lado de un ángel, podríamos decir que está ciego, sordo y mudo. Y en inteligencia, diríamos que un ángel es el río Orinoco y el ser humano es un pequeño charco en una de sus veredas.

Jehová y el Hijo, el Verbo, comienzan a trabajar y manipulan la energía desde el Big Bang hasta el surgimiento de la vida conocida hace unos tres mil millones de años. Todo eso para llegar a un rocoso planeta en un sistema solar de menor cuantía, donde se genera del polvo y la costilla una pareja que habría de poblar el mundo. Dios le dice a los ángeles, fieles y disidentes:

— Bien, este ser está hecho de inocencia, de modo que será –sin saberlo- el que dilucidará el problema político clave que nos ocupa: Lucifer o Yo. Como Creador tengo derecho a presentarme ante ellos como tal, desde arriba, con eco. No obstante, habré de darle oportunidad al Maligno de hacer su propaganda.

Adán y Eva son los primeros humanos. Dios los instala en un Paraíso con sus instrucciones y advertencias. En vez de darles verdadera libertad, sólo les permite hacer cosas inocuas y no sexuales, y les prohíbe expresamente conocer lo que Él no quiera que conozcan, sobre todo, la naturaleza de la controversia Dios-diablo.

La mitología griega nos ofrece a Prometeo y el castigo por pretender saber, como un ejemplo de la larga tradición que tiene el status quo de atacar a los que quieren aprender sus secretos (y no deben, según ellos).

Por otro lado, Dios ensaya un arma secreta: instrucciones en el código genético para que la teología sea siempre confusa e imposible de entender y comunicar, de modo que jamás se conociera la apuesta en cuestión.

Y dice a sus hijos angelicales:

— Hijos Angelicales, el Humano no sabe nada de nuestros asuntos. Dejemos que él decida, por su propio corazón (que es débil, pero vosotros no imagináis cuán cercano al nuestro) y así dilucidaremos el asunto desde la inocencia misma.

Convencido del triunfo, hace todo tipo de despliegue para anunciar su creación. Los ángeles miran con curiosidad el Jardín del Edén y al ver a Adán se convencen sin más que éste no tendría posibilidad alguna de figurarse la cuestión política del universo por sí mismo. Dios le otorga cierta potestad para administrar la tierra pero siempre en adoración-a-Él. La fidelidad es más importante que la ejecutoria porque, al final, Dios arreglaba los detalles, enderezaba los entuertos, es el supra-administrador.

Satán sabía dos cosas: a) Que jamás vencería al Viejo a menos que contara con la fuerza conjunta de millardos de ángeles y b) Que el honor del viejo y la opinión pública jamás permitirían que fuese ejecutado sin antes dilucidar la cuestión de soberanía, por lo cual tenía un tiempo precioso para actuar.

Más intringulis

En el antiguo vestíbulo del Creador, cuando el mismo Elohím (el Hijo) era un adolescente, Jehová especulaba sobre su audaz apuesta.

Cierto que el humano resultaba débil y no poseía esa independencia de la materia de los seres celestes. Cierto también que su intelecto estaba demasiado condicionado por las circunstancias. Pero Jehová imaginaba una novedad: el antropocentrismo, una conciencia diluida en el género.

Los ángeles habían adquirido una potencia sensorial tan grande que, a su lado, los humanos parecerían ciegos, sordos, insensibles: dormidos. Además, aquellos habían cumplido el objetivo de construir el cosmos físico.

Un ángel posee un solo hipersentido o macrosentido. Para él no hay fenómenos, sino un mismo y único acto de aprehensión. En esta dinámica, los ángeles están agobiados de vigilia.

El humano, en cambio, nacería y viviría dormido. Dos y tres veces caería en el mismo hueco. Para un ángel de entonces el ser humano era poco más que una cucaracha para nosotros. Y, sin embargo, estos seres “materiales” resultaron ser mil veces más interesantes de lo esperado.

Porque llegado un tiempo, a un ángel se le hace vital buscar con qué distraerse y el mundo humano se nos antoja un paraíso de azar, abonado por la incertidumbre, ideal para dilucidar cuestiones de soberanía.

Si rebajásemos nuestro dilema a una magnitud política mundana, podríamos decir que Satanás intentó un golpe de Estado que, en el fondo y hasta ahora ha triunfado, y logró inesperada adhesión por parte de muchos liberales, anarquistas e incluso agnósticos. ¡Porque hay, aunque no lo crea, ángeles ateos, aunque por otras causas!

Dios, pues, propone una suerte de plebiscito que justifique la aniquilación del enemigo.

Al padre le cuesta quitar la vida del que, al fin y al cabo, es su hijo,  así deba hacerlo, y le da la oportunidad del perdón. La historia de Abraham, tratada con grandeza en Temor y Temblor de Sören Kierkegaard, se inspira aquí.

Hay todo tipo de referencias a la culpa y al perdón en la Biblia y toda la tradición que ha generado. Los ángeles tenían conocimiento pleno, de modo que su pecado era imperdonable. El ser humano, entonces, era por naturaleza perdonable.

Ustedes conocen las salas de operaciones en ciertas facultades de medicina. Sobre la mesa del cirujano está enclavado un cristal, tras el cual los estudiantes toman infinidad de notas. Así, en un silencio sólo interrumpido por curiosidades angelicales, Dios esperaba desarrollar el extraordinario experimento de la vida “material”, como se le habría llamado peyorativamente en el cielo.

Ante este auditorio a ratos desinteresado, el ingeniero armaría la vida con materia semi-domada.

Capítulo de recapitulación

Entonces ocurrió lo más inesperado. A pesar de todas las amenazas, a pesar de la presencia indiscutible de Dios en la creación y su tutelaje, a despecho de todas las precauciones tomadas, la mujer y el hombre pecan. Sus corazones no deciden abiertamente por el tentador, pero su actitud los coloca sin lugar a dudas del lado exterior del Paraíso. Si bien la Biblia dice que Adán vivió hasta los novecientos treinta años, comparado con el resto de la historia, el intervalo entre la inocencia y el pecado es sumamente corto.

Dios está ahora realmente confundido y su furia lo lleva a ser el incomprensible Yahvé del Antiguo Testamento. Con la excusa (valedera) que engañar a la primera parej,a para Lucifer era como forzar una conducta por medios artificiales. Bajo engaño no se podía determinar inequívocamente a dónde giraría la veleta de la devoción si un viento normal y verdadero soplara. Por eso debió Dios figurarse un esquema harto complejo, que en el Génesis se esboza como el aplastamiento de una serpiente con el pie del hijo final de una descendencia.

Es un camino muy largo y tortuoso para (re)conquistar el alma del ser humano y, sobre todo, la de los ahora rebelados o confundidos ángeles. ¿Por quién se decide el corazón humano? ¿Cuál es el destino de Satanás y sus demonios?

Al final

La maldad es un nombre del “sí mismo”

a. La maldad surge del amor.

b. Cuando Dios existía solo, no había maldad. Cuando se dividió en El y Cristo, tampoco, porque Cristo es demasiado Dios todavía.

c. Al crear a los ángeles surgió al fin, y el amor que lo envolvía todo se disgregó hacia el novedoso invento del demiurgo: el yo. La conciencia del yo en seres todavía tan casi-Dios, no tuvo otra salida que el aislamiento que trae el egoísmo: querer ser Dios en uno mismo y no hacia afuera.

Asistido por los diablos, el hombre se ha hecho quien es. Y en su capacidad para elegir un trecho vital que afirme a uno u otro postulante del obligado plebiscito, ocupa una especie de “centro ético” del universo, sea del universo físico o bien de todo aquello que pueda abarcar el antropocentrismo de nuestra especie.

Me imagino esos niños malcriados en cuyas manos está el sustento de, digamos, criadas y mayordomos. ¡Cuánta paciencia deben desplegar los subalternos ante semejantes monstruos! ¡Cuánta impotencia ante la inocencia salvaje!

Y cuán humillado se sentían los ángeles, atrapados en los confusos juegos humanos (aunque ellos reconocían que su especie había descendido por culpa de la política: ahora a los ángeles les importaba el poder y lo querían para sí).

Esto le dio sabor a la historia, porque acabó con Edén: la retorta donde y cuando Dios comenzó el experimento humano. Vino entonces el reinado de Caín, que aun vivimos. Porque Caín es el nombre mundano del diablo.

¿Qué pasará con el diablo? No se sabe. Depende de las voluntades en contienda. Hasta donde yo conozco, el orgullo de Satanás es más fuerte que las diversas salidas honrosas que le ha ofrecido el despacho divino. Dios no puede matar al diablo, no tiene suficiente poder para hacerlo sin una guerra. Y, dicen, la guerra no prefigura un claro ganador.

De una muerte segura -puesto que se enfrentaba al más grande poder del universo- Satanás ha pasado a un escenario de negociación, donde se plantean cuestiones muy fundamentales, como la duración de la vida humana y el mismísimo sentido de la muerte.

En vez de mostrar una fogocidad primitiva -como al principio- se había transformado en un ejecutivo frío pero mucho más peligroso. En esencia, es el padre de todos los políticos. Muchos grandes talentos del firmamento le siguieron, para bien o para mal.

Aquí en la tierra nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén: el castigo máximo por querer ser uno mismo y los llevaron a la tierra de Caín, el constructor de la primera ciudad.

Caín es el padre del hombre moderno. La idea es irresistible. Un homicida, ello es, la historia como una pena errante o como el eventual ejercicio de una costumbre.

Lo anterior, recuérdenlo, es pura ficción.

 

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ILUSTRACIÓN: Composición deLúdico.

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