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 Un ejemplo de mitologías basadas en la ciencia.

Dignos acólitos de la serie “Expedientes Secretos X”, hay organizaciones y personas que afirman no sólo que el cosmos extraterrestre pulula de vida, sino que somos visitados profusamente, todos los días, por las más variadas formas de vida superiores.

El “incidente de Roswell”, en Nuevo México, EE.UU., en 1947, es acaso el más famoso de una serie de anuncios de avistamientos, encuentros cercanos o accidentes reportados. En la imagen se observa la primera página del diario local que reporta la supuesta caída de una nave espacial en el desierto.

Las explicaciones siempre excluyen la comprobación científica y denuncian una conspiración de los grandes países para ocultar estas verdades al público. Los científicos, sin embargo, no necesitan de una conspiración para descalificar, si no todas, al menos la mayoría de estas afirmaciones.

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de "avistamientos".

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de “avistamientos”.

Para empezar, tabloides como National Enquirer (en EUA) hablan siempre de extraterrestres hechos de protoplasma, de algún tipo de éter energético o habitantes de una dimensión que no puede percibir ningún instrumento científico, a no ser las cámaras desenfocadas (a juzgar por la variedad de manchas que se proclaman “avistamientos”).

En este sentido, la afirmación de la existencia de estos seres toma un matiz mágico-religioso, similar al de quien afirma que existen ángeles y otros espíritus. Por otro lado, parece ilógico que las grandes organizaciones noticiosas mundiales, hambrientas de “tubazos” periodísticos, con un amplio rango de libertad de acción, no hayan desentrañado esta conspiración de silencio y dado lo que sería la noticia del milenio o, mejor aún, de todos los tiempos.

La ciencia abre puertas

Un cosmólogo, de nombre Frank Drake, formuló hace más de 30 años una ecuación para calcular el número probable de mundos similares al nuestro, tan solo en la Vía Láctea, que podrían al menos comunicarse con nosotros enviando señales electromagnéticas a velocidad-luz. De los cien millardos de estrellas que contiene la galaxia se toman las circundadas por planetas (según la definición actualizada que excluyó a Plutón).

De esa fracción extraemos los planetas que tienen condiciones de habitabilidad para la vida tal como la conocemos: presencia de agua y compuestos de carbono y otros materiales comunes en la Tierra.

Frank Drake con su famosa ecuación. Foto: DPWW.

De esos afortunados habría que separar los planetas que hayan pasado del hueso al cohete. Es decir, testigos de algún tipo de sociedad inteligente y, al final, el residuo de las que pudieron desarrollar telecomunicaciones (o similares) para recibir y enviar señales desde y hasta nuestro mundo.

Obviamente, la ecuación funciona si disponemos de datos sobre las galaxias y, en este sentido, el inventario es escaso y disperso. Por ejemplo, sabemos de muy pocas estrellas con sistemas planetarios (1.900 planetas extrasolares contabilizados hasta marzo de 2015). Y mucho menos de la cantidad que podría albergar vida (apenas hay 47 candidatos, con solo 20 casos cuya existencia está confirmada).

El astrofísico Carl Sagan (1934-1996), por quien conocí esta fórmula, saca sus propias cuentas y propone que en la Vía Láctea puede haber dos millones de planetas capaces de sostener civilizaciones con algún tipo de avance tecnológico.

Apenas en 2011 se descubrió el planeta “más parecido a la Tierra”. Es decir, dueño de un espectro electromagnético muy similar al que tendría nuestro planeta visto desde allá. Llamado Kepler 438b, orbita una lejana estrella en la constelación de Lyra, apenas un poco más pesada que nuestro planeta, a 470 años-luz de distancia. Los científicos afirman que este cuerpo presenta buenas condiciones para sustentar vida. Que la haya es otra cosa.

Falta mucha información para llenar las casillas que hagan la ecuación de Drake más confiable.

Más adentro que afuera

Entrevistado al respecto, Carl Sagan aportó respuestas muy inteligentes. Confeso entusiasta de las posibilidades de vida en otros lares galácticos, indicó que no había evidencias serias de estas visitas. En una época de grandes contracciones en el gasto militar, nada le caería mejor a la industria militar norteamericana (y mundial) que una eventual invasión extraterrestre, que la reactivaría como en los mejores tiempos. De modo que serían los últimos en ocultar un dato tan conveniente. Buen punto.

Interrogado sobre la similitud de las historias contadas por los hombres y mujeres que se dicen secuestrados, Sagan fue tajante: “Alucinaciones, alucinaciones colectivas”. 10% de la población sufre de estos delirios, cuyo parecido reside en el inconsciente colectivo: vemos las mismas películas, compramos el mismo merchandising ¿es extraño que todas las naves se parezcan a las de Flash Gordon o a los corredores de la Estrella de la Muerte?

Sagan llamó la atención de miles de inescrupulosos analistas, sicólogos y siquiatras que “implantan” pensamientos y conductas en sus pacientes, haciéndolos creer con lugar a pocas dudas de alienígenas e incluso regresiones a múltiples vidas en el pasado.

La sicóloga Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, luego de un extensivo estudio de libros, películas y entrevistas con al menos cincuenta supuestos secuestrados por “aliens”, en su libro Cómo la gente llega a creer que fue secuestrado por extraterrestres, califica tales afirmaciones como falsos recuerdos por “una mezcla de propensión a la fantasía, distorsión de la memoria, libretos culturalmente disponibles, alucinaciones oníricas e ignorancia científica”.

Por ejemplo, alguien dice haber sido secuestrado por extraterrestres pero no recuerda detalle específico alguno. Sólo sabe que de repente despertó en una mesa de operaciones y arriba unas luces y todo borroso y unas criaturas… Por hipnosis, no obstante, el sujeto recuerda con sorprendente detalle incluso nombres propios, localizaciones astronómicas y demás precisiones que pueden trazarse en la enorme industria cultural sobre la vida extraterrestre. Sólo Discovery y History Channel pueden nutrirnos por días y días seguidos de especulaciones sobre alienígenas construyendo desde pirámides hasta la Muralla China. Con los años, la reconstrucción hecha con piezas ficticias puede ser bastante articulada.

Si la ciencia, digamos, pública no ha avalado la “evidencia”, me declaro escéptico. Los cultores de las leyendas urbanas atribuyen todo tipo de ocultamiento gubernamental y militar. Para mí es una cuestión de falta de evidencias. Más aún, el sustantivo “noticia” se usa con mucha generosidad, porque el único hecho suele ser que alguien dijo algo. Eso o “evidencias” en Youtube que no despejan la duda.

El universo conocido es tan extenso y variado que parece absurdo que no haya otras experiencias vitales, acaso tan diferentes de lo que esperaríamos como es posible. Quizá civilizaciones tan avanzadas que trasciendan lo físico o modestas bacterias o virus. ¿Quién sabe?

Por los momentos, seguimos en espera de la gran noticia.

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